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Mellizas prematuras, el relato de una madre

16 de noviembre de 2020 a las 12:00 a. m.
Mellizas prematuras, el relato de una madre
'' Erica pudo hacer upa a sus hijas a los 10 días de nacidas. Julia y Sofía cumplieron ayer seis meses de vida. (ERICA PERIES)

En este tiempo especial, en que a nivel mundial se ponen de relieve las vicisitudes que se dan en torno a un bebé que llega anticipada e inesperadamente, LA OPINION recoge la experiencia de Erica y su familia, sus sentimientos y agradecimientos por la vida de Julia y Sofía, nacidas con 27 semanas de gestación.


Erica Períes es mujer, médica, esposa de Sebastián y madre de tres niñas: Agustina de 3 años, Julia y Sofía de seis meses, mellizas prematuras, nacidas en la semana 27 de gestación.

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Después de transcurrir 77 días en la Neonatología del Hospital San José (allí estuvieron sus niñas hasta el 30 de julio) Erica abrió su corazón y contó su valiosa experiencia como mamá de prematuros.

Parte de esta historia es que las bebas de Erica y Sebastián fueron muy buscadas, ya que se sometió a tratamiento de ovodonación. Erica comenzó recordando que el embarazo fue muy lindo: “Me sentí muy bien siempre, incluso me permití trabajar ya que había empezado la pandemia”. Es dable destacar en este punto que Erica es la jefa de Epidemiología del Municipio de Pergamino.

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Sin previo aviso y cuando el embarazo transcurría con total normalidad, en la semana 27 de gestación nacieron las mellizas. Se desconoce la causa “ya que no hubo nada que nos hiciera pensar que se podía adelantar, sí sabíamos que al ser mellizas, como en cualquier otro embarazo, podían nacer algunas semanas antes, eso lo hablamos con el obstetra y ya habíamos decidido que haríamos cesárea pero jamás pensamos que iban a nacer en la semana 27”, señaló Erica.

Una noche de mayo

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En una línea de tiempo imaginaria, la entrevistada contó sobre los días previos: “Agustina (su primera hija) cumple los años el 12 de mayo; ese día celebramos nosotros solos porque regía el aislamiento. El miércoles 13 fuimos a Rosario a un control, el obstetra me encontró bien, las ecografías estaban bien, las nenas estaban bien pero ese día a la noche me descompuse. Lo primero que hice fue llamar a mi obstetra de Rosario, la idea era irme para allá pero no nos dio tiempo así que fuimos al Hospital San José. Enseguida nacieron las mellis por parto natural. Fue algo totalmente inesperado, no me sentía bien pero en ningún momento tuve contracciones. En el Hospital me revisaron y me dijeron que iban a nacer. Y si bien el personal de salud me contuvo mucho, todo ese proceso lo transcurrí en soledad porque mi marido Sebastián estaba en la Guardia, no ingresó y tampoco sabía qué estaba pasando. Se enteró cuando las mellis habían nacido y las estaban llevando a la Neo”.

Miedo que paraliza

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Une vez que atravesó el parto, vio las caras de sus niñas y las besó, a Erica la llevaron a la habitación para su recuperación. En ese momento sintió miedo, ese mismo sentimiento que es denominador común entre las madres de prematuros: “Lo primero que sentí cuando me di cuenta que las nenas eran prematuras fue tanto miedo al punto de paralizarme. Trataba de rezar y no me salía, solo pedía a Dios que no me suelte la mano y hacía lo que los profesionales me decían, me entregué por completo a ese equipo como lo hice después con la gente de Neo, puse toda mi confianza en ellos”.

Julia y Sofía

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Julia nació cefálica y pesó1.020 kilos y Sofía nació podálica y pesó 1.050. Las primeras semanas fueron muy críticas para las niñas ya que ambas tuvieron dificultades cardíacas, respiratorias, del sistema digestivo, metabólico, estaban anémicas y necesitaban transfusiones.

“Las primeras semanas Julia y Sofía estuvieron muy complicadas y yo me aferraba a la palabra ‘estable’: cuando los médicos me contaban todo lo que hacían en el día y la evolución o no de las nenas solo esperaba que me dijeran ‘Están estables, Erica y eso para mí ya era mucho”, rememora.

Además de madre, Erica es médica y esa condición la hacía comprender todo lo que podía pasar. “Como médica escuchar el parte era terrible porque sabía todo lo que estaba pasando, sabía lo que podía pasar pero trataba de pensar como mamá porque yo tenía la función de explicarle a mi marido lo que él no entendía por no ser médico, a veces no saber ayuda”, enfatizó.

Nuevas expectativas

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El ser madre de prematuros termina abruptamente con las expectativas que toda mujer genera en torno al embarazo. “Todo lo que uno se prepara para el nacimiento de sus bebés, eligiendo la ropa que van a usar por primera vez, la manta, preparándose para sentir el calor del bebe en el pecho, todo eso no lo tuve sino que las vi pequeñas y frágiles en una incubadora. Tuve mucho miedo y en ese momento Yolanda (Martínez), jefa de la Neonatología me abrazó, me agarró de los hombros y me dijo que las toque y así fue, solo les toqué la cara porque no quería hacerles mal ya que estaban conectadas a muchas cosas”, expresó Erica.

El momento de empoderarse

Después de ese primer contacto Erica lloró mucho junto a su marido, recuerda: “El me pidió que sea fuerte, me dijo que íbamos a salir y que las nenas iban a estar bien”. Sus palabras fueron suficientes y allí se produjo el empoderamiento como madre y mujer: “En ese momento me mentalicé que era mamá de dos bebés prematuros, sabía que parte de mi primera maternidad iba a transcurrir ahí, me dijeron que iba a estar mucho tiempo allí, suponía que todo lo que había faltado por gestar en la panza las nenas lo iban a completar en ese lugar”, señaló y así fue. Sofía y Julia nacieron un 14 de mayo y fueron dadas de alta el 30 de julio, estuvieron 77 días en Neo.

Confiada por la evolución de sus hijas sostiene: “Los bebés prematuros son guerreros, se reponen a todo, entonces yo no podía flaquear, debía ser fuerte y animarme porque además en todo momento conté con el acompañamiento de mi marido”.

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El día a día

Luego de haber obtenido Erica su alta médica, junto a su marido visitaban la Neo con mucha frecuencia por día: “Me dejaban ingresar cada tres horas, el papá ingresaba dos veces al día porque eran mellizas”, sostuvo la mamá de Julia y Sofia y recordó uno de los momentos más emotivos: cuando por fin pudo tenerlas en brazos: “ A las nenas las pude hacer upa a los 10 días, fue un domingo, Yolanda estaba de guardia y me dijo que tenía una sorpresa para mí. Así fue que las pude tener a upa, ambas estaban entubadas, pude sentir su calor, ellas sintieron mi respiración, eso fue muy emocionante, sentí alegría y ya no miedo”.

“Cosas lindas”

Conforme avanzó el tiempo las mellis se fueron descomplejizando y comenzaron a suceder cosas lindas como la emoción del primer baño, vestirlas. “Esperaba mucho que llegara la semana 34 para empezar con la succión no nutritiva, me preparé para poder darle el pecho así que esperé ansiosa ese momento, las nenas se prendieron enseguida, luego fue el turno de amamantar”, señaló Erica que en cada momento destaca la buena predisposición de las enfermeras.

Directo a casa

Finalmente el día de alta llegó, fue un jueves. “Ese día en la Neo nos sorprendieron porque le entregaron un gorrito de egresadas, un diploma, un globo y dejaron ingresar a Agus para que ella viera dónde habían estado las hermanas. Fue un momento muy especial. No habíamos dicho nada a nadie, solo les pedimos a los abuelos que fueran a casa así que llegamos y ellos pudieron conocer a sus nietas, a los 77 días de vida, fue muy emocionante. Ahí empezó la vida familiar que yo siempre soñé”, expresó Erica.

Las mellis cumplieron ayer seis meses de vida real y casi tres de edad corregida.

En la vida cotidiana cuenta con la ayuda de su mamá Silvia y de su suegra Mirta, su padre, su suegro y de toda la familia.

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Una experiencia única

Sobre su experiencia sostiene que “ser madre de prematuras fue como comenzar de nuevo, no tiene comparación con la maternidad tal como la viví con Agustina. Los prematuros requieren otros cuidados, otra atención y los tiempos son diferentes”.

Fueron muchos los aprendizajes luego de haber atravesado una experiencia semejante: “Jamás pensé que iba a tener la fortaleza de atravesar un momento como el que pasé”, señala y afirma que aprendió a enfrentar las cosas como sea, aprendió a hacerse fuerte: “En ese momento mis miedos no eran importantes sino que debía estar fuerte para acompañar a las nenas, alentarlas, darles el cariño que necesitaban, les decía que nos teníamos que ir juntas del Hospital”, recuerda emocionada.

La importancia de estar presentes

Habiendo superado la etapa de mayor dificultad, Erica ofrece un mensaje a quienes les toque vivir una experiencia similar poniendo el énfasis en la importancia de estar presentes: “Que se unan como familia, que estén presentes, que acompañen al equipo de profesionales porque para ellos es muy importante nuestra confianza. Los bebés necesitan de sus padres porque los ayuda en su evolución, en el neurodesarrollo, en su estimulación”.

Mucha gratitud

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Por último y reconociendo una vez más la labor de los médicos y enfermeras del Hospital San José, Erica, visiblemente emocionada, afirma: “Mi cariño con la gente de la Neo será eterno, fueron quienes salvaron la vida de mis hijas, quienes les propinaron las primeras caricias, todos estuvieron pendientes de las mellis sobre todo cuando estaban complicadas. No habrá acción que yo pueda hacer para agradecer lo que hicieron. Me encantaría algún día poder abrazarlas fuerte y decirles muchas cosas”.

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