Medicamentos biosimilares para combatir más y mejor el cáncer

Lucas Filgueira Risso es director de Operaciones de mAbxience, empresa que esta semana inauguró su planta en Escobar. Dialogó con LA OPINION sobre estos productos que se emplean en oncología y ciertas enfermedades autoinmunes. Es sobrino nieto de María Crescencia, por lo que guarda un vínculo entrañable con nuestra ciudad.
Lucas Filgueira Risso es bioquímico, egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Aunque nació en la Patagonia es hijo de una pergaminense (María Isabel Pérez) y sobrino nieto de María Crescencia Pérez, por lo que siempre estuvo vinculado afectivamente a esta ciudad, donde disfrutaba de largas vacaciones en su infancia con la parte pergaminense de su familia. Sin embargo, lo que motivó a LA OPINION a contactarlo, no tiene que ver con sus lazos emocionales con este pago chico, sino con su tarea científica que trasciende cualquier geografía y lo posiciona como parte del equipo de científicos que produce en el país medicamentos biosimilares, productos biológicos que valiéndose de la biotecnología se desarrollan para tratar enfermedades graves como algunos tipos de cáncer y patologías autoinmunes.
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En los últimos días su nombre y la tarea que realiza estuvieron en la primera plana de los diarios a raíz de que la empresa mAbxience de la que forma parte inauguró en Escobar una planta de producción de biosimilares, única en la región y con capacidad para abastecer no solo al mercado nacional sino a varios países del mundo.
En una entrevista concedida a LA OPINION luego de la inauguración de la planta de producción -acto que contó con la presencia del presidente de la Nación, Alberto Fernández-Lucas Filgueira Risso, director de Operaciones de mAbxience, se refirió al desafío que representa producir integralmente en el país medicamentos biológicos y describió el horizonte que tiene esta actividad en el campo de la industria farmacéutica y los beneficios que los medicamentos biosimilares tienen en el tratamiento de patologías complejas y de alto costo para el sistema sanitario.
-¿De qué se habla cuando se hace referencia a la producción de medicamentos biosimilares?
- Los biosimilares son productos biológicos, medicamentos que en lugar de sintetizarse químicamente como las moléculas que más conocemos, se sintetizan utilizando células vivas, organismos vivos que pueden ser células de bacterias, de mamíferos o de levadura. Así como se hace el yogurt o la cerveza utilizando organismos vivos, también pueden producirse medicamentos.
-¿Cuál es la ventaja que tienen en relación a los medicamentos de síntesis química?
-Nosotros desarrollamos anticuerpos monoclonales a partir de células de mamíferos. Son diseñados para atacar diversos tipo de patologías y su utilización es muy variada. Uno diseña por ingeniería genética un anticuerpo que tiene la capacidad de atacar específicamente un tipo de patología, con menos efectos adversos. Uno de los medicamentos que producimos está dirigido al tratamiento del linfoma no Hodgkin -la molécula se llama rituximab-. Combinado con la terapia tradicional que es la quimioterapia o radioterapia, ese anticuerpo apunta directamente al tumor mientras que la quimioterapia o radioterapia son más generales y atacan todas las células del cuerpo que se reproducen mucho. La ventaja es que permite tratamientos más dirigidos.
-¿El uso de estos biosimilares no reemplaza al tratamiento tradicional en el abordaje de la patología oncológica?
-No. No reemplaza al tratamiento tradicional, lo que hacen es una sinergia a partir de ser un tratamiento adicional más específico. Estos tratamientos existen hace mucho tiempo. La primera molécula que logramos hacía tiempo que existía en el mercado, desde la compañía lo que hicimos fue ofrecer una alternativa de producción nacional para este tipo de tratamientos que ya existían y para los cuales no había otro oferente hasta que ingresamos nosotros al mercado.
-El hecho de haber logrado desarrollos de producción nacional, ¿impactó en el costo de comercialización de estos medicamentos?
-Exactamente. El fin último de los biosimilares es que aumente la accesibilidad porque al haber una competencia, el laboratorio que ofrecía el producto y que estaba solo en el mercado comenzó a tener una competencia que lo obligó a reformular sus costos. Y a su vez nosotros también los bajamos porque queríamos ganar parte del mercado. Se generó un círculo en el que el precio de estos medicamentos ha bajado hasta un 40 por ciento. Todos estos tratamientos en Argentina son cubiertos por el sistema de salud. Entonces a partir de tener la alternativa de producción nacional, el Estado logró erogar menos porción de su presupuesto para la compra de la misma cantidad de tratamientos y desde otro punto de vista, tratar a más pacientes con ese mismo presupuesto. Con la incorporación de dos de nuestros productos-Rituximab y Bevacizumab-se han ahorrado para el país 400 millones de dólares desde 2014 hasta hoy. El impacto en términos económicos y de accesibilidad ha sido muy grande para el sistema de salud. Vimos que aumentó el número de pacientes tratados. Con los tres productos que tenemos en el mercado, se tratan 35 mil pacientes.
-¿Estos productos forman parte de los protocolos de tratamiento que se aplican en el país para ciertos tipos de cáncer?
-Si. Estos tratamientos existen hace más de 20 años. Nosotros lo que hacemos es ofrecer una alternativa de producción nacional y al mismo tiempo exportamos a la región, al sudeste asiático y a Africa como alternativa al único oferente que hay en esos países.
-¿Para qué otro tipo de patologías además de las oncológicas producen biosimilares?
-Dos medicamentos que producimos y que comercializa el laboratorio Elea son para oncología y otros productos que estamos desarrollando se utilizan para enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y la osteoporosis. Como es un campo de la medicina dirigida, se está investigando para todo tipo de patologías. En nuestro caso tenemos varios proyectos en marcha para producir productos biosimilares, principalmente orientados a patologías oncológicas, hematológicas, enfermedades autoinmunes y algunas patologías pediátricas. Son desarrollos que están en distintas fases, sometidas a rigurosos procesos para su concreción.
-¿El hecho de tratarse de productos de uso farmacéutico que se comercializan además en distintas partes del mundo requiere de rigurosos controles por parte de la autoridad regulatoria?
-En cada país la autoridad regulatoria tiene sus requerimientos. Nosotros registramos los medicamentos en Argentina a través de la Anmat. Y a partir de ahí fuimos presentando el producto en diferentes países. Tenemos aprobados nuestros productos en 28 países. Presentamos registros en casi todos los países y a medida que la autoridad sanitaria va evaluando, van aprobando la droga en los distintos lugares. El control es muy riguroso por tratarse de industria farmacéutica, pero trabajamos siguiendo la normativa internacional con estándares de calidad asegurados.
Un poco de historia
Lucas Filgueira Risso recordó que mAbxience inauguró la primera planta de producción de monoclonales de Sudamérica en el año 2012 en la localidad de Munro y mencionó que a raíz del aumento de la demanda se inició el plan de expansión que derivó en la apertura de la planta en Escobar, que fue esta semana, inaugurada con la presencia del presidente de la Nación. El proyecto requirió de una inversión de 40 millones de dólares. Con su puesta en funcionamiento, la compañía logró duplicar su capacidad de producción con la posibilidad de cubrir la demanda del mercado nacional e internacional durante los próximos 10 años. Desde Argentina mAbxience exporta biosimilares a América Central, América del Sur, Africa, Asia y Oriente Medio.
-¿Son inversiones que se sostienen solo con capitales privados o el sistema científico argentino participa de alguna manera en el sostenimiento de esta actividad?
-Cuando construimos la primera planta recibimos un subsidio importante a través de los fondos sectoriales de tecnología que nos ayudaron mucho, no solo con la inversión para infraestructura sino con la evaluación. Hubo un comité internacional que evaluó el proyecto y eso nos ayudó a que alcanzara un nivel de jerarquía que superó el desafío inicial. Esta última inversión para la construcción de la planta en Escobar fue de capitales privados exclusivamente.
Un lazo entrañable
En un alto de su tarea que demanda muchas horas diarias de trabajo, este científico aprovechó la oportunidad del diálogo con LA OPINION para mencionar el vínculo estrecho que lo une a la ciudad por razones afectivas y familiares. “Mi mamá es de Pergamino, pasé el 90 por ciento de los veranos de mi infancia allá, cuando íbamos a visitar parientes y amigos. Siempre estoy cerca de ellos y conservo recuerdos de lindas aventuras vividas allá. Por otra parte soy sobrino nieto de María Crescencia y siendo Pergamino la ciudad de Crescencia, eso me vincula muy fuertemente con ese lugar”, expresó agradecido por el afecto que siempre recibe a pesar de la distancia.















