Manzaneras y comadres: la fuerza de ayudar al prójimo
DE LA REDACCION. El trabajo voluntario de las mujeres se expresa en diversos ámbitos de la esfera social. Por estas horas, en el marco del Día Internacional de la Mujer son diversos los aspectos del universo femenino que han sido destacados y referidos en homenajes y reconocimientos. La solidaridad es uno de ellos y en ese sentido, cuando se piensa en el trabajo voluntario, la tarea que desarrollan manzaneras y comadres que se desempeñan bajo la órbita del Plan Más Vida aparece como emblema.
Para conocer en detalle las acciones que realizan en los barrios de la ciudad y localidades del Partido, LA OPINION reunió a un grupo de ellas. Carmen Morales, María Alvarez, Graciela Torres y Florencia Duarte brindaron un testimonio que da cuenta de la labor que desarrollan.
Las mas leidas de Importados
Impuestazo y devaluación: chau tecnología, seguridad y confort
Detuvieron a un joven tras el robo a un supermercado chino del barrio Centenario
María Martha Serra Lima vendrá el sábado “Con el alma”
El Taller de Música Pergamino en Florentino
Carlos Castagneto visitó nuestra ciudad y otorgó importantes beneficios económicos
Carmen Morales es jubilada y ama de casa. “Empecé en esta tarea hace muchos años, soy manzanera del Plan Más Vida y además realizo tareas comunitarias en Cáritas San Vicente, estoy en ropero y proveeduría”, cuenta en el inicio de la entrevista.
“Me dedico a entregar ropa a la gente que precisa, clasifico la ropa que llega y en el Plan Vida despliego una tarea social, tratando de resolver las necesidades de mis vecinos que están bajo el programa”.
En los pueblos
María Alvarez es ama de casa y manzanera del Plan Más Vida en la localidad de Rancagua. Posee vocación de servicio y la expresa en cada una de las tareas que realiza.
“En mi pueblo trabajo como manzanera y además soy promotora de salud, colaboro con el Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) del pueblo”.
Asegura que vivir en la zona rural es “estar muy lejos y muy cerca” y señala que parte de su tarea es ser vehículo de las necesidades de sus vecinos. “Traigo inquietudes de la gente, llevo las vacunas para el pueblo, siempre trato de ayudar”, refiere y recuerda que comenzó a trabajar en el Plan Más Vida por convocatoria del delegado de la localidad. “Me invitaron a sumarme y acepté y así me fui comprometiendo; también colaboré con el merendero de Rancagua, un espacio al que van chicos de distintas edades a contraturno de la escuela para hacer los deberes.
“También estamos trabajando en talleres para madres, siempre se están gestando proyectos nuevos, siempre tratando de resolver necesidades de la gente”.
En contextos complejos
Graciela Torres es ama de casa, profesora de tejido y manualidades, y comadre del barrio 12 de Octubre. Señala: “Me crié al lado de una madre que siempre hizo tareas comunitarias y sociales, así que fui mamando la solidaridad desde muy chica”. Esa definición la describe en su compromiso.
“Como comadre del Plan Más Vida, me dedico a hacer el seguimiento de mujeres embarazadas, hasta que nace el bebé; entregamos los ajuares, y realizamos una tarea en permanente contacto con la gente”.
Su tarea la involucra con realidades sociales diversas y con distintas problemáticas sociales. “Me encuentro con distintas realidades, hago el seguimiento de embarazos de riesgo, que generalmente son los que se dan en los dos extremos, o en mujeres muy jóvenes, casi niñas, o en mujeres mayores de 40 años”, señala durante la charla.
De cada historia lleva un minucioso registro, que luego reporta a la Secretaría de Acción Social.
En el barrio Virgen de Guadalupe, Florencia Duarte, ama de casa, desarrolla una tarea similar. “Soy comadre en las 512”, cuenta y señala que se crió en el barrio.
“Comencé por invitación de una amiga que es manzanera, Laura Gómez, se estaba retirando la comadre del barrio y necesitaban voluntarias; me acerqué y comencé a trabajar”.
Su experiencia en la tarea comunitaria había sido en la escuela del barrio, colaborando en el comedor. Confiesa que su labor como comadre la compromete mucho con la problemática social que detecta. “Es algo que te compromete mucho, a veces más de la cuenta, vienen adolescentes y mujeres grandes, caminamos el barrio y encontramos muchas situaciones, algunas que van más allá de nuestra tarea, pero no podemos ser indiferentes y nos involucramos.
“Nos encontramos con realidades muy duras, mujeres que abortan embarazos avanzados, muchas chicas adolescentes que no saben qué hacer cuando están embarazadas, situaciones de violencia y abusos que en general tienen como protagonistas a los chicos”, comenta en un relato crudo y compartido por sus pares.
Formadas para ayudar
Con realidades y en contextos distintos, todas están preparadas para asistir en la necesidad. Reciben capacitaciones del Plan Más Vida y se apoyan de algún modo en la tarea del Estado. “Este fue un programa que nació de la mano de Chiche Duhalde, pero pasaron muchos gobiernos y el plan no cayó, somos 200.000 mujeres en la provincia que hacemos lo que nos gusta”, señalan y aseguran que en la fuerza que comparten con sus pares está la clave de la permanencia.
“Nos juntamos con manzaneras y comadres con otras de la provincia y aprendemos de cada experiencia”, refieren.
Sentirse acompañadas
Confiesan que a medida que transcurre el tiempo, conviven con situaciones de la realidad cada vez más difíciles de abordar y en este punto señalan que la contracara de la gratitud, está el desconcierto que experimentan muchas veces cuando algo de lo que descubren, las excede.
“Sentimos que las autoridades nos escuchan cuando acercamos inquietudes, pero muchas veces no pueden hacer más de lo que hacen”, comentan y aseguran que les gustaría “ser más reconocidas” y que se valore más el trabajo voluntario.
“Todas nosotras estamos inmersas en barrios de mucha problemática social y muchas veces nos comprometemos más de lo que nos corresponde; muchas veces nos cruzamos con ‘familias pesadas’, somos vecinos, nos criamos ahí pero ya no está el respeto; varias veces a la satisfacción de que te digan gracias, le sobreviene la otra cara, están aquellos que te tratan mal o los que piensan que te metés en problemas que no te competen”, confesó Florencia Duarte.
Mayor recompensa
Aseguran que el mayor beneficio que reciben por la tarea voluntaria es la gratitud de sus vecinos. Carmen Morales lo sintetiza: “Ver contenta a la gente, con eso alcanza; esa es la mayor satisfacción que recibimos”.
El agradecimiento es lo que las reconforta. “Ya que la gente nos diga ‘Gracias’ justifica la tarea que realizamos, para las comadres la satisfacción más grande es la que recibimos cuando entregamos los ajuares”, agrega Graciela Torres.
Las manzaneras y comadres pertenecen al Plan Más Vida, un programa social provincial que se implementa a través de los municipios. En Pergamino hay más de 220 mujeres que trabajan voluntariamente con 5.590 familias en 27 barrios y 12 localidades de campaña.

















