Mandela hubiese estado complacido con el encuentro entre Obama y Castro
Los funerales de Nelson Mandela fueron los más grandes del mundo y siendo el dirigente que simboliza la reconciliación entre blancos y negros en Sudáfrica, se hubiera complacido mucho al reunir, por primera vez, al presidente de Estados Unidos Barack Obama y al de Cuba Raúl Castro. Y más allá de que ello sea un acercamiento diplomático permanente, el hecho en sí ha sido muy importante.
El encuentro entre ambos líderes de países profundamente enfrentados desde hace décadas fue, precisamente, en la ceremonia realizada en el estadio Soccer City. Allí fue donde dos históricos adversarios se dieron la mano y fueron fotografiados por reporteros del mundo entero. ¿Quién querría perderse esa foto única e histórica?
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Como no podía ser de otro modo, fue un saludo que dio la vuelta al mundo y le entregó, junto con los cantos y bailes de los sudafricanos, un especial sentido a una ceremonia de cuatro horas, bien organizada.
La duración del acto, no obstante y la presencia de dignatarios internacionales de todo el mundo, fue lo que convirtió el funeral popular de Mandela en una ceremonia quizás algo distante para sus simpatizantes.
La lluvia fina obligó a los casi 70.000 espectadores a aguantar estoicamente durante horas hasta quedar empapados, mientras cantaban himnos de la lucha anti apartheid que seguramente el propio Mandela habrá coreado más de una vez.
Los cánticos se acabaron cuando el himno sudafricano, vocalizado en cinco de las once lenguas oficiales del país, arrancó sus primeras notas. Entonces, el público pasó de protagonista a espectador y cedió su lugar a las declaraciones de los presidentes llegados de todo el mundo.
Los jefes de Estado se sucedieron para rendir homenaje con repetidas alabanzas hacia quien consiguió que Sudáfrica se librara, hace dos décadas, de uno de los regímenes más opresivos del mundo.
Hubo quienes durmieron en el estadio y otros en su auto en la puerta para poder ingresar a dar las honras fúnebres al líder muerto. Es que es tanta la admiración, el cariño y el respeto que ha logrado en su país, que nadie quería estar ausente en el velatorio de Nelson Mandela.
Obama se llevó, juntamente con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, los mayores aplausos del público. Con su oratoria, supo tocar la fibra sensible de los sudafricanos y subrayó que gracias a Mandela siempre intentó “ser mejor” en la vida.
“Debemos actuar en nombre de la justicia. Nosotros también debemos actuar en nombre de la paz”, dijo Obama, y, ante la ovación atronadora del estadio, llamó a Mandela “el último liberador del siglo XXI”.
Y fue luego de eso que Obama se topó en la tribuna de oradores con Castro y, lejos de evitarlo, lo saludó con un apretón de manos y ambos mantuvieron una breve conversación de cortesía.
La foto dio la vuelta al mundo a través de las redes sociales y sirvió para hacer segundas lecturas cuando, en su discurso, Obama criticó que muchos de los líderes que ahora “reclaman solidaridad con la lucha por la libertad de Mandela y en cambio no toleran la disidencia de su pueblo”. Sin embargo hay varios líderes mundiales además de Castro que son ampliamente criticados en Estados Unidos por no ser claramente democráticos y mantener prácticas dictatoriales.
A su turno, Castro abogó por la “negociación y la cooperación” como las únicas vías para superar los problemas, para posteriormente asegurar que el viejo Mandela había sido un “ejemplo insuperable” no sólo en tender la mano a los que construyeron y mantuvieron el apartheid, sino en su tarea en contra de la pobreza y en favor de la unidad que permitiera superar “las cicatrices del colonialismo, la esclavitud y la segregación racial”. En una línea bastante parecida habló la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, para quien el líder sudafricano fue un “inspirador en las luchas civiles de América latina”.
Al presidente sudafricano, Jacob Zuma, en cambio lo recibieron con silbidos y abucheos que el público le dedicó por presunta malversación de fondos públicos en su favor. Son acusaciones tan serias que ni el gran Mandela quiso protegerlo.
La verdad es que un gran ejemplo de vida, de coherencia y de claridad conceptual se ha ido. Nelson Mandela, el hombre que fue y es bandera de liberación en Sudáfrica y cuya experiencia se ha estudiado con admiración en todo el mundo, ha dejado la vida terrena.
Pero, como su funeral demuestra, el sello que imprimió a su país se mantendrá vivo para siempre, en la mente y el corazón de los sudafricanos. Como dijo al cerrar su discurso Barak Obama “vamos a extrañarlo”.













