Mañana será el primer test con el nuevo protocolo de seguridad
El protocolo diseñado por el gobierno de Mauricio Macri para contener y encuadrar las manifestaciones sociales tendrá su debut mañana, cuando se realicen las protestas de estatales, ATE, Judiciales, docentes de distintos sindicatos y Upcn.
Para evitar confusiones sobre la nueva medida, que los gremios resisten y que la gente en general agradece, funcionarios del Ministerio de Seguridad que encabeza la ministra Patricia Bullrich convocaron a ATE una reunión informativa para explicar los alcances de la nueva medida, algo que la dirección del gremio consideró innecesario puesto que, según afirmó, la marcha no incluirá piquetes ni cortes prolongados del paso vehicular. El de mañana será el primer paro nacional con movilización en lo que va de la gestión de Cambiemos. Toda una prueba que involucra una tensión de derechos: el techo de salarios para estatales y el Gobierno que intenta no pasar los incrementos del 25 por ciento para no aumentar el déficit. También se reclamará por los despidos en el sector público. Y entre uno y otro sector, la gente que puede verse afectada en sus actividades y obligaciones, tanto por las interrupciones al tránsito como por el resentimiento de la atención en las oficinas públicas, especialmente las vinculadas con la salud.
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El derecho a la protesta, incluido en la Constitución Nacional, de ser garantizado por el Estado pero del mismo modo, también por ser parte de la Madre de todas las Leyes, el derecho a la libre circulación de los argentinos debe ser un valor custodiado por nuestras autoridades. La muy mentada premisa que sostiene que el derecho de uno termina cuando empieza el derecho del otro. Tan sencillo pero tan difícil de cumplir, en lo grande como lo son los cortes de rutas, y en lo pequeño, como nosotros, ciudadanos de Pergamino, cuando circulamos en auto, a pie, en moto o bicicleta y hacemos lo que nos place, sin respetar las normas pero sobre todo sin atender a los derechos de los otros vecinos. Como cuando estacionamos en doble fila, en la boca de una cochera, en una rampa o cuando tiramos un papel en la vereda habiendo un cesto a escasos metros.
Todo empieza así, con pequeñas actitudes, desde chicos. Luego suceden cosas que, sabemos, no corresponden pero las naturalizamos. Y finalmente esas situaciones que naturalizamos se convierten en un gran problema.
El Gobierno pretende que este protocolo funcione como un ordenador social para que las protestas no pierdan su esencia pero que no se lleven puesto al resto de la sociedad y sus derechos.
Precisamente para que no haya coalición de derechos, el protocolo establece que debe haber una negociación previa entre el Gobierno y los manifestantes, para ver como canalizan la protesta sin coartar ningún derecho y sin que se bloquee los accesos a la Ciudad de Buenos Aires.
El protocolo, presentado por Bullrich la semana pasada, establece medidas concretas para regular los cortes de calles y rutas. Los manifestantes deberán informar las calles por las que circularán, y quedarán prohibidos los piquetes con cortes totales. Si quienes protestan no levantan esos eventuales cortes luego de las advertencias previas, las fuerzas de seguridad los desalojarán en cinco minutos.
Es en este punto donde los gremios y las organizaciones sociales para con el Gobierno tienen las diferencias más importantes. Consideran que hay un espíritu represivo en el protocolo y que en realidad lo que se pretende es evitar las protestas.
En el Ministerio de Seguridad se defienden diciendo que lo que no es normal que el corte de ruta o de calle sea una forma de protesta. Y que se puede protestar y visibilizar una marcha y una concentración sin necesidad de cortar la circulación. La realidad es que cuando una protesta es grande, con peso numérico, no se puede invisibilizar si eso es lo que preocupa. Se instalan en Plaza de Mayo o en la plaza de cualquier ciudad y no le quitan el derecho a circular a nadie.
Pero en los hechos, la cosa viene funcionando con una mecánica aceitada desde hace un tiempo, puntualmente en la Ciudad y el Conurbano. Un minúsculo grupo de personas que obviamente también tiene derecho a protestar- puede lograr su cometido cortando alguna ruta, acceso o calle, merced a que con esa situación conseguía la atención de los medios de comunicación. Por eso muchos cortes se han realizado históricamente en los horarios centrales de los noticieros. Porque si vamos a ser rigurosos, así como hemos visto importantes movilizaciones, también vimos cómo 10 ó 20 personas cortaban un acceso a Buenos Aires, perjudicando a varios miles de personas que van a trabajar, a ambulancias que no pueden pasar, a menores que son llevados en el colectivo escolar.
Como en todos los órdenes de la vida, se dan situaciones genuinas y otras que tienen origen más en la viveza que en la desesperación personal o la justeza de un reclamo colectivo. A lo largo de los años hemos visto de ambas por TV y si bien todos podíamos diferenciar unas y otras, el efecto era el mismo para el resto de la sociedad y la respuesta de los gobiernos, también.
Ahora se plantea una alternativa para canalizar las protestas y seguramente los destinatarios -que potencialmente somos todos- se sientan limitados en sus posibilidades de expresión. Pero lo cierto es que se legisla en general, no en particular y en tren de procurar el bien mayor, siempre pagarán justos por pecadores.
De modo que vamos a desdramatizar este asunto del protocolo: lo que se pretende es ordenar la protesta y evitar los cortes. Lo demás, la represión y sus consecuencias, será el resultado de cómo actúen los que protestan y la Policía. No viene en el paquete de medidas. Y en este punto, también es de advertir que las fuerzas de seguridad tienen que perfeccionarse en lo que hace a desarmar protestas en forma pacífica porque con balas de goma cualquiera reprime rápidamente, lo importante es que logren el mismo resultado sin sangre.
También el nuevo protocolo prohíbe los rostros cubiertos durante las manifestaciones y establece lugares específicos para la prensa durante los conflictos. Hasta aquí los periodistas estuvieron de acuerdo, pero los fotógrafos se muestran molestos porque al estar todos en un corralito no se puede trabajar bien, buscando los mejores ángulos. Sin embargo, si bien comprendemos esta cuestión como gente de prensa que somos, se trata de una medida del Estado en protección de la vida. Hemos visto que en el caso, por ejemplo, de la protesta en ruta en el conflicto Cresta Roja, fotógrafos, camarógrafos y periodistas, quedaron entre la Gendarmería y la protesta y soportaron que volaran piedras y palos, resultando heridos varios comunicadores. Sucede que, en general, con la competencia mediática que impera, esos profesionales se juegan su puesto de laburo con cada foto pero, en realidad, se están jugando la vida.
Desde el Gobierno afirmaron que, las encuestas encargadas en los últimos tiempos, reflejan que la gente ve bien que se actúe con firmeza ante las manifestaciones que cortan calles y generan caos, mientras que en la anterior administración dejaban que se hicieran las protestas en cualquier lugar, a cualquier hora y cortando rutas y calles.
La prueba de mañana con la protesta de los estatales es muy importante, aunque los convocantes anticiparon que no habrá cortes ni piquetes. Pero, sabido es, las bases pueden tomar una actitud distinta a la de la dirigencia y, en un acto de provocación al Gobierno y a sus propios referentes, armar un corte en cuestión de segundos. Con o sin esta situación, mañana se podrá ver el comportamiento de los sindicatos y de la Policía, en función de este nuevo protocolo, en el que tenemos cifradas esperanzas los argentinos para evitar, como decimos, la coalición de derechos, que termina transformando una ciudad en un infierno en pocos minutos.
















