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Macri dejará a las provincias endeudarse en el exterior

09 de febrero de 2016 a las 12:00 a. m.

Una de las características del Gobierno de Cristina Kirchner fue la centralización de decisiones y sobre todo de fondos. Aquello de disciplinar con la chequera a mandatarios provinciales era visible, lo que no implica que durante el macrismo no suceda, habida cuenta que muchos gobernadores piden a sus legisladores que no endurezcan posiciones con el oficialismo para recibir beneficios.

Pero Macri ha dado un paso a cierta federalización, toda vez que con escasos recursos, el Gobierno nacional  impulsa a los gobernadores a endeudarse como una medida paliativa ante la falta de fondos para poder girarles. Es que en la lucha contra la inflación, el presidente no quiere que funcione la máquina de hacer billetes para dar dinero a las provincias, porque es lo menos indicado para bajar el índice de suba descontrolada de precios que padecemos. 

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El pedido de la Casa Rosada surgió en la ronda de diálogos que mantiene el Gobierno con los mandatarios, en medio del debate por la ley de coparticipación que no tendrá acuerdo y quedará postergado. Lo mismo sucedió en épocas de Néstor Kirchner, cuando reunió a los gobernadores para acordar una nueva coparticipación, la mayoría saltó contra Buenos Aires, la provincia que más aporta al Estado nacional y menos recibe en proporción. En fin, hay claro egoísmo entre provincianos.

El equipo económico y político del presidente les garantizó ya a los gobernadores que aprobará los avales por parte del Ministerio de Hacienda y Finanzas, que conduce Alfonso Prat Gay, como garantía del apoyo de la Casa Rosada para tomar compromisos internacionales. Porque las provincias sin la “garantía” -por llamarlo de algún modo- del Estado nacional, no puede endeudarse fuera del país.

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El plan contempla un pronto acuerdo con los fondos buitre, sobre todo después de que el Gobierno presentara el viernes pasado su oferta de pago. Será el momento de poder pedir créditos internacionales a tasas razonables.

Hasta ahora, hizo punta la provincia de Buenos Aires que logró la aprobación legislativa después de un duro enfrentamiento con el kirchnerismo y los intendentes peronistas para endeudarse por 60.000 millones  de pesos, una cifra menor a la que había promovido María Eugenia Vidal con el envío del presupuesto para este año, pero muy superior a los 20.000 millones que había solicitado la gestión anterior en el último mandato de Daniel Scioli.

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En la Casa Rosada sostienen que la decisión de la gobernadora, acordada con el presidente, fue el puntapié inicial para una acción que esperan, imite el resto de los gobernadores. El mismo camino siguió Mendoza, conducida por el radical Alfredo Cornejo, aliado político del macrismo, y Neuquén. El pedido oficial se focalizó sobre todo en aquellos distritos que tienen mayores problemas financieros.

La Casa Rosada le dijo a Alicia Kirchner, gobernadora de Santa Cruz, que se endeude si necesita fondos, pero rechazó esa posibilidad tras la última reunión que mantuvo con el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio. La cuñada de Cristina Kirchner viene reclamándole al gobierno de Macri asistencia para su provincia. El miércoles pasado directamente acusó al presidente de “ahogar financieramente” a su distrito y denunció que las obras, que “en un 97 por ciento son financiadas por la Nación, están paralizadas”.

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El Gobierno retaceó fondos para Santa Cruz con el argumento de que el 9 de diciembre, el último día de la gestión anterior, se aprobó la última partida de Aportes del Tesoro Nacional, y fue para el distrito kirchnerista. De todos modos paralizar obras nacionales necesarias es un problema serio que el macrismo le genera a la hermana del expresidente.

En realidad Alicia Kirchner mantiene la postura del no endeudamiento externo quizá porque padeció durante la anterior gestión, el pago de la pesada deuda con los bonistas.

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Según el Gobierno, la gestión anterior consumió la masa total de recursos para ayuda a las provinciales, unos 15.000 millones de pesos anuales, en el programa de renegociación de pasivos que las provincias tienen con la Nación, que se prorrogaba cada tres meses. Sostienen que sólo quedaron unos 1.000 millones, y que por lo tanto, no cuentan con fondos para asistencia directa. A eso se suma que a fin de año desembolsaron adelantos de coparticipación para garantizar el pago de los sueldos y aguinaldos en media docena de provincias.

A cambio de permitir el endeudamiento, en el macrismo reclaman el apoyo de los legisladores que responden a las distintas provincias en el debate que se vendrá en el Congreso si la Casa Rosada logra un acuerdo para el pago con los buitres.

De todas formas, el presidente se reservará la decisión de a quién, cómo y en qué momento distribuye los recursos nacionales. Lo que hará es dejar en manos de los gobernadores la decisión de definir qué obra hacen y cómo la licitan. 

Por lo pronto, hace unos días en Córdoba el presidente en un discurso dijo que, al contrario de lo que hacía el kirchnerismo, hay que asistir  a las provincias que hacen las cosas bien en vez de darle recursos a las que se administran mal o despilfarran. 

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Pero Macri deberá mirar bien a quiénes da el aval para endeudarse, porque si bien somos un país federal, hay que tener sumo cuidado con contraer deudas improductivas que luego pagan varias generaciones. 

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