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Macri, arritmia y balance semestral

07 de junio de 2016 a las 12:00 a. m.

El fin de semana explotó en los medios de comunicación la noticia de la internación de unas horas del presidente Mauricio Macri, que atravesó una arritmia coronaria que no pasó a mayores.

Esto puso sobre el tapete nuevamente la información oficial, porque se volvió a incurrir  (como tantas veces con Cristina) en el ocultamiento de lo que sucedía. Algo que por estos días de alta comunicación tecnológica es imposible, por lo que ese hermetismo que seguramente se debe a la cautela, deja a todos en el ridículo de una negación de lo evidente. Que Macri estaba internado se supo desde el mismo momento en que ingresó al nosocomio (estas cosas siempre se filtran) pero se confirmó a las pocas horas, cuando antes se había negado. Lo mejor, siempre y en los mismos términos que plantea Macri, es decir la verdad: si estaba internado, aunque sea por nada, estaba internado y punto. 

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Esta vez fue un par de horas entre el ingreso y la confirmación. No obstante muchos periodistas sobreactuaron la situación acusando al Gobierno de intentar esconder la información. Es bien cierto que la salud del presidente es una cuestión de Estado, sin embargo la sensibilidad periodística, en este caso ha resultado extrema, más teniendo en cuenta que hablamos de un par de horas en confirmar la noticia del estudio que se le realizó al mandatario que, finalmente, no fue nada grave. 

Lo que sí es importante de señalar ante este episodio es que nuevamente se confirma que la política es nociva para la salud. Incluso cuando estamos ante una persona que toda la vida se ha cuidado, que aun con sus ocupaciones le dedica tiempo a la actividad física y sigue una estricta dieta, vemos que seis meses en la primera magistratura de Argentina ya le pasaron factura a Macri. 

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Sin dudas, el estrés es el gran mal de nuestro tiempo y cuando invade la vida, todos los cuidados que se hayan tenido antes ayudan a que el cuerpo sobrelleve el cuadro pero no eximen de que haga mella, como en este caso, que acusó recibo con una arritmia cardíaca. 

Más que nunca, a pesar de su abultada agenda, es ahora cuando Macri debe extremar sus cuidados y rutinas saludables; ya se conocen antecedentes de lo que el poder genera en términos de estrés a quienes detentan la máxima magistratura de la Nación y no debe confiar él en ser la excepción. El líder del PRO se sabe cuidadoso, de hábitos saludables, incluso practica ejercicios de respiración para lograr armonía, pero nunca su cuerpo y su mente estuvieron expuestos a tantas exigencias como en estos días que lleva en la Presidencia. Por eso, a pesar de ser una persona sana, no es de extrañar que su organismo le haya hecho un llamado de atención.

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Carlos Menem durante su gestión fue operado de carótida y tuvo varios episodios menores de estrés, por lo cual se cuidaba jugando al golf un par de veces a la semana. Era criticado por esta actitud, sin embargo es probable que este deporte le haya salvado la vida. Néstor Kirchner falleció muy joven, en plena lucha por y desde el poder; una úlcera perforada a la que no le terminó dando la importancia que tenía fue central en su problema cardíaco que derivó en su muerte. Cristina Kirchner fue operada de un falso positivo en el cuello, pero su baja presión le jugó muy malas pasadas en la Argentina y en viajes al exterior, habiendo padecido varios desvanecimientos.

Lo concreto es que el sillón presidencial genera una suerte de padecimiento físico de quienes detentan el poder, las tensiones permanentes, el sobreesfuerzo, las complicaciones de un país que no es fácil, hacen que los presidentes deban tener los cables a tierra necesarios para poder equilibrar el estrés provocado por la función.

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No estamos en la cabeza del presidente Macri, pero los indicios van marcando una realidad: llegados los seis meses de gestión, el mandatario está haciendo balances y sopesando su equipo, quienes conforman el Gabinete y llevan adelante las políticas de Estado.

Circula por los pasillos de la Casa Rosada que el presidente valora su Gabinete pero no está del todo conforme con la labor, ya que cree que es un equipo desparejo, con miembros que no conocen los resortes del poder aún. Indudablemente que no es lo mismo la performance de aquellos que vienen de la política que quienes han sido hasta ayer CEO de una empresa privada. Son miradas distintas y modos muy diversos. Algunos se adaptarán a la cosa pública y otros quizá no.

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Pese a los cuestionamientos públicos y privados, por el momento, Macri le renueva su voto de confianza a los más criticados, sobre todo por sus pares, como Juan José Aranguren (Energía), Patricia Bullrich (Seguridad) y Francisco Cabrera (Producción). 

Lo cierto es que el presidente se va poniendo cada vez más exigente con su equipo, ya que quiere ver resultados de corto plazo también y quizá comience por sobreexigirse el mismo, de allí la arritmia que tuvo el viernes.

Obviamente que Macri ya no es un novato de la política y no ignora que también las internas han florecido en el Gabinete. Alguna que otra eterna lucha entre el jefe de Gabinete y Nº 2 del Gobierno, Marcos Peña, y el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay. Ni tampoco que entre los integrantes del equipo económico hay distintas miradas. Rogelio Frigerio y Juan José Aranguren no pueden prácticamente ya funcionar juntos.

La relación con los gobernadores peronistas por la coparticipación, los aumentos de tarifas y sus resultados o los conflictos gremiales con petroleros en el sur fueron parte de la agenda de estos meses de Frigerio. Junto con el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, encabeza el ala política del Gobierno. Precisamente este sector considera que Aranguren es quien genera más tensiones con la gente y no cuida la imagen presidencial. Dicen que no tiene tacto, que tampoco tiene cintura política y en medio de los tarifazos su modo de comunicarlos fue desastroso. Con respecto a la ministra de Seguridad, algunos le adjudican aquel papelón con los fugados del crimen de General Rodríguez o sus problemas para controlar la calle, atestada de piquetes y manifestaciones como los de la semana pasada. Entre los ministros que no se adaptan, directamente a la función, según sus propios pares y la oposición, figuran el de Producción, Francisco Cabrera, y de Medio Ambiente, Sergio Bergman.

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Con este panorama y los conflictos propios de Cambiemos, radicales que piden más participación en la función, una Elisa Carrió casi desbocada que a veces dice lo que el presidente calla, pero otras se enfrenta cual adversaria a la dirigencia PRO, dejando muy mal parado a funcionarios, el presidente o su vice como sucedió la semana pasada. Afirma que siempre la han “usado” pero que a partir de ahora va a tomar otra postura, y que el presidente se defienda él mismo ante quienes lo acusen, aunque aclara que no va a romper con Cambiemos.

Nada es fácil en la Casa Rosada. Siendo la Argentina un país complejo y habiendo heredado una situación económica muy dificultosa del Gobierno anterior, el presidente va a tener que fortalecerse ante la crítica por tomar aquellas medidas antipopulares, pero cuidar que las decisiones contemplen la realidad de los hombres de a pie. Y, al mismo tiempo, dejar que todo esto le afecte a su salud. Porque vida tenemos una sola y no tiene sentido alguno dejarla en el sillón presidencial.

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