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Lula puede ir preso nueve años, la Argentina no sigue el ejemplo

13 de julio de 2017 a las 12:00 a. m.

El avance de la Justicia brasileña sigue a pie firme y sin atenerse al poder que puedan tener los dirigentes, a quienes los va llevando la investigación del temible Lava Jato, una de las causa de corrupción más importantes del país brasilero. Y no es la única ya que tienen larga tradición en la materia, baste recordar a Collor de Melo en los 90 que fue expulsado de la presidencia en medio de escandalosos negociados.

La diferencia es que merced a una Justicia independiente en Brasil muestran que son una sociedad que se ha indignado de verdad y apoya este enorme mani pulite, que se está llevando puesto a toda la política tradicional brasilera.

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Tanto que mientras tienen acorralado por denuncias e investigaciones al mismo presidente Michelle Temer, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva fue condenado a nueve años y seis meses de prisión por los crímenes de corrupción pasiva y lavado de dinero en el caso de un departamento en Guarujá.

La sentencia la dictó el juez Sergio Moro y es la primera contra un miembro del PT en el ámbito de la causa de Lava Jato, la colosal trama corrupta destapada en el seno de la petrolera estatal, Petrobras.

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La condena debe ser confirmada ahora en segunda instancia por el Tribunal Regional Federal, que puede demorar un año y medio en dar a conocer su dictamen. En caso de confirmar la sentencia, Lula irá preso. No es poco lo que se juega en este caso, salvo la muerte lo más importante que tiene un ser humano es su libertad.

El proceso que compromete a Lula es el llamado caso del departamento “triplex”. El exmandatario es acusado de haber aceptado una casa de lujo en la costa de San Pablo (Guarujá) de una empresa, a cambio de favorecerla en sus negocios con Petrobras.

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Si su condena se confirma, Lula podría ser inhabilitado para cargos políticos. Pero Lula no se amilana fácilmente y anuncia ya que quiere volver a la arena política como candidato de su Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de 2018.

En Brasil se da una paradoja similar a la de la Argentina en este punto y grandes diferencias en el plano general. La similitud es que las encuestas dicen que Lula podría hasta ganar las próximas elecciones, como sucede con Cristina Kirchner que mantiene un caudal de votos importantes pese a las pesadas denuncias judiciales que tiene por corrupción. Y esto se debe a que los errores que, en materia de economía, han hecho sus sucesores lleva a que un sector de la población que la pasa realmente mal, tenga mejores recuerdos del pasado que del presente. Quienes gobiernan deben plantearse, seriamente, qué están haciendo tan mal para que la corrupción pase a segundo plano, aunque indigne, y quienes tienen tan a la vista sus desaguisados sean preferidos antes que los actuales. 

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En lo que nos diferenciamos con Brasil y no es un tema menor, es que allí la Justicia se ha puesto los pantalones largos y tras décadas y décadas de ser uno de los países más corruptos de América Latina, dijeron basta. En este sentido el juez Moro ha abierto caminos y ha demostrado que se puede enfrentar al poder de turno, al anterior y se podrá tener a raya al que vendrá. Con su sola actuación, al principio, se comenzó a desmoronar un aceitado juego de corruptela donde todos los partidos políticos hacían “caja” robándole al Estado brasilero. Y en esa “distracción” también, de paso, se hacían ricos los dirigentes. Paulatinamente otros sectores de la Justicia se fueron animando y hoy en el país se está haciendo una gran limpieza política, no exenta de una fenomenal crisis. Pero el resultado, es de esperar, sea una nación con gobiernos más transparentes, para que los dineros públicos vayan a donde deben ir.

En la Argentina la Justicia no muestra independencia ninguna y parece dividirse en sectores, los que tienen compromiso político con un sector u otro; los que no lo tienen, pero temen que si tocan a gente cercana al poder tengan problemas y un tercer grupo que a la espera de asensos prefiere hacer favores a todos quienes puedan darle a cambio lo que buscan. 

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Hemos escuchado a Jorge Lanata decir en televisión abierta que él mismo le dijo a Mauricio Macri que se equivocaba al frenar la prisión de Cristina Kirchner. También a la expresidenta la oímos en escuchas afirmar que hay que presionar a los jueces que tienen determinadas causas. Solo estos dos ejemplos y podríamos citar más, muestran que en la política argentina hay una clara contaminación entre la Justicia federal y el poder político. 

Lamentablemente, no ha surgido en nuestro país un juez como el brasilero Moro capaz de romper esta lógica de impunidad entre magistrados y poderosos. Lo que permite que, al fin, en la Argentina no podamos ver la luz al final del túnel, porque las denuncias se toman, se investigan y hasta se procesa en algunos casos. Pero eso es todo. Quizá porque en Comodoro Py, como sucede en el ambiente político en general, temen que si empiezan seriamente a tirar de los hilos de la corrupción se caiga todo el castillo de naipes y la clase política en su conjunto termine manchada, en un proceso que luego no puedan controlar en sus efectos. 

Evidentemente hay mucho más de lo que sabemos detrás de los telones, pero la verdad es que habría llegado la hora de poner blanco sobre negro, cualquiera sean las consecuencias y quienes caigan en este proceso. Al fin esto ¿puede ser peor que dejar que la corrupción siga siendo tolerada e impune?

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