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Los vicios del mercado que atentan contra la salida de la inflación

12 de febrero de 2016 a las 12:00 a. m.

Una de las principales preocupaciones de quienes tienen ingresos fijos o son pasivos es, sin dudas, la inflación porque sabemos que pulveriza salarios y jubilaciones sin piedad. 

Este proceso lo venimos viviendo hace muchos años, justo es decirlo, pero también reconocer que se está acelerando más en los últimos meses. Cuando en la Argentina se produce este fenómeno, que ya conocemos, se pierde la noción del precio de la mercancía. No sabemos concretamente si lo que nos cobran responde a alguna variable del producto o no, porque el descontrol es la verdadera razón. 

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Se dijo que todo aumentaba por el cepo; ya no hay cepo; se dijo que había inflación por la expectativa de las medidas económicas que tomaría el nuevo Gobierno, ya se ve claramente la línea, se dijo que la culpa era de la incertidumbre y precisamente el Gobierno macrista es lo que se supone vino a contrarrestar. 

Al fin, la inflación sigue, siempre con nuevas excusas, explicaciones sencillas o rebuscadas, pero ahí está y escala. El presidente dijo que en unos meses el problema no se soluciona y no falta a la verdad; hay que esperar dos o tres años. Sin embargo, ¿cómo hacer que los asalariados puedan aguantar si las paritarias tienen bajo el techo?

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Una nota que llamó mucho la atención fue en el envío Desayuno Americano de América, cuando dieron lectura a los precios de la carne en Barcelona: el asado es allí más barato que acá, y así se repite en todos los otros productos. Lo cierto es que la gente bajó el consumo de carne, que es la respuesta que se debe dar como sociedad ante quienes abusen.

Quienes viajan al exterior, Chile, Brasil, Caribe, Miami, Madrid, encuentran productos de marcas internacionales a mucho menor precio que en nuestro país. Vamos en camino a convertirnos en uno de los países más caros del mundo, si es que ya no lo somos.

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En este fenómeno alguien se queda con “la parte del león” en esta cadena desde el productor de alimentos, por ejemplo, al que le pagan monedas y el producto es puesto en supermercado a precios exorbitantes. Las grandes cadenas saben de qué hablamos, porque remarcan en la Argentina más que en otros países donde también funcionan. 

De modo que la problemática excede al Gobierno, aunque es quién debe intervenir en estas cuestiones. Lo que funciona mal en la Argentina es el mercado, acostumbrado al abuso y esta es una cuestión que nos llevará a una recesión, que ya se insinúa, porque aumentarán los salarios no más de un 30 por ciento y la inflación es entre 10 y 15 puntos más alta.

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Bajó ya el uso de tarjeta de crédito, que se había convertido en el resorte para estirar el sueldo para cubrir cuestiones básicas como los alimentos, una modalidad impropia e inédita para el plástico en nuestro país; de enero a febrero se redujo el gasto en supermercados con este medio de pago. Al margen que por efecto inflacionario una compra con tarjeta de débito ya le agregan cinco por ciento y si es de crédito 10 por ciento, en tiendas y demás locales comerciales. Los más grandes recuerdan cuando comprar con tarjeta implicaba un 15 por ciento más, allá por la década del 80. De modo que en la Argentina nada es nuevo, el tema es que los problemas cada tanto se repiten.

Ante la baja de compras, se nota apenas una desaceleración en los precios en el rubro de supermercados, aunque también hubo un menor crecimiento de los tickets promedio de otros sectores, como materiales para la construcción, indumentaria y artículos para el hogar. En este último caso, las grandes casas de electrodomésticos sobreviven a las malas épocas porque el Gobierno dejó el plan 12 cuotas que es muy usado para este tipo de artículos.

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Pero también, junto con el menor avance de los precios, los datos de las tarjetas de crédito y débito también están reflejando una menor euforia de los consumidores. Y es lógico, porque los incrementos de salario aún no se negociaron y ya se sabe que no cubrirán el espectro inflacionario, precisamente para lograr que los precios bajen. Pero en el caso de las tarjetas, existe, en general, mayor temor a endeudarse debido a la coyuntura.

Sabemos que el problema no es sencillo pero esperamos que el Gobierno logre acuerdos con el comercio y la industria, para evitar que se produzcan abusos, sobre todo en la intermediación, que sin justificativo alguno sigue castigándonos con incrementos constantes de precios. Porque si se abren la importaciones todos compraremos más barato, pero habrá un enorme costo en puestos de trabajo que se pierden. Debieran pensar en eso antes de seguir abusando.

 

Todos los sectores tendríamos que contribuir para salir de esta situación, intermediaros, comerciantes, Gobierno y consumidores. De lo contrario la inflación será más difícil de resolver y mientras unos pocos se llenan los bolsillos sufrimos los demás.

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