Los vendedores de diarios y revistas del país celebrarán mañana su día
Mañana los vendedores de diarios celebrarán su día. Cuando no había redes sociales ni Internet, y la principal fuente de información eran los diarios aguardados ansiosamente en estaciones, bares y hogares- y los canillitas eran héroes anónimos en la ciudad. Los apodados \"canillitas\" por Florencio Sánchez, por lo general eran...

Mañana los vendedores de diarios celebrarán su día.
Cuando no había redes sociales ni Internet, y la principal fuente de información eran los diarios aguardados ansiosamente en estaciones, bares y hogares- y los canillitas eran héroes anónimos en la ciudad. Los apodados "canillitas" por Florencio Sánchez, por lo general eran jóvenes que, vendiendo un producto de bajo costo pero muy demandado, colaboraban con la economía familiar.
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Mientras Internet y las redes siguen avanzando y la búsqueda de información se traslada a las computadoras y celulares, los "canillitas" resisten el paso del tiempo y se reinventan para seguir adelante, no solo como vendedores de diarios sino también en muchas ocasiones como amigos del barrio, excelentes escuchadores y trabajadores incansables.
En su día LA OPINION reconoce a estos bastiones de la cadena informativa adelantando su edición impresa dominical para respetar su jornada de descanso y rescatando el testimonio de una trabajadora del rubro.
La historia de Marta
En el marco de esta fecha LA OPINION reconoce la trayectoria de Marta Aiello que, aun con 72 años, se desempeña como canillita en la vecina localidad de El Socorro.
El Diario dialogó con Marta sobre sus inicios y su actualidad en el mismo rubro. "En 1995, mi papá, Guillermo Aiello, comenzó a realizar las tramitaciones con el fin de comprar este puesto de diarios. Era un emprendimiento familiar que teníamos pero en agosto de ese mismo año él fallece. Junto a mi hermana, Zelmira, continuamos con las gestiones y fue a fines de 1995 que comenzamos con la venta de diarios y revistas", comenzó contando Marta.
Guillermo Aiello decidió incursionar en el rubro, primero, por su cercanía a la familia Carreras-Lusich que eran quienes durante muchísimos años tuvieron la venta de diario en el pueblo; además Marta contó que su papá era "fanático" del diario La Nación: "Que no le faltara La Nación a la hora de la siesta, era el momento en que él leía las noticias", expresó.
En sus inicios, y como el emprendimiento era familiar, además de la comercialización de diarios y revistas se anexó la venta de artículos de librería, regalos y también se incorporó una fotocopiadora.
Para 1998 Zelmira fue trasladada, por cuestiones laborales de su marido, a la provincia de Mendoza por lo que Marta quedó a cargo del comercio de El Socorro. Ese mismo año la tragedia golpeó a su familia ya que falleció Juan Carlos Matero, esposo de Marta por lo que quedó a cargo de todo siendo madres de dos hijos también. "Por eso se hizo una división de las partes y decidí quedarme con la venta de diarios y revistas solamente y me trasladé a mi casa".
Distribución propia
Un día de Marta comienza temprano aunque recibe los diarios, que llegan a través del colectivo, a las 10:00. Desde ese momento recorre las calles del pueblo repartiendo algunos diarios. "Hace algunos años teníamos un repartidor de diarios pero después comencé yo a realizar esa tarea y me ayudan mis hijos los fines de semana, Mario y Rita", afirmó.
"El día y la noche"
Con más de 25 años de trayectoria, Marta recuerda aquellos tiempos en los que comenzó vendiendo diarios y revistas y estableciendo un paralelismo con los tiempos que corren aseguró: "Es el día y la noche". En este mismo sentido afirmó que "con el advenimiento de la tecnología la gente empezó a leer el diario por la computadora o por el celular y bajó la cantidad de ventas". Y agregó: "Antes se vendía mucha cantidad de todo, diarios, revistas para las maestras, los padres le compraban a los niños Billiken, Genios. Eran otras épocas".
Por último Marta destacó las bondades que apareja este oficio: "Hice amigos, charlo con la gente".
La historia de los canillitas
En un principio, los periódicos se vendían a través del correo o se los compraba en la misma imprenta. Pero cuando las ventas se incrementaron, fue necesario buscar otro mecanismo más ágil. Todo cambió el 11 de enero de 1868, fecha clave para el nacimiento de los canillitas. Ese día, salió a la venta la primera edición del diario "La República", fundado por Manuel Bilbao. Allí se escuchó por primera vez en las calles el grito: "¡La República, a un peso!". El éxito fue tan resonante que de inmediato varios periódicos lo imitaron en todo el país y en el mundo.
Al poco tiempo, las esquinas porteñas (y también de las ciudades del interior y países vecinos) se vieron ocupadas por puestos fijos de venta de diarios. Estos puestos también empleaban a niños que, debido a la alta tasa de desocupación de la época, necesitaban colaborar con los ingresos familiares.
Instauración de la fecha
En 1946 el general Domingo Perón fue el que realizó el Decreto Nº 24.095 que luego se transformó en ley. A partir de esa fecha los trabajadores fueron reconocidos como tales en el Ministerio de Trabajo.
En 1947 se instauró el 7 de noviembre como el "Día del Canillita". También se definió que ese día no habría actividad y los trabajadores, que cumplen su labor todos los días del año, disfrutarían de un merecido descanso.
La fecha fue elegida en conmemoración de la muerte de Florencio Sánchez.
Este dramaturgo, luego de haber trabajado como escribiente en una dependencia policial de La Plata a las órdenes de Juan Vucetich -creador del sistema de identificación dactilar- viajó a Rosario, donde en 1902 comenzó a trabajar como redactor en La República, diario recién fundado por Lisandro de la Torre, el que quizás le trajo al escritor reminiscencias del voceado periódico de Don Bilbao.
El apodo
¿Cuándo apareció por primera vez el término "canillita"? La palabra se le atribuye a Florencio Sánchez. El periodista y dramaturgo uruguayo escribió una pieza teatral cuyo personaje principal es un niño vendedor de diarios. Le faltaba el título, pero al ver a un pequeño vendedor de piernas muy delgadas se le ocurrió la palabra "canillita" y así denominó a su obra.
La palabra "canilla" deriva de la palabra latina "canella", que es el diminutivo de "canna", caña, en español. El diccionario define el término: "canilla es el hueso largo de la pierna e incluso de los brazos".
















