Los problemas profundos no se solucionan con recetas simples
Algo simple significa, según la Real Academia Española, que está formado por un solo elemento, es decir que no está compuesto por varias partes. Algo simple, entonces, es algo sencillo, sin complicaciones ni dificultades. En nuestro país, donde la agenda de los asuntos públicos está colmada de problemas complejos, el discurso político tiende a caer en la tentación de simplificar todo. Y eso puede ser contraproducente, sobre todo en un año electoral como el que comenzamos a transitar.
Según el especialista en Comunicación Política, Mario Riorda, la metamorfosis del discurso político en la Argentina revela tres componentes destacados en las últimas décadas: simplicidad, pobre argumentación y descontextualización. En efecto, si se presta un poco de atención a los discursos de algunas figuras políticas destacadas de los últimos años, se pueden encontrar propuestas que pueden resultar atractivas para esa porción del electorado al que seducen las recetas mágicas y las promesas de resultados inmediatos del tipo "cinco consejos para hacerse rico en solo dos meses" que abundan en Internet.
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Este año se cumplen 40 años del regreso de la democracia y, como se sabe, en todo este tiempo transcurrido no se han logrado satisfacer las necesidades básicas de buena parte de la población. Es más, Argentina es uno de los pocos países del mundo que tiene más pobres que hace un cuarto de siglo. Hace poco, en Twitter, un hombre de 50 años reflexionaba sobre el acceso al crédito en nuestro país y recordaba que, por ejemplo, sus padres habían comprado la casa familiar en cuotas gracias a un préstamo hipotecario; mientras que él no había logrado ese objetivo pero sí adquirir un auto en cuotas, pero sus hijos hoy van al supermercado a comprar asado con tarjeta de crédito. Esa historia familiar describe, de alguna manera, el camino que siguió la economía argentina, lo que nos lleva a plantear cómo hacer para no caer en la trampa de aquellos discursos políticos basados en, como dice Riorda, la simplicidad y la pobre argumentación que, con seguridad, se escucharán a lo largo de este año. Así, habrá quienes, en una simplificación extrema, cargarán todas las culpas al Estado y quienes apuntarán todos sus dardos hacia la política, para después animarse a cuestionar al propio sistema democrático.
Los problemas de orden institucional, económico y social que padece nuestro país tienen en común una gran complejidad. Por lo tanto, para poder resolverlos se necesitará tiempo y constancia. En todo caso, lo que está faltando es voluntad para buscar consensos. Para resolver cuestiones tan complejas es necesario recuperar la capacidad de debate de la política, ya que de esa manera se podrán encontrar ideas para políticas públicas más eficientes que permitan avanzar con transformaciones para mejorar la calidad de vida de todos los sectores de la comunidad. Pero para eso hay que tener presente que se necesita tiempo y respeto a las reglas de la convivencia democrática. Lo peor que nos puede pasar como sociedad es caer en la tentación de aceptar promesas vagas y argumentos pobres o excesivamente sencillos. Eso puede valer para otras experiencias de la vida de una persona, a nivel individual, pero no para transformar una sociedad. Si se observa la historia de la humanidad se podrá comprobar que los caminos de verdadera transformación siempre fueron extensos, con proyectos de largo plazo. Si queremos prosperar como comunidad es importante tener en claro que hay que ejercitar el respeto por el otro en todos los ámbitos. "Cuando la gente conversa solamente con los que piensan igual, sus opiniones se vuelven más extremas y homogéneas. Para tener una democracia saludable necesitamos que los que piensan distinto tengan conversaciones amplias, honestas y profundas", advierte la bióloga Guadalupe Nogués, autora del libro "Pensar con otros".
La política es, entre otras cosas, el arte de articular los intereses de los distintos sectores de la sociedad. Es de esperar que las ideas y valores que este año logren la mayor adhesión de la ciudadanía sean aquellas que eviten, en lo posible, las simplificaciones (en especial en lo que tiene que ver con la marcha de la economía), ayuden a construir consensos, a abordar los problemas complejos con propuestas innovadoras y a superar las divisiones que hacen más difícil el camino de la reactivación que tanto se necesita.









