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¿Los cambios institucionales podrán más que la crisis económica?

11 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

La Argentina tiene un manejo de los tiempos tan veloz que ningún analista puede distraerse sin caer en el error. Vale como ejemplo que luego del triunfo en las elecciones de mitad de mandato de octubre pasado, casi nadie ponía en duda que Mauricio Macri se encaminaba hacia su reelección. Y hasta algunos que se pasaban de entusiasmo incluso ya pensaban en la sucesión de 2023.

¿Qué podía salir mal?

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En mayo una crisis cambiaria que al comienzo no pareció más que una tormenta terminó siendo un tsunami que apenas parece estar amainando y desnudó el fracaso del Gobierno en materia económica, los errores del Banco Central y el cálculo respecto de las inversiones que jamás llegaron.

El gradualismo con que plantearon los cambios llevó a que al fin no se lograra cambiar prácticamente nada y el endeudamiento para sostener ese modelo gradual se cortó a mitad de camino. El acuerdo con el FMI no permitió al Gobierno aún retomar el control de la situación. Las tasas llegan 65 y 70 por ciento anual. Esto es, la demanda de dólares por parte de los inversores y de la ciudadanía en general sigue siendo imparable. En fin que atravesamos una crisis económica de proporciones.

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En el Gobierno no obstante no consideran que la crisis ya los haya vetado de la posibilidad de ganar las elecciones de 2019, porque dicen que harán pie en otras fortalezas, aún ante la importante caída de imagen que experimentó tanto Macri como sus principales referentes desde diciembre en adelante. “Por supuesto que estamos muy preocupados- dicen en la Rosada- pero vamos a salir adelante y llegaremos recompuestos y con muchas fuerzas al proceso electoral, que es lo que mejor sabemos hacer”.

Objetivamente mirada la situación, a pesar del desgaste que efectivamente experimentó en los últimos tiempos, la imagen de Mauricio Macri y de la gestión de gobierno siguen siendo considerables. Y si bien la economía es sin lugar a dudas el principal motivo de preocupación, hay todavía un núcleo importante de argentinos que sigue pensando que las cosas van a mejorar el año próximo. Valoran del Gobierno que haya levantado la vara de la honestidad, que se tradujo en obras públicas sin retornos, también son los que celebran que la Justicia haya comenzado a ponerse los pantalones largos contra la corrupción y hasta se obsesionan pidiendo que se devuelva lo robado en la gestión anterior. Ven con buenos ojos que el Gobierno haya limpiado padrones con jubilados truchos o discapacitados que en realidad no lo eran, que se haya optimizado el costo del recurso humano prescindiendo de contratados de dudosa procedencia y se hayan transparentado procesos administrativos  Y son quienes esperan que los jueces paguen Ganancias y, en la misma línea,  se terminen muchos otros privilegios en el país.

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¿Alcanzará este cambio de carácter institucional para ganar una elección con la economía hecha pedazos? ¿Enmarcará la gente esta crisis en un “final de fiesta” de la cual pagamos las consecuencias? ¿Valorará este momento como el principio doloroso de un camino hacia una economía saneada?

Estas son las pregunta más importantes en términos electorales y se conectan también con la oposición, en función de lo que ofrezca para seducir al sector independiente que no es núcleo duro de Cambiemos pero que si no encuentra mejores opciones volverá a votarlos, y con esto cuenta el oficialismo. A modo de ejemplo: si Cristina Kirchner se presenta es el mejor escenario para el oficialismo, porque los independientes no volverán al pasado; pero si hay una unidad más o menos sólida en el peronismo con otro candidato sobre todo del sector del PJ razonable, como le llaman, el macrismo corre peligro.

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La realidad es que hasta ahora uno de los fenómenos de este gobierno fue que los opositores y críticos fueron incapaces de capitalizar el desgaste de la gestión y los errores no forzados cometidos por el oficialismo, con la excepción de Roberto Lavagna, que se ha consolidado como uno de los líderes mejor considerados porque entiende de economía y nos remite a un piloto de tormentas excepcional. Pero tiene una clara identificación con el Frente Renovador de Sergio Massa y termina corriendo la suerte electoral de su jefe político.

Es cierto que los primeros cuatro meses del año fueron relativamente buenos, y que la desaceleración se comenzó a sentir a partir de la corrida a finales de abril, principios de mayo. Muchos economistas consideran que los próximos dos trimestres serán muy duros, pero que con la próxima campaña de la cosecha gruesa (maíz y soja), la tendencia debería mejorar.

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El dato que no se puede ignorar en el análisis es que Cambiemos tiene un piso importante de apoyo aún en este contexto económico tan complicado. Lo que no implica que tengan la reelección ganada, para eso falta casi un año y en la Argentina como decimos al comienzo y sabemos, un año puede ser un período con muchas sorpresas.

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