Los aumentos de tarifas anunciados y la inflación complican las paritarias
Uno de los temas complicados para la Argentina, ahora y siempre, es mantener la paz social. Más cuando atravesamos épocas en las cuales la inflación muerde a todos los sectores. Lo hemos vivido, no es una premonición, cuando los precios van por el ascensor y los salarios por la escalera, como suele decirse. Hubo paros, marchas y conflictos. Porque el bolsillo es una cuestión sumamente importante para la familia.
En esta etapa y con nuevo Gobierno la inflación heredada se ha profundizado y los funcionarios no terminan de ponerse de acuerdo, porque unos dicen que no habrá techo para las paritarias y otros afirman que sí. Y si bien Mauricio Macri siempre habló de paritarias libres, en medio de las quejas del sindicalismo el Gobierno ratificó que impulsa una suba salarial de entre el 20 y el 25 por ciento para este año y dejó en evidencia la intención, aunque sea informalmente, de poner un techo para las negociaciones paritarias.
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La realidad es que la inflación, según parece, está muy por encima de este porcentaje que se ofrece a los empleados y la cuestión habrá de traer alguna conflictividad. En principio el problema se ha instalado en el área del Estado donde, por otra parte, se han producido una buena cantidad de despidos y se advierten más para el mes de marzo.
Ya lo adelantó el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y lo terminó reconfirmando más tarde el propio Mauricio Macri, aunque lo hizo de manera más solapada, pero ambos hablaron de una suba salarial de entre los porcentajes mencionados.
Con el gremialismo rechazando de manera automática la posibilidad de fijar cualquier tipo de tope para las discusiones, la Casa Rosada intentó moderar las declaraciones a través del jefe de Gabinete, Marcos Peña, que terminó corrigiendo al titular de la cartera laboral. Lo que el ministro planteó es que nosotros consideramos que la inflación va a ser del 25 por ciento, lo que no quiere decir que estemos planteando un techo a las paritarias, debió salir a decir. Pero estos equívocos se producen muy seguido y la realidad es que intentan poner un techo a las paritarias, sin hacerlo abiertamente.
Mientras los gremios estatales se preparan para los paros y ya hubo algunas movilizaciones, Hugo Moyano, líder de la CGT Azopardo y el principal interlocutor de Macri para la discusión sindical, salió a cruzar a Triaca. Si quieren limitar las paritarias, que lo digan y entonces empezamos a hablar en otro idioma, amenazó.
Para postergar el problema, el Gobierno intentará fijar un esquema segmentado de aumento en dos tramos, una parte ahora y otra del incremento a mitad de año, para bajar las expectativas de suba salarial hasta que logre su objetivo de controlar la inflación.
Y el sindicalismo que en principio estaba de acuerdo con este posible esquema de aumento desdoblado, quitó su apoyo a la idea esta semana a partir del anuncio del fuerte aumento en las tarifas de electricidad, lo que puso en estado de alerta a las centrales obreras.
Macri preocupado pidió responsabilidad a los gremios, a quienes les solicitó que ayuden a que la inflación baje a entre el 20 y el 25 por ciento. Fue en respuesta a una consulta sobre cuál sería el promedio de aumento salarial para este año. Reiteró, además, su intención de recibir a las centrales obreras en los próximos días.
La realidad es que las conversaciones entre gremios y oficialismo venían muy aceitadas y encaminadas, pero como dijimos, la importante suba en los servicios públicos que se avecina en este mismo mes de febrero, complicó el escenario y tensionó la relación con los sindicatos.
Moyano advirtió que las subas en los servicios, que se replicarán en los próximos días en el gas, fueron superiores a lo previsto y que por lo tanto su sector planteará que se reflejen en la discusión salarial. Y por supuesto, alertó sobre los verdaderos aumentos de precios. Por la tarde, quien reflejó la postura de los gremios del sector fue Juan Carlos Schmid, titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (Catt). Muy lejos de los pedidos oficiales, adelantó que partirán con un piso del 30 por ciento de aumento.
En el mismo sentido se pronunció el jefe de la CTA, Hugo Yasky, que reiteró su rechazo al tarifazo y condicionó la suba salarial al impacto en el poder adquisitivo de la suba en los servicios públicos.
Y si faltara algo a la polémica, la diputada Elisa Carrió, aliada política del presidente, dijo que subir las tarifas sin actualizar el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias se vuelve una injusticia.
La realidad es que Macri intentaba negociar con los sindicatos con medidas adicionales, entre las que está una reforma a Ganancias. La promesa de campaña, no se concretó en forma automática como se quitó las retenciones al campo, recién se concretaría con el envío de un proyecto de ley que se anunciará en la asamblea legislativa del 1° de marzo.
Ante los reproches sindicales el Gobierno promete que la mejora la hará retroactiva a enero. El paquete incluye, además, ampliar la cantidad de beneficiarios de la asignación universal por hijo y mejoras en las asignaciones familiares para los trabajadores en relación de dependencia. En paralelo, se trabaja en una reforma impositiva para exceptuar el pago del IVA en la canasta básica de alimentos para los sectores sociales vulnerables, incluidos los jubilados que cobren la mínima.
Con estas medidas aspiran a que los gremios bajen sus pretensiones salariales, las paritarias privadas serán difíciles con estos márgenes escasos que pretende el Gobierno, pero más lo serán con los estatales, docentes y judiciales.
Se vienen momentos de mucho diálogo con final incierto y debe ser el Gobierno de Mauricio Macri el que aplique sentido común y creatividad a un asunto que es clave destrabar ahora para luego avanzar sobre los objetivos de fondo que prometió en la campaña.
















