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Lo de Boudou, además de corrupción, es una falta de respeto a los argentinos

18 de mayo de 2016 a las 12:00 a. m.

Cuando todas las luces y los spots ponían la mirada en Lázaro Báez y la ruta del dinero K, un dificultoso entramado de sobreprecios y desvío de fondos del Estado, vuelve a los primeros planos un viejo conocido de la corrupción: el extitular de Anses, ministro de Economía y vicepresidente de Cristina Kirchner, Amado Boudou.

No es novedad que el exvice K tiene causas grandes y pequeñas de corrupción y que está procesado por la más importante de ellas, que es la apropiación de la exCiccone Calcográfica. Un escándalo que le valió la expulsión del sector político (nadie quería en el Gobierno fotografiarse cerca siquiera de él), pero por cuestiones de estrategias políticas cuestionables, tuvo un enorme paraguas para que no lo suspendieran de las funciones. Cristina nunca permitió que el Senado aprobara los innumerables pedidos de ser separado del cargo. Los peronistas bramaban fuera de micrófonos, pero cumplían con lo pactado: Boudou debía terminar su mandato, aunque la Justicia lo condenara y la Policía lo estuviese esperando en la puerta del Parlamento. Lo que en la práctica no sucedió, pero podría bien haber pasado.

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En estos días, tanto en el Poder Ejecutivo como en el Senado, distintas investigaciones han demostrado que Boudou no tenía prurito a la hora de manejar dineros públicos. Una suerte de falsificador serial de facturas, documentos y papeles. Baste recordar cuando “truchó” sus documentos para la adquisición de un vehículo y hasta su domicilio declarado era en un médano en Mar del Plata. Este hombre demostró ser corrupto en lo grande y en lo pequeño, desde pretender quedarse con la fábrica de billetes hasta falsear su domicilio, lo que habla de su conducta ya no frente a los dineros públicos sino frente a la vida.

Las facturas apócrifas presentadas por Boudou cuando era ministro de Economía que han salido a la luz, podrían tener su correlato en el Senado, en donde la administración de Gabriela Michetti detectó una serie de irregularidades cometidas en el manejo de la Cámara alta por el exvicepresidente. Es altamente probable porque, como decimos, lo de Boudou ha demostrado ser una conducta recurrente.

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La ausencia total de licitaciones para la adjudicación de obras y servicios, sobreprecios en las compras y el descontrol en el área de Recursos Humanos serían solo algunos ejemplos de las anomalías detectadas por la auditoría que la vicepresidenta ordenó realizar no bien asumió la presidencia de la Cámara alta, en diciembre último.

Para que se comprenda mejor el tema, la maniobra realizada por el entonces vicepresidente para poder evitar el llamado a licitación para la adquisición de bienes y la contratación de servicios, fue la de ampliar el denominado “Fondo Rotario”, una suerte de caja chica, cuyo techo se elevó de 50.000 a 100.000 pesos. Así, todo se pudo hacer por contratación directa.

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Además hemos visto en las administraciones, no solo K, cómo una obra si es de un monto que necesariamente debe ser llevado a licitación, se presente como varios pequeños trabajos. Al ser montos bajos se pueden adjudicar en forma directa, pero cuando vemos toda la labor realizada, se nota la jugada, porque es una obra importante, seccionada para poder otorgarla sin concurso de precios ni licitación.

 Según Michetti, en la auditoría que dará a conocer en los próximos días se destaca también la existencia de importantes sobreprecios en las compras. 

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Son groseras las rendiciones de viáticos reveladas para rendir cuentas de los gastos incurridos en París en ocasión de asistir Boudou a reuniones del G20, papeletas totalmente inviables para justificar un gasto acá o en la China. De más está decir que si en una empresa un empleado presenta semejante cosa, no solo que no le es aceptada sino que es despedido por robo. Se trata de simples hojas A4, con textos hechos en computadora, sin numeración alguna, ni membrete de razón social. Hay dos reconocidos profesionales, miembros de la International Association of Conference Interpreters, que en febrero de 2011 viajaron a París desde Ginebra para trabajar como intérpretes del entonces ministro de Economía Amado Boudou en una reunión de presidentes de bancos centrales y ministros del G20. Y cobraron 1900 euros cada uno. Pero cuando retornó a Buenos Aires presentó cuatro de estas facturas falsas por un total de 9.700 euros.  Las cuatro facturas comparten algunas características: son impresiones hechas por computadora sin ningún sello, registro ni clave tributaria que les otorgue validez, ni fueron firmadas por los intérpretes. Esas facturas se suman, además, a los otros recibos de ese viaje y otro anterior a París, como también de su paso por Nueva York para la asamblea de la ONU que presentó Boudou al retornar a Buenos Aires que también eran apócrifos. 

También hay otra presentó al retornar a Buenos Aires por una “cobertura televisiva” en Nueva York que le brindó una productora de Cancún, México, que hoy resulta inhallable. Si lo hizo en tres ocasiones cuando era ministro de Economía, es estimable que en todos sus años en la administración pública esta maniobra se haya repetido exponencialmente.

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Y las inconsistencias reveladas siguen: en la factura correspondiente al hotel Bel Ami por el viaje de febrero de 2011, por ejemplo, se fechó como de febrero de 2010, y consta el rubro “auto” por el alquiler de un vehículo, a 882,67 euros por día. 

Más conocemos y más nos asombramos, no porque la corrupción sea una dolorosa novedad para los argentinos, sino por el nivel de avidez y rapiña de un funcionario que no sólo fue ministro sino vicepresidente y jefe del Anses, organismo que administra el equivalente al 50 por ciento del presupuesto argentino. Como se dice en el leguaje callejero: quería el caramelo, el papel, el paquete y el moñito también. 

Porque de grandes actos de corrupción como el caso de la exCiccone que pretendió apropiársela con un socio, estas pequeñeces de quedarse con unos dólares en cada viaje, “truchando” el gasto de hotel, de alquiler de automóviles y hasta de los traductores, excede el límite de toda lógica, aun para un corrupto. Más se asemeja a un compulsivo de la cleptocracia, rodeado de la impunidad del poder y con una desesperación visible por rapiñar todo lo que pueda. De más está decir que hubo una escala altísima de complicidad en quienes tenían el debe receptar y controlar estas rendiciones, aunque debemos ser indulgentes: a quien estaban controlando era a su jefe y protegido de la presidenta por lo que el temor a perder su fuente laboral puede haber determinado sus pasos.

En verdad da vergüenza ajena que un personaje de estas características haya accedido, nada menos, que a la vicepresidencia de la Nación. Las palabras huelgan, los comentarios ya resultan ociosos. Un vulgar ladronzuelo ocupando tan altos cargos solo parece posible en una Argentina que se había acostumbrado a tolerar todo. Una actitud muy peligrosa que la sociedad parece haber ido mutando para comenzar a exigir transparencia y, sobre todo, respeto.

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