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Lo de Alberto Abad no es solo un cambio de nombre

06 de marzo de 2018 a las 12:00 a. m.

Dicen que la renuncia de Alberto Abad a la Afip fue sorpresa solo para los ciudadanos de a pie, porque en el Gabinete hace al menos setenta días que se sabía que el funcionario tenía fecha de vencimiento. Un poco acordada con el presidente y otro poco empujado por la tensa relación que mantenía con el núcleo duro del equipo de Mauricio Macri, el jefe de los recaudadores (cargo importante si los hay) se fue, dicen, sin dar un portazo.

Mauricio Macri presentó a Leandro Cuccioli como sucesor, destacando que “es una persona valiosa. Pero lo más importante que tiene es que sabe jugar en equipo”. Palabras dichas en cierta intimidad pero claras de la problemática de Abad con el poderoso Marcos Peña y sus alfiles. Esta fue quizá una de las razones pero de ninguna manera la única. Ya que hemos visto en estos meses tres o cuatro temas sensibles en los que Abad se plantaba en su posición y mantenía diferencias con algunos funcionarios que forman parte de la cúpula de la Casa Rosada, como decimos. Sobre todo con Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los dos hombres que son de la máxima confianza de Marcos Peña. También hubo cortocircuitos con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. En fin que según Macri, Abad no jugaba en equipo…

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No fue menor la filtración de los nombres de quienes adhirieron al blanqueo de capitales que impulsó el Gobierno, que acumuló 116.000 millones de dólares. El macrismo lo presentó como un gran éxito, estaban contentos, decían que fue el más importante de la historia Argentina y quizá hasta sea cierto. Pero no tardó en transformarse en pesadilla por la filtración, no solo porque esos nombres debían ser secretos porque así lo dice la ley, sino porque cuando trascendió la lista se supo que entre los que habían blanqueado estaban varios conocidos de Macri, desde su hermano, Gianfranco Macri, hasta su amigo Nicolás Caputo. Se trata de millones de dólares que incorporaron en el blanqueo y que dio lugar a todo tipo de especulaciones sobre el dinero de la familia presidencial y su entorno. El enojo con Abad estalló cuando una investigación conjunta de su propio organismo y de la Agencia Federal de Inteligencia detectó “una red corrupta de empleados del organismo recaudador que vendía información protegida por el secreto fiscal”. Una causa que el presidente siguió casi en el día a día y por la que la Justicia ordenó la detención de ocho personas.

Y llegamos a los temas que hacen chocar irremediablemente la política con la cuestión técnica. Abad, había tenido roces por la deuda de OCA con la Afip, que trepa, al menos, hasta los 1.700 millones de pesos. La empresa, en teoría, pertenece a Patricio Farcuh, el presunto testaferro de Hugo Moyano. Cerca de Abad alguna vez dijeron que la Casa Rosada intervenía a favor de OCA para que le estiraran el permiso para seguir operando. Pero el saliente titular del organismo de recaudación siempre se mostró firme: la deuda había que cobrarla, aun a costa de la quiebra.

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La misma postura adoptó en el conflicto con el Grupo Indalo, de Cristóbal López. El empresario kirchnerista le adeuda al Estado 17 mil millones de pesos (con los punitorios incluidos) por la evasión del impuesto a la transferencia de combustibles por parte de la empresa OIL. Cristóbal buscó desprenderse del grupo, pero la Justicia se lo impidió. Fue otro punto de tensión. El ala política macrista aún explora mecanismos para tratar de preservar las cuatro mil fuentes laborales. Para Abad también la salida era la quiebra.

Es lógico que el ala política se preocupe por tantos miles de empleados en la calle, en un momento en que el trabajo no abunda, y vea con mejores ojos que se trate de cobrar en cuotas en el caso de OCA y que se vendan las empresas del Grupo Indalo con el compromiso de los compradores de ir pagando la deuda. En este sentido aferrarse a tecnicismos puede causar un daño social importante.

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Pero hay otro telón de fondo que se maneja en los pasillos del poder. Frente a un Abad que se mostraba independiente y duro como una roca defendiendo su bastión recaudatorio, lo cual es su obligación pero sin sobreactuaciones sería mejor, hay otra investigación que caía en sus manos. Se trata nada menos que del caso de “Toto” Caputto íntimo de Mauricio Macri, un hombre que consideran clave en el Gabinete porque es quien maneja un tema sensible como la deuda. Investigan algunas omisiones en su declaración jurada, alguna que otra relación con empresas que funcionan en paraísos fiscales. Nada que no sepamos, pero cuyo conflicto de intereses lo transforma en un tema muy difícil para un funcionario.

Abad era bien capaz, dicen los que lo conocen, de poner a Caputto contra la espada y la pared, llevando la situación a un punto sin retorno. Mientras Marcos Peña lo defendía públicamente diciendo que tener a “Toto” entre los funcionarios era un orgullo por lo conocedor y capaz que era en el tema que le ocupa. En fin, que Abad es un riesgo que ya el Gabinete no corre y en su lugar asume el ingeniero Leandro Cuccioli, que asesoraba a la Jefatura de Gabinete y al mismo Caputto.

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Lo de Abad no es solo un cambio de nombre, evidentemente.

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