Línea de pobreza: detrás de los números hay personas que padecen
Una familia necesita cerca de 500.000 pesos para no caer por debajo de la línea de pobreza. El cálculo, realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, estima que en diciembre pasado la Canasta Básica Total para cuatro integrantes tuvo un costo de 495.798 pesos. Esto representa un 225% más comparado con en el mismo mes de 2022.
Desde el punto de vista técnico, este indicador muestra el umbral de ingreso que separa a las familias de nuestra sociedad que viven en situación de pobreza de las que no. Como dato duro es útil en tanto y en cuanto permite saber dónde estamos parados y hacia dónde orientar las políticas públicas para erradicar ese grave problema. Pero detrás de esas mediciones que se llevan a cabo con instrumentos estandarizados donde el margen de subjetividad es mínimo hay personas, de todas las edades, que hoy no tienen lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas de alimentos, servicios de salud y transporte (todo lo que incluye la canasta básica). Y si hablamos de indigencia, la situación es más grave aún: según la medición oficial, una persona sola necesitó poco más de 77.000 pesos para no estar en esa categoría o, mejor dicho, para no caer en esa desgracia. Y en la Argentina de hoy, donde el salario mínimo es de 156.000 pesos, cada vez son más las familias que pasan a formar parte del drama de la pobreza al que se suma otro al que está ligado estrechamente: la desigualdad.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
La narcocriminalidad en el centro del debate electoral, algo que va más allá de Santa Fe
El plan es durar y que le explote al que sigue
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advierte que en buena parte del mundo desarrollado se ha consagrado la desigualdad. Y nuestra sociedad avanza en el mismo sentido. En 2018 el organismo internacional publicó un informe titulado "¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social", que analizó la realidad social de 36 países, entre ellos el nuestro para estudiar distintas variables relacionadas con los ingresos, la posibilidad de acceso a una vivienda digna y a servicios de salud, entre otros factores considerados indispensables para garantizar cierto grado de movilidad social ascendente. El estudio concluyó que en la mayoría de las naciones observadas la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90. Del informe se desprende que la movilidad social de padres a hijos es baja en las diferentes dimensiones de ingresos, educación, ocupación y salud, y lo mismo pasa en lo relacionado a la movilidad de los ingresos personales en el transcurso de la vida. En particular, advierte la OCDE, hay una preocupante falta de movilidad en la parte inferior de los estratos sociales, mientras que en la parte superior de la escala social uno de los datos sobresalientes es la acumulación de oportunidades.
Un repaso de nuestra historia como país nos muestra que, en marzo de 1976, cuando se produjo el golpe de Estado, solo el 5 % de la población argentina era pobre. Cuando concluyó la dictadura, en 1983, el programa económico que aplicaron las Juntas militares incrementó ese índice al 25%, complementado con una regresiva distribución del ingreso. Pero después, en cuarenta años de vida en democracia nunca se logró perforar ese piso de pobreza y la desigualdad fue ganando terreno en una sociedad que había alcanzado cierta homogeneidad. La Argentina actual se asemeja cada vez más a las sociedades de hace más de dos siglos cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales, como plantea el economista francés Thomas Piketty en su libro "El capital en el Siglo XXI". Su colega, el serbio Branco Milanovic, en tanto, observa que la concentración del ingreso refuerza el poder político de los que más tienen y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea mucho menos probable. Es de esperar que las instituciones esenciales de la democracia se fortalezcan, para que aporten soluciones viables a los serios problemas que tiene el país, entre ellos, el problema de la pobreza. Este es el camino que se debe seguir para que los distintos sectores interactúen en la construcción de una sociedad más justa, plural, pacífica e inclusiva. Más allá de la ideología de quien gobierne.








