Las sombras de los ministros sobre los presidentes
Sorpresivamente para el hombre de a pie (no quienes caminan los pasillos de la Casa Rosada) se anunció la salida del ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, sin una corrida cambiaria previa, sin explosiones específicas en el área y, por el contrario cuando el funcionario estaba a punto de anunciar un blanqueo exitoso.
El ahora exministro Alfonso Prat-Gay se enteró el lunes, poco después de las nueve de la mañana, que debía almorzar en Villa La Angostura con Mauricio Macri, pero ya con traje de extitular de Hacienda. Y quien le pidió la renuncia era nada menos que uno de sus enemigos del Gabinete: Marcos Peña.
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Esta salida, que el jefe de Gabinete se encargó de marcar claramente que era el presidente quien echaba a su ministro, fue el final de una historia de egos y recelos mutuos entre Prat-Gay con Peña, sus asesores estrellas como Quintana y Lopetegui, así como internas visibles con el presidente del Banco Central Federico Sturzzeneguer. Sin embargo no parecía molestar a Mauricio Macri este conflicto, habida cuenta que había dividido el Ministerio de Economía en varios casilleros, precisamente para que ninguno se transformara en un súper ministro al estilo de Domingo Cavallo con Menem.
Este temor que proviene, dicen de su manejo en una empresa enorme como Socma, llevó al presidente a avanzar en una idea fuerza que aplicó desde el primer día de su mandato, dividir el poder económico. El primer problema que tuvo en este sentido con su ministro de Hacienda es que Peña y el resto de su equipo son Macri dependientes (como sucede con Peña y su equipo), en cambio Prat-Gay era una figura respetada antes de Cambiemos, con importantes relaciones internacionales y que jamás reconoció al jefe de Gabinete como su superior como el mandatario pretendía.
La llegada de Nicolás Dujovne a Hacienda y Luis Toto Caputo avanzando un casillero en Finanzas ratifica la construcción del presidente de un perfil de ministros temáticos, como se burlan los empresarios por las redes sociales, porque ahora hay además dos ministerios en lugar de uno en este caso, con lo que se completan como seis área en economía. Dujovne es parte del semillero de la fundación Pensar del PRO y tiene aceitadas relaciones con el resto de los ministros.
Los presidentes argentinos siempre hay querido ocupar el centro de la atención en el plano económico, son legendarios los recelos entre Menem y Cavallo, y dicen que el presidente no veía la hora de sacarse de encima su súper ministro; Néstor Kirchner, que buscaba concentrar todas las decisiones en una libreta de superávit gemelos, pero tampoco veía la hora de echar a Lavagna porque sentía como una sombra tras sus espaldas. A Cristina Kirchner le pasó algo similar con Martín Lousteau, muy joven y carismático para dejarlo crecer. Y en todos los casos eran funcionarios a quienes cuando mejor les iba en el ministerio los mandatarios más los recelaban. Ahora es Macri, junto a sus dos vicejefes de gabinete: Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, quien llevará el detalle de todas las decisiones económicas, una vez que echaron a Prat-Gay un funcionario con varios aciertos en este primer año de gestión PRO, desde el pago a los fondos buitres hasta el blanqueo, pasando por la salida ordenada del cepo cambiario.
En el fondo, y en la forma, fue muy visible que los recelos con Prat-Gay eran más bien políticos, aunque también es cierto que es un gradualista y chocaba permanentemente con los halcones como Aranguren que son partidarios de operar sin anestesia. Sin embargo el ministro de Hacienda les daba éxitos al presidente y el ministro de Energía fracasos pero en la política uno más uno no siempre es dos.
La antesala del desenlace se produjo cuando echaron a Isela Costantini, expresidenta de Aerolíneas, a quién llevó precisamente Prat-Gay y que terminó protagonizando también una renuncia imprevista, rodeada de rumores de enfrentamiento porque la funcionaria se negaba a abrir los cielos en forma irrestricta a Avianca, una empresa de fuertes lazos con Franco Macri.
Los chinos tienen un dicho que se aplica en este caso cuidado con lo que deseas porque es ahora el presidente más que nunca el responsable de la política económica, cada vez con menos fusibles si no aparecen los brotes verdes, las inversiones o aunque sea una mejora al parate que se atraviesa. En uno de los ministerios dicen no tener ninguna responsabilidad sobre la inflación, en otro aseguran que las idas y vueltas de los aumentos de tarifas fueron porque el ministro de Energía se corta solo, y en un tercero culpan a Hacienda por la falta de obras públicas. Y la realidad es que si todos los nichos en que se ha dividido el área económica se pasan las pelotas unos a otros, los goles se los terminarán haciendo a Macri para utilizar un simil futbolero al que el presidente es tan afecto.
Lo complicado de la cuestión es que todos los retazos de un mismo Ministerio de Economía no parece en sintonía ni antes ni ahora para dar un combate a la inflación de conjunto, serio y contundente. Los nuevos incrementos en la nafta y en la energía conspiran contra el objetivo y aunque el año que viene no se espera el más de cuarenta por ciento de inflación de este año, los economistas hablan de no menos de un veinticinco, lo que no puede plantearse como un éxito.
Dicen en las cercanías de la Casa Rosada que la salida de Prat-Gay no se produce para alejar keynesianismo a cambio de más ajuste salvaje, que fue el primer temor que recorrió los sectores de la industria y el comercio. Todo seguirá parecido, dicen, solo que ya con un cambio de ministro, que no se subordinaba como debía al equipo.
No sabemos si este cambio traerá consecuencias positivas o negativas o será neutro, porque atendiendo a las razones tan poco consistentes que se han esgrimido para echarlo, solo el tiempo dirá.















