Las madres son las “dueñas” de los besos de este domingo
La mayoría de los trabajos que conseguían estaban situados lejos de sus hogares, por eso los criados vivían en las casas de sus patrones.
Así fue como empezaron a festejar un día llamado “Servir de domingo”, celebrado el cuarto domingo de cada mes. “Domingo de servir a la madre” honró a las madres de Inglaterra y se dispuso que los criados tendrían el día pago y podrían viajar a sus hogares para visitar a sus progenitoras.
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En Estados Unidos el primer Día de la Madre fue sugerido en 1872 por Julia Ward Howe, como día dedicado a la paz.
En 1907 John Jarvis, de Philadelphia, comenzó una campaña para establecer el Día de la Madre: persuadió a la iglesia en Grafton, Virginia occidental, para celebrar el día en el segundo aniversario de la muerte de su madre, el segundo domingo de mayo.
Al siguiente año el día también fue celebrado en Philadelphia.
Entonces Jarvis y sus partidarios comenzaron a escribir a los ministros y a los políticos para establecer el Día de la Madre a nivel nacional.
Tuvieron mucha respuesta y antes de 1911 ya se celebrada en casi todos los Estados.
El presidente Woodrow Wilson, en 1914, hizo el aviso oficial proclamando el Día de la Madre como día de fiesta nacional, que debía ser sostenido cada año el segundo domingo de mayo. Y así es en el país del norte hasta nuestros días.
Muchos países del mundo adoptaron esta tradición y celebran la fecha en diversos días a través del año, mientras que en nuestro país se festeja el tercer domingo de octubre.
Hasta aquí lo que señala la historia. El Día de la Madre es mucho más y por mero acto de justicia, todos los días del año deberían ser considerados como Día de la Madre, porque no existe vínculo más enternecedor e incondicional que el establecido entre la madre y el hijo.
Gracias al salto gigantesco que ha dado el estudio del comportamiento animal y correlativamente la producción en serie de films que documentan sorprendentes aspectos de criaturas, hasta ayer nomás consideradas salvajes con toda la carga de dureza que puede encerrar el término, el papel de la madre, como guardiana inamovible de una especie sea ella cual fuere, ha adquirido un interés fundamental.
Curiosamente, a medida que se asciende en la escala animal, el vínculo madre-hijo crece en hermosura. También en compromiso.
Hay mucho de instintivo en ese lazo que en el fondo es amor, pero aún así, nos compensa con dulzura de las muchas crueldades y amarguras que la vida de relación conlleva inexorablemente. Pero cuando la madre, superada la raíz animal e instintiva, es ese ser de carne y hueso que alguna vez nos cobijó en su vientre, entonces no cabe sino establecer un hito, detener el paso y, aunque más no sea una vez simbólica por año, mirarla, quererla más si cabe. Físicamente quien la tiene, espiritualmente quien la perdió y melancólicamente quien no pudo conocerla nunca. En cualquier caso es una oportunidad de festejo porque honrar a las madres es celebrar la posibilidad de gestar vida.
Por eso, bienvenida sea la institución del Día de la Madre. Más allá del interés comercial que determinados días encierra, éste cumple una función social.
¡Feliz día mamá!
Esta frase es el mejor regalo, muy alejado de lo material, porque llena el espíritu y hace sentir que la vida vale la pena.
No puede existir hecho más placentero y milagroso que traer un hijo al mundo. Ese privilegio ha de ser en sí mismo un orgullo. Pero la satisfacción es completa cuando con cuidados, educación y ejemplos, una persona alcanza su máximo potencial. Aquí se completa la maternidad.
La fecha resulta propicia para revalorizar su función, pensar en su compromiso. Reflexionar sobre los desafíos que la maternidad conlleva en la vida moderna. Con hijos propios, con hijos del corazón. Como realidad y como potencialidad.
Aunque todos los días merecen ser el suyo, el de hoy tiene la particularidad de serlo y por tal es tarea de todos convertirlo en una fiesta, para agasajarlas o recordarlas.















