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Las fuerzas de seguridad, entre la ineficiencia y la complicidad narco

09 de enero de 2016 a las 12:00 a. m.

Los hermanos Christian y Martín Lanatta y Víctor Schillaci, condenados a cadena perpetua por el denominado Triple Crimen de General Rodríguez, permanecían prófugos desde hace 12 días al cierre de esta edición, tras haberse escapado de la Unidad Penal de General Alvear. Esta es la información cruda que esconde, al ver el tiempo transcurrido, muchísimos aspectos preocupantes, donde se mezcla la ineficiencia y la complicidad de las fuerzas de seguridad de nuestro país, que en distinta proporción son las grandes protagonistas de este grave caso vinculado al narcotráfico.

Desde ayer, que fue capturado “El Chapo” Guzmán, es inevitable trazar un paralelo entre ambos casos.

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El negocio de la droga es el telón de fondo para todos estos protagonistas, cada cual ocupando una jerarquía distinta en las estructuras narco: Guzmán como líder y los tres argentinos como sicarios, por lo que hasta ahora se conoce. 

Aunque a simple vista no lo parezca, hay una diferencia sustancial entre un escape y otro: mientras Guzmán se fugó, es decir que ganó la calle merced a un plan pergeñado para eludir los controles de la cárcel, los Lanatta y Schillaci simplemente salieron por la puerta, valiéndose de la ineficiencia de la infraestructura penitenciaria argentina y de una connivencia que ya es endémica, siempre a la mano y al servicio del mejor postor.

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A Guzmán lo recapturaron con vida, 181 días después, tras un intento fallido el mes pasado, cuando estuvieron a metros de apresarlo. Estaban tras de él las fuerzas de seguridad de México y la DEA, de los Estados Unidos, que ofrecía por él 5 millones de dólares. El escape de los argentinos aún tiene final incierto, siendo su búsqueda de carácter nacional, por el momento.

La sensación de impunidad que despierta este hecho en la sociedad es alarmante y para el flamante Gobierno es un problema serio y más que complejo, toda vez que debe confiar la búsqueda a fuerzas de seguridad que, además de no conocer operativamente, están perforadas por el narcotráfico y no han tenido ni tiempo de comenzar a trabajar en tan difícil asunto, porque se tuvo que abocar a la tarea de encontrar a los prófugos, pero con policías y gendarmes que parecieran responder a sus intereses, con total prescindencia de resolver este problema.

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No hay voces oficiales de la marcha de la pesquisa; las autoridades de seguridad, encabezadas por la ministra Patricia Bullrich han optado por hablar lo menos posible del tema porque piensa que cualquier dato que ofrezcan puede beneficiar a los prófugos. O tal vez es que lisa y llanamente reina el desconcierto y no saben qué decir.

Lo que es evidente y el Gobierno lo sabe, es que hay una enorme red de complicidades que ha permitido que estos tres asesinos vayan y vengan como se les ocurra y pasen varios días en una suerte de tapera en Santa Fe, donde dejaron el vehículo que le robaron a la suegra de uno de los Lanatta. Y si no hubiera complicidad, hay negligencia e inoperancia. Ambas situaciones son preocupantes.

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No escapa al análisis que si la Policía bonaerense está llena de bolsones de corrupción, la de Santa Fe se lleva el primer lugar sin dudas, sobre todo en cuanto a vínculos con el narcotráfico. Es una región donde hay guerras declaradas entre cárteles, con muertos diariamente y hasta un jefe policial del más alto rango que hubo que echar porque era capo narco.

¿Cómo lograr encontrar a tres prófugos con las fuerzas de seguridad tan penetradas por la droga? 

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Y más allá de los reproches al Gobierno bonaerense que se fue, al socialista que aún gobierna Santa Fe, a los que gobernaron la Gendarmería y a la Policía Federal, la tarea del macrismo hoy se parece a quién pretende hacer una masa sin harina, sin agua, sin huevo y sin manteca. Sería muy fácil hablar mal de Bullrich, de Ritondo, de Vidal y del propio Macri, quienes seguramente sus errores habrán cometido en estas horas. Pero no poner en consideración que son las mismas fuerzas de siempre, las que todos conocemos con sus altos y bajos, es pretender reducir a una alquimia la solución del conflicto. Parafraseando a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, esto no es magia.   

Ayer las fuerzas de seguridad realizaban nuevos allanamientos en Santa Fe para intentar dar con Víctor Schillaci y los hermanos Cristian y Martín Lanatta, ya a esta altura casa por casa, revisando desde pastizales hasta casas de campo, sembrados. Se rastrillaba todo, incluso con retenes de auto por auto en el cruce de la ruta nacional 11 con la provincial 64, a pocos kilómetros de donde se vio por última vez a los prófugos, en San Carlos Sud.

 Fue delimitada una extensión de 15 mil hectáreas a la redonda y se espera que se pueda recorrer la extensión, sembrada con soja y maíz. Los caminos y las inmediaciones de la escena del tiroteo están sitiados.

Más de 500 efectivos de distintas fuerzas de seguridad están con rastrillajes en campos en localidades del centro santafesino en el marco de los operativos de búsqueda. Están apoyados por francotiradores, visto y considerando que los prófugos tiran y a matar cuando se les acercan.

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La propia gente de Santa Fe es la que más colabora; en las ciudades donde hay operativos suspendieron todas las actividades y avisan ante cualquier movimiento extraño.

A favor de los rastreadores debemos decir que esta es una zona rural de 17.000 hectáreas y con más de 150 kilómetros de caminos rurales. Hay muchos maizales y cañaverales, todo lo que genera dificultades a los pesquisas para hallar a los prófugos. Los procedimientos se realizan en las rutas nacionales, en los micros de transporte de pasajeros y camiones. Como informamos en nuestra edición de ayer, la ruta 178 que cruza por Pergamino también forma parte del operativo.

Encontrarlos o no, no es lo que definirá el éxito o el fracaso en este caso. Lo de Argentina ya es un fracaso; no podemos ignorar hasta qué punto el narcotráfico ha perforado a las fuerzas, la política y la sociedad.

 

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La verdadera tarea que le espera al Gobierno vendrá después de esta vorágine y será titánica respecto de nuestras fuerzas de seguridad. Entonces sí será el momento de hablar de qué tan bien o qué tan mal hace las cosas el macrismo.

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