Las ficciones de la economía versus el sinceramiento
Hay muchas ficciones que ha venido sosteniendo nuestra economía, y no hablamos solo de los últimos 12 años sino desde décadas, que han generado una suerte de deformación de reglas que son de oro en este metié. Dicho esto sin desconocer que muchas de las ficciones no solo han sido alimentadas desde la política sino también de parte de grupos económicos que históricamente se han beneficiado del río revuelto que ha sido siempre la Argentina. Porque si hay algo que debemos tener claro es que el hombre de a pie nunca se beneficia realmente cuando la economía no está sincerada, ya que lamentablemente estos procesos explotan más temprano que tarde y es quien termina pagando los platos rotos por la vía de los ajustes.
Y una de las cuestiones que ingresa en este esquema que planteamos es el crédito hipotecario en nuestro país, el que ha sabido ser la única herramienta de la clase media para acceder a la vivienda, así como su ausencia ha significado un camino inexorable a vivir alquilando.
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Hoy, después de muchos años, han regresado tanto en el sector de la banca estatal como privada; baste recorrer en Internet las entidades para verlo con claridad. Esta buena noticia no llega a ser tomada como tal por una población que, por esta cuestión de las deformaciones de la economía, vivió acostumbrada a ganarle al crédito, a creer que le gana al banco, aunque por ese mismo mecanismo, a la postre se perjudicara a sí misma por el daño causado a las arcas del Estado a través del Banco Central. Sucede que por primera vez en nuestro país los créditos se ofrecen con tasas ajustables a los índices reales de la economía, computados en una unidad de indexación llamada UVA (Unidad de Valor de Adquisición). En un país inflacionario como el nuestro, donde los ciclos económicos en los últimos 70 años no han durado más de 10 años, que los créditos hipotecarios hayan sido a tasa fija es no menos que un despropósito, un beneficio para uno con costos para todos.
En este período de sinceramiento de la economía, llegan los créditos acordes a la realidad argentina para aquellos que integran la población económicamente activa. No obstante ello, para los sectores de la sociedad que por diversas razones no acceden a los préstamos de la banca, deben existir opciones facilitadas por el Estado, como es el caso del Procrear, con tasas subsidiadas, o planes federales de vivienda, financiados directamente por el erario público. Pero quienes están en condiciones y califican, ahora deben pagar sus créditos ajustados a la realidad y no a la utopía de una economía que no tenemos.
Tantos años de tasa fija e inflación creciente que reducía en breve lapso el costo real de la cuota, han logrado que hoy la gente sea reacia a embarcarse en un préstamo con tasa ajustable y en un país como el nuestro no podemos culparlos. Esta ha sido una de las tantas ficciones de la Argentina: creer que se puede tomar un préstamo a tasa fija en un país inflacionario para comenzar pagando una cuota y terminar pagando una pichincha. Tanto es el temor y la reticencia que, como un punto medio, algunos bancos, entre ellos el Nación, ofrecen un período inicial con tasa fija. Sin embargo, este interés es muy alto, está como inflado, porque los bancos se cubren, como es casi una obviedad plantear.
Así es como, aunque finalmente reapareció el muy esperado crédito hipotecario, las casas bancarias no registran la demanda esperada. En algunas sucursales de Pergamino ni siquiera han tenido consultas.
El crédito es fundamental para el desarrollo, tanto de la industria de la construcción que motoriza la economía, como para la creación y ampliación de nuevas empresas. No parece posible hablar de desarrollo de un país sin el crédito, por eso el sinceramiento y la normalización de nuestra economía es clave en términos de crecimiento. El Estado cumple, en naciones organizadas su verdadero rol. Por ejemplo, en lo que hace a las viviendas, lanzando planes de bajo costo para los sectores de menores ingresos. Del resto se debe ocupar la banca, como sucede por otra parte en el resto de los países occidentales, que así han crecido y se han desarrollado.
La realidad es que la economía funciona, como dijimos al comienzo, con reglas de oro, y es así que en la Argentina debemos combatir la inflación y crecer, para lograr créditos lógicos, en un país que funciona normalmente. De este modo, contando con la estabilidad desaparecería el fantasma del crédito que podría tener una cuota explosiva si se indexa por inflación, por ejemplo.
La realidad es que en la Argentina no podemos seguir viviendo en base a la idea de que hay manos mágicas que se van a hacer cargo de lo que nosotros no pagamos sean costos de energía o de la diferencia crediticia. No hay manos mágicas, es el Estado el que va por detrás poniendo el faltante. Y estos esquemas más temprano que tarde terminan en un déficit fiscal enorme, inflación y ajustes que se padecen y en gran forma.












