Las estrategias de Scioli y Macri para la madre de todas las batallas
Siempre se la denominó, la madre de todas las batallas, a la fracción de la contienda electoral nacional que se disputa en el territorio bonaerense. Algunos van más allá y afirman que quien gana en la provincia de Buenos Aires, gana la elección nacional.
Es que se trata del distrito más grande del país, que concentra el 37 por ciento del padrón, superando así a regiones enteras. Imagine el lector cuántas veces entran La Rioja, Jujuy o San Luis en el territorio bonaerense. Sólo se acercan, y de lejos, Córdoba o Santa Fe y si van juntas, con Mendoza incluida. En este sentido -como en muchos otros- nuestro país es más centralizado que federal.
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Es por esta razón que, en definitiva y de cara al ballottage los bonaerenses tendremos una enorme responsabilidad en el resultado. Ya se sabe qué provincias gana Daniel Scioli y cuáles Mauricio Macri en la línea gruesa y es aquí, en nuestro territorio donde se definirán triunfos y derrotas en la primera segunda vuelta que se realiza en toda la historia argentina. Casi nada.
A su vez, dentro de esta gran provincia hay una clara subdivisión, numérica y de tendencia de voto, entre el Conurbano y los distritos del interior.
Tanto Daniel Scioli y Mauricio Macri han reconocido que la provincia de Buenos Aires será fundamental para las aspiraciones presidenciales. Mejorar los números que obtuvieron el 25 de octubre es una de las principales preocupaciones de los candidatos porque piensan que es el distrito que más novedades puede aportar. Precisamente porque no se juega ya la Gobernación como punto a favor o en contra y porque de los cinco millones de votos de Sergio Massa que están siendo codiciados, la mayoría son bonaerenses.
Scioli está convencido de que la candidatura a gobernador de Aníbal Fernández lo bajó de las encuestas que le daban encima del 40 por ciento, al 37 que sacó el 25 de octubre y el objetivo que se impuso es reconquistar a los votantes que se alejaron del peronismo por el ancla (como le dicen en su entorno) que implicó llevarlo en la boleta. Según los cálculos que hicieron en el sciolismo, la figura del jefe de Gabinete en la boleta le habría restado entre 8 y 12 puntos a Scioli, lo que representa entre cuatro y cinco por ciento a nivel nacional. La meta es llegar al 50 por ciento de los votos bonaerenses. Por eso todos los mensajes de campaña están destinados al electorado de Massa. Menuda tarea les espera en estos últimos días. Otro de los puntos que buscan explotar desde el sciolismo es el corte de boleta que tuvo Macri en la provincia. Es que María Eugenia Vidal sacó 400.000 votos más que el postulante a presidente.
En Cambiemos, la sorprendente performance electoral de Vidal y su triunfo ante Aníbal Fernández motivan a los armadores en el distrito más poblado del país a ir por más. Contentos con los guarismos obtenidos por Macri en el interior bonaerense y localidades pobladas como Mar del Plata, Bahía Blanca, La Plata y Pergamino, el armado bonaerense que comandan Jorge Macri, Federico Salvai y Emilio Monzó apuntan, sin embargo, a descontar la diferencia que Scioli sacó en la poblada tercera sección electoral (segundo cordón del Conurbano), cercana a los 700.000 votos, y también en la primera sección, donde quedaron sin dueño los votos que obtuvo Massa.
En principio borraron visiblemente a la candidata a vicepresidenta Gabriela Michetti de la publicidad y Macri la hace con María Eugenia Vidal, no porque su compañera sea escondida a propósito sino porque hoy es mucho más redituable mostrarse con la gobernadora electa de la provincia, tras su batacazo electoral.
Y es así que Vidal está pidiendo el voto por Macri en los spots, en los programas de televisión, y así lo hará hasta el fin de la campaña, dijeron cerca de la gobernadora. En este punto, Scioli va en desventaja porque su propio partido es reacio a pedir su voto y cuando lo hace, es a regañadientes o con algún pero de por medio. Ahora que, si se piensa en todo el peronismo disidente que se volcó a Massa y que ahora debe replantearse, es un gran favor el que le están haciendo al gobernador el mostrarse alejados de su figura y su propuesta.
En términos numéricos y territoriales, el PRO lo tiene más sencillo en la provincia de Buenos Aires, toda vez que ganó en la mayoría de los municipios por lo que la tarea se limita a retener votos. Tengamos en cuenta que de los 135 distritos, 78 tendrán un nuevo intendente y salvo excepciones, la mayoría de los recambios han sido hacia el PRO, aunque algunos caciques del Conurbano fueron desplazados por candidatos del propio Frente para la Victoria, mucho más moderados en su estilo.
Tal es el caso de Pergamino, donde desde Martínez hasta Macri pasando por Vidal ganaron con holgura. Y se nota que advierten fácil la cosa porque no hay aquí prácticamente campaña macrista mientras que en el Frente para la Victoria se percibe cierta inquietud, más movimiento.
Este fin de semana los equipos de ambos candidatos han dejado las calles para focalizarse en una contienda más intelectual que de campo: el debate.
Daniel Scioli es el que previsiblemente deberá arriesgar más en la discusión que precede al ballottage del 22 de noviembre ya que las encuestas favorecen a Mauricio Macri que, por su parte, deberá procurar no cometer errores que lo alejen del caudal de votos logrado y que parece estar afianzado.
El cansancio ha hecho mella en ambos aspirantes a suceder el 10 de diciembre a Cristina Fernández, tal como reflejan sus profundas ojeras. Los dos, que no son buenos oradores, apuraron las reuniones con sus equipos de asesores para no dejar puntada sin hilo de cara al duelo. Los preparativos incluyen cursos intensivos con especialistas traídos desde el exterior.
El sciolismo apuesta a la confrontación de dos modelos de país. El macrismo, por su parte, confía en capitalizar la experiencia en debates que tiene su líder. Mañana a las 21:00 será la cita clave para ambos.
Las apuestas son que Scioli se mostrará más agresivo y que dejará a un lado su estilo conciliador y aspecto cansino para desnudar las flaquezas del oponente. Es de suponer que Macri, además de las flaquezas del relato K, le enrostre las deficiencias de ocho años de gestión provincial.
Será el momento para que si aún quedan indecisos tomen la resolución por uno o por otro candidato. El voto en blanco, por sus efectos, no es nunca una buena opción.














