Las economías regionales y los caminos de la competitividad
A medida que avanza la gestión de Mauricio Macri y la Argentina se va abriendo al mundo, se hace imperiosa la necesidad de resolver los problemas de competitividad que tenemos. No es un tema de nuestro país, ya hemos visto cómo en la reunión del G-20 en China los países más desarrollados del mundo manejan sus estrategias en función de una globalización, que defienden acaloradamente, pero sin descuidar sus industrias para que sean competitivas en el mercado del mundo.
Es con este propósito que existe en gran parte de los países, no en Argentina, una política de subsidios virtuosa, subsidios sanos sobre la producción, que se aplican por subsanar ciertos costos internos y poner los productos en el puerto a un precio competitivo con sus similares del resto del mundo. Al mismo tiempo, permiten que florezcan las regiones del país con sus producciones locales para lograr crecimientos sustentables y generación de empleo, todo lo que hace a un círculo virtuoso de la economía, toda vez que con un alto grado de empleo y desarrollo esos habitantes pasan a ser prescindentes de la asistencia del Estado.
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No es sencillo cuando provenimos de años de gestión en las cuales se desfiguraron todas las reglas de oro de la economía, subsidios mal aplicados a los servicios, empleo encubierto con planes sociales o trabajo estatal de baja calidad, dólar retrasado, grandes bolsones de empresas informales, alta presión impositiva para los que están registrados que son los que, al fin, están aptos para importar. Pero luego de abonar tributos y los elevados costos de flete por tierra en nuestro extenso territorio, quedan con valores que no son competitivos en el mercado mundial. Es allí donde el Estado, en Argentina, siempre estuvo ausente.
En este plano urge comenzar a resolver el problema de las economías regionales, que vamos a definir en primera instancia para saber de qué estamos hablando. En este caso nos referimos a producciones agrícolas y agroindustriales de las zonas extrapampeanas. Quienes vivimos en esta región, no tenemos ejemplos cercanos de esta problemática que envuelve al resto del país. Entre las principales producciones de estas economías regionales están los cítricos, las manzanas, las peras, las uvas, las aceitunas, el azúcar, el tabaco, la yerba, la miel y el algodón.
Y el término de regionales nació para diferenciar a los pequeños productores a lo largo de todo el país que producen cultivos no tradicionales de aquellos que tienen grandes extensiones en las zonas pampeanas que generalmente producen soja, trigo o maíz.
Un tema que no es menor es que, a diferencia de la siembra, este tipo de cultivos son intensivos en el uso de mano de obra. Lo que se traduce en empleo, lo que es muy necesario en cada región.
Para poner blanco sobre negro, la crisis del sector se manifiesta por un problema de competitividad que mezcla la inflación interna con el atraso cambiario. Sin embargo es más complejo el problema porque en 2013 ya hubo una gran devaluación y no solucionó nada en términos de economías regionales. Daría la sensación de que el problema está relacionado con la distribución de la riqueza dentro del circuito productivo y no con la rentabilidad. Concretamente no podemos incidir en los precios internacionales, pero sí cambiar la relación que tienen los pequeños productores con la agroindustria y los comercializadores. Y es aquí donde debe intervenir el Estado para tratar de resolver problemas estructurales de competitividad, regulación estatal, cadenas comerciales globales y logística, más que de una cuestión cambiaria.
Productores de diferentes zonas indicaron que tienen serios problemas de rentabilidad por la continua suba de insumos claves como el combustible. También se ven perjudicados por los incrementos en tarifas, porque se trata de valores más altos que los que pagan países que ofrecen al mundo la misma producción. De este modo es muy difícil competir, porque a la misma calidad o incluso mayor, si nuestros costos son visiblemente más altos, otros competidores nos ganarán los mercados de venta.
Y la prueba de lo que decimos es que pese a la mejora en el tipo de cambio y a la eliminación de las retenciones para estos sectores, diversas actividades aún sufren la fuerte caída de rentabilidad. Los productores vitivinícolas denuncian que el precio que reciben por la uva no cubre sus costos y que existe abuso de posición dominante por parte de la industria y el comercio. En tanto, representantes de la citricultura alertaron sobre la ecuación negativa para el negocio en el litoral del país. Los frutihortícolas en general plantean similares problemáticas, de allí la gran protesta que hicieron en la Plaza de Mayo regalando peras y manzanas en estos días. Una forma original de decirle al Gobierno venderla o regalarla es casi lo mismo.
Los representantes del sector indicaron que se necesitan otras herramientas para encarar la próxima siembra como la asistencia financiera, principalmente para los pequeños y medianos productores. Desde el sector algodonero también reclamaron mejoras en materia crediticia ante los altos costos de inversión que tiene esta actividad. El fuerte impacto del transporte en los costos de producción y el deterioro de la infraestructura en diferentes regiones del país sigue afectando la rentabilidad de los productores agropecuarios. Dirigentes rurales pidieron medidas que reviertan esta situación y señalaron la importancia de incrementar las inversiones en caminos, trenes, puertos y plantas de almacenamiento de granos. Concretamente hoy le sale más barato al productor chileno traer frutas para que se vendan en la Argentina que a los productores nuestros llevarla desde el sur hasta el puerto. Y esto genera una desigualdad a la hora de exportar productos que no nos permitirá crecer, sino por el contrario vamos camino a ser una fábrica de productores fundidos trabajando.
La verdad es que hoy las economías regionales operan con una utilidad de ganancias casi nulas, por los altos costos laborales, la inequidad del sistema fiscal y el llamado impuesto a la distancia que le cuesta una fortuna al productor para trasladar su mercadería. Más teniendo en cuenta que tenemos el gas oil más caro de la región y todo se traslada en camiones, habiendo permitido que la estructura de los trenes fuera vilmente destruida, cuando se trata del transporte más barato posible para la producción.
Tampoco hay incentivos fiscales significativos para las economías regionales y este es un esfuerzo rápido que el Gobierno podría hacer para beneficiar al sector. Porque no siempre se trata de recaudar del modo más fácil: cobrando más altos impuestos. Si se produce más y se logran buenos mercados internacionales para colocar nuestros productos se exporta más y el Gobierno también recauda, pero sobre desarrollo no sobre altas obligaciones directas que terminan por ahogar al productor.
Los dirigentes del sector reclaman en este sentido un sistema impositivo diferencial que contemple la distancia de las zonas productivas con los puertos y centros de consumo.
También se reclama por el acceso al crédito ya que con tasas de 40 por ciento no se puede pensar qué actividad tiene una rentabilidad que la pueda pagar.
Circula en la Cámara de Diputados un proyecto de un Régimen de Promoción de las Economías Regionales cuenta con aval de los gobernadores del interior, del norte y del sur y además el impulso del Frente Renovador. El oficialismo estaría de acuerdo con la propuesta.
Sería muy interesante que lográramos una estrategia para las economías regionales, logrando el desarrollo de las tan diversas zonas que tiene el país, porque ese será el motor de un crecimiento sustentable. No es poco.














