Las conspiraciones vaticanas nacieron con el mundo
Los conflictos y conspiraciones vaticanas están a la orden del día, aun cuando la realidad es que las luchas intestinas por el poder nacieron con el papado mismo en este pequeño Estado religioso, pero Estado al fin.
En esta etapa, además de las intrigas de siempre entre conservadores y liberales, los conflictos que enfrenta el Papa Francisco tienen como telón de fondo una problemática muy dura e incómoda para la Iglesia: los abusos sexuales que se han venido destapando en distintos países del mundo y ya como hemos planteado en otras editoriales- no alcanza con los pedidos de disculpas del Santo Padre o las indemnizaciones que se pactan para acallar los escándalos. Hay que tomar medidas más concretas, llevar a los sacerdotes a la Justicia por parte de la misma Iglesia, además de replantear el celibato sacerdotal.
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La visita a Irlanda este fin de semana se tiñó de los escándalos de abuso sexual de menores por parte del clero, siendo un país donde ha habido enormes escándalos con la Iglesia Católica en el pasado reciente. El Papa se reunió con las víctimas de los curas pederastas y el domingo durante la misa campal pidió perdón. Pero hacia el final de la visita y poco antes de subirse al avión, se difundió una explosiva carta del exnuncio del Vaticano en Estados Unidos que denuncia una cadena de encubrimientos hacia arriba en la jerarquía eclesiástica de los abusos perpetrados durante años por quien llegó a ser cardenal, a cargo del Arzobispado de Washington, Theodore McCarrick.
La carta de 11 páginas, lapidaria y sin presentar pruebas, fue escrita por el exnuncio del Vaticano en Estados Unidos, Carlo María Viganò. Allí aseguraba que el Pontífice conocía desde 2013, es decir desde el momento en que asumió, las acusaciones de abusos sexuales contra el cardenal McCarrick. De Francisco para abajo en la cadena de mando, según denuncia, todos lo sabían.Una acusación muy seria para aceptarla solo por la palabra de un exnuncio. Pero así de fuerte se juega en materia de intrigas en el Vaticano, ahora y siempre.
Consultado al respecto, Francisco contestó: Yo no diré una palabra sobre eso. Creo que el comunicado habla por sí mismo, y ustedes tienen las capacidades periodísticas suficientes para llegar a las conclusiones. Es un acto de fe. Cuando haya pasado el tiempo, y ustedes tengan las conclusiones, quizá hable más. Pero quiero que su madurez profesional haga este trabajo, pero de verdad. Juzguen ustedes, dijo el Papa.
El exnuncio pidió una dimisión generalizada de todos, incluido Francisco. Pero cabe recordar que él mismo, en junio de 2016, fue apartado del colegio cardenalicio y el Papa argentino dispuso su suspensión en el ejercicio de cualquier ministerio público, así como la obligación de que permanezca en una casa que le será asignada para una vida de oración y penitencia. ¿Por qué? Sucedió que, además de la deslealtad manifestada en 2010 con Benedicto y la entrega de los documentos privados a la prensa, en 2014, Viganò fue centro de la polémica cuando ordenó a las arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis, en Estados Unidos, finalizar la investigación por conducta sexual inapropiada del arzobispo John Nienstedt, lo cual fue visto como un encubrimiento. Como se verá, lo mismo de lo que ahora acusa al Papa pero aquella vez se trataba de uno de los suyos.
Y en 2016, luego de mucha insistencia, Viganò prácticamente obligó a Francisco a reunirse con Kim Davis, una funcionaria de Kentucky (EE.UU.) que se negó a otorgar licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo. Este momento fue visto como un episodio negativo para la Iglesia Católica, pues Davis había alegado razones religiosas para su decisión, que fue rechazada en corte.
El de hoy es un Vaticano tan descarnado como el de los tiempos del cisma o de los Médici, tanto como ayer muchos intereses se juegan alrededor del Santo Padre; sectores progresistas y conservadores se enfrentan ahora como lo vienen haciendo desde los comienzos de la religión. Es la eterna grieta de la Iglesia Católica.
Tras la visita a Irlanda, nuevos conflictos asomaron para el Papa Francisco en una rueda de prensa en el mismo avión que lo trajo de vuelta a Roma. Un periodista le preguntó qué les diría a los padres que detecten orientaciones homosexuales en su hijo. Les diría, en primer lugar, que recen, que no condenen, que dialoguen, entiendan, que den espacio al hijo o a la hija, fue la respuesta del Papa según el Vaticano. No obstante, dicen que la prensa oficial omitió otro consejo que les daría a los padres de niños homosexuales. Según el periodista que lo interrogó, dijo además que hay muchas cosas que uno puede hacer con la psiquiatría para entender cosas.
Rápidamente, la consideración despertó críticas y se replicó en todo el mundo. La mayoría de los cuestionamientos ponían el foco en que el Papa consideró que la homosexualidad debía ser tratada como una enfermedad, o al menos así se interpretó.
La mayoría de las preguntas impartidas por los periodistas en el avión giraron en torno a los escándalos de abusos sexuales que implican a la Iglesia en varios países. La consulta estaba relacionada con que el primer ministro de Irlanda había declarado enorgullecerse por un nuevo modelo de familia diferente del que tradicionalmente propone la Iglesia.
Si hay algo que debemos tener en cuenta, católicos y no, es que el rol del Papa Francisco no está exento de las intrigas del poder y de todas las miserias humanas que lo rodean. A partir de esa certeza, hay que aprender a leer y entender cada gesto, cada declaración, cada nota, cada interpretación, de todo lo que hace el Papa, porque mucho de ello ya nos llega teñido de estos intereses. Lo único válido en términos de pensamiento de la Iglesia a través de su jefe son sus documentos, homilías y discursos, donde todo llega al oyente en estado puro. Lo demás debe ser tomado con pinzas.
Así como desde esta página hemos criticado algunas actitudes de Francisco, especialmente en su relación con Argentina, no puede negarse como virtudes de su Pontificado la prudencia y la apertura. Las propias víctimas de abuso y miembros de la comunidad gay que fueron recibidos por él reconocen en este Papa una cercanía, un espacio de contención y entendimiento que jamás habían experimentado de la Iglesia. Y cuando ha errado, concretamente en el caso de Chile, por confiar en sus emisarios, no ha demorado ni titubeado para pedir perdón.
Es justamente su apertura a la figura civil de la unión entre personas del mismo sexo (aunque no les dé entidad de sacramento), a contener en el seno de las familias y de la Iglesia a la comunidad gay y a reconocer y denostar públicamente la perversión del clero que se ha granjeado gran cantidad de enemigos en el corazón mismo del Vaticano. Como liberal que es Francisco, hay un ejército de conservadores que lo quiere fuera de la escena, justamente para que nada cambie.














