Las centrales obreras, sin paro y con un acto para visibilizarse
Hay dificultades innegables para los trabajadores, presos de ingresos fijos, con tan alta inflación y el sinceramiento de las tarifas; también hay despidos en el sector público y privado. Sin embargo, tras la unión de las cinco centrales sindicales y cuando todo hacía presumir un primer paro general contra la política económica del Gobierno, sólo se propuso un gran acto con marcha a Paseo Colón e Independencia donde está el Monumento al Trabajador, para celebrar el 1º de Mayo, encuentro previsto para hoy.
Si decodificamos la cuestión en lenguaje sindical, no podemos ignorar que lo que se pretende es mostrar el poder de movilización, visibilizar los reclamos, pero no están dispuestos a romper con la administración de Mauricio Macri. Es más: un sector sindical lo apoya abiertamente y otros que dicen estar en la vereda de enfrente no definen claramente su posición.
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Hay un dato que clarifica la cuestión que aludimos, respecto a las diferencias políticas de cada sector sindical. El miércoles a la tarde se convocó al último encuentro de gremios para demostrar la alianza de las cinco centrales obreras y acordar un documento común para leer en el acto de hoy. Que las cinco estén unidas frente a un reclamo colectivo es un hecho histórico, sin embargo la reunión terminó casi en un escándalo por la intromisión de dirigentes del PJ en medio de la cumbre sindical.
La irrupción en la sede de Upcn de los sciolistas Alberto Pérez, Fernando Espinoza y Cristina Alvarez Rodríguez provocó un sacudón que terminó por poner en riesgo la unidad en la acción lograda. Luis Barrionuevo de la CGT Azul y Blanca, por ejemplo, podría bajarse de la movilización de hoy al Monumento al Trabajo. Ya que cuando llegaron los aliados del kirchnerismo, se levantó de su silla sin dar explicaciones y abandonó la sala. Siguieron sus pasos Carlos Acuña y Gerónimo Venegas, que apoyan al macrismo.
La presencia de la dirigencia peronista fue a invitación de Andrés Rodríguez y Antonio Caló, dos gremialistas que estuvieron cerca del kirchnerismo hasta el final, pero que ahora intentan tomar distancia. Porque la realidad es que ni los sindicalistas ni los peronistas que estaban en la reunión fue a Comodoro Py a acompañar a Cristina Kirchner en su regreso al plano público.
El tema, y es comprensible, es que muchos gremios consideran que lo que están organizando es un acto sindical, no opositor, y en este aspecto queda claro el sentido que se le pretende dar a la celebración-protesta de hoy. Tal como suponemos al comienzo, los sindicatos quieren visibilizarse y contener a una tropa de trabajadores de distintos quehaceres que, a estas horas, está preocupada y pasando lo suyo.
Desde este punto de vista, Macri no tiene nada que temer del día de hoy, al contrario, hasta puede enfocar la cuestión como un sector, el sindical, que está conteniendo a un importante sector de la población: los trabajadores.
El mensaje que prepararon los gremios, como era de esperar, cuestiona el plan económico que adoptó Mauricio Macri y responsabilizan al Gobierno de la aceleración de la inflación y la devaluación, y consideran que estas medidas caen sobre las espaldas de los trabajadores. Y le exigen al presidente enfrentar a los grupos económicos que forman los precios. Además, le pedirían informes sobre el plan antiinflacionario y sobre los instrumentos para creer que la economía se reactivará en el segundo semestre, como se argumenta el oficialismo. Y obviamente piden diversas medidas: exigen que se declare la emergencia ocupacional para limitar los despidos; advierten del incumplimiento de la promesa electoral de Macri en lo relativo al impuesto a las ganancias; reclaman la universalización de las asignaciones familiares; la plena vigencia del 82 por ciento móvil a los jubilados y del derecho a huelga sin ninguna reglamentación de protocolo.
Más allá de la cuestión gremial, el Gobierno debe retomar la iniciativa en esta problemática del desempleo y la recesión con medidas más de fondo de las que hasta ahora han anunciado. Sobre todo para evitar que, como sucedió esta semana, la oposición apruebe medidas en el Parlamento que se contraponen al modelo que pretende imponer la nueva administración. La Cámara de Senadores, sin ir más lejos, aprobó por 48 votos a 16 la ley que declara la emergencia ocupacional, tanto en el sector privado como en el estatal, para detener los despidos y las suspensiones por seis meses. Tras la media sanción del Senado, la Cámara de Diputados es la que resolverá si convierten en ley este proyecto, que de ser aprobada, podría ser vetada por Macri.
Sabemos que la propuesta es rechazada por Mauricio Macri por los supuestos efectos nocivos que podría tener sobre la generación de empleo, en particular en las pequeñas y medianas empresas. Además de la prohibición de despedir o suspender trabajadores por 180 días a partir de la sanción de la ley, el proyecto establece el recurso sumarísimo de restitución del empleado cesanteado o, en su defecto, el pago de una doble indemnización. Asimismo, quedan exceptuadas de lo que exige la ley, las empresas que tomen personal tras la sanción definitiva del proyecto.
En Diputados se aprobó un despacho en comisión que es distinto al aprobado en el Senado, da más plazo aún para la prohibición de despidos y tiene en cuenta a las pymes con otro régimen. No podemos adelantar si ambas cámaras llegarán a un acuerdo para sacar una sola ley, lo que obligaría a Macri a vetar la norma y pagar el costo político frente a los trabajadores que a estas horas están temerosos de perder sus empleos.
Por eso, la forma de retomar la iniciativa de parte del oficialismo es plantear el tema descarnadamente y dejar ver modos ciertos de resolver la problemática del desempleo, más allá de la propuesta lanzada del empleo joven que, como hemos analizado en esta misma página, es insuficiente para resolver este problema que envuelve a muchas familias argentinas.













