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La violencia contra la mujer crece en el seno intrafamiliar y en la pareja

13 de mayo de 2015 a las 12:00 a. m.

La violencia de género está creciendo de modo exponencial en pequeñas y grandes ciudades de nuestro país; aquí mismo, en Pergamino, el Juzgado de Familia da cuenta en los informes que presenta en LA OPINION del crecimiento de las denuncias por violencia intrafamiliar. 

En Rufino, una localidad de apenas 20.000 habitantes, hubo una tragedia el fin de semana, Chiara Páez tenía 14 años y Manuel M., 16. Ella estaba embarazada de tres meses y él confesó que la mató a golpes el domingo a la madrugada no se sabe aún por qué. Se supone que por no querer hacerse cargo del bebé que venía en camino.

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Rufino es una ciudad que se hizo famosa por el caso Fraticelli, hace poco más de dos meses se cerró este emblemático caso que conmovió a la ciudad santafecina y al resto del país: la muerte de Natalia Fraticelli no tuvo culpables. En marzo pasado, la Corte Suprema de Santa Fe ratificó la absolución del exjuez Carlos Fraticelli, padre de la menor, luego de declarar inadmisible un recurso de inconstitucionalidad presentado por el fiscal de cámara de Venado Tuerto, Fernando Palmolelli. Pasaron casi 15 años desde el hallazgo del cuerpo de la joven en su cama y con una bolsa plástica en la cabeza. Su madre Graciela Dieser que en su momento fue presa junto a su marido y luego dejada en libertad, terminó suicidándose.

A estas horas Rufino es otra vez escenario del horror porque más allá de la violencia desmedida del joven, está claro que no estuvo solo en la macabra tarea de enterrar el cuerpo en el patio de su casa donde  seguramente intervinieron los miembros de su familia conviviente: abuelos, madre y padrastro. Todos quedaron detenidos y podrían ser imputados como partícipes del crimen que conmocionó al pueblo entero que buscó a Chiara Páez durante un día, después de que su familia denunciara su desaparición el domingo.

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Todas las redes sociales se hicieron eco de la desaparición de Chiara, quien había salido el sábado a la noche con sus amigas. Según la investigación, con las amigas estuvo hasta las 11:30 y después se encontró con su novio, Manuel. La última pista de Chiara con vida es un mensaje por Whatsapp que le envió a una amiga a la 1:20. Después no se supo nada más de ella hasta que fue encontrada muerta en un pozo en el patio de la casa de su novio.

Ante la ausencia de la chica, la Policía comenzó a buscarla no sólo en Rufino sino también en la provincia de Buenos Aires y en Córdoba. Un grupo de 300 rescatistas y vecinos rastrillaron esa localidad y también en las afueras. De esos operativos participó el propio asesino haciéndose pasar por un novio doliente.

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La tragedia tiene más condimentos: tras la caída del sol del domingo, el padre de Manuel, que es sargento de la comisaría de Rufino, llevó a su hijo al Centro Penal de Justicia. Allí, frente a policías y funcionarios judiciales, el suboficial entregó a Manuel. Dijo que había asesinado a Chiara aunque se negó a dar los motivos.

La autopsia determinó que la joven de 14 años murió por fuertes golpes y tenía un pequeño corte en el cuello y confirmó que Chiara estaba embarazada, con una gestación estimada de entre tres y cuatro meses. Aún no se pudo establecer si la joven de 14 años murió en la casa de Manuel o en otro lado y luego fue trasladada al patio de esa vivienda para enterrarla.

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El fiscal cree que Manuel no habría actuado solo en el crimen y que el asesinato de Chiara se habría planificado. Esa posición avala el padre de la víctima, Fabio Páez, por eso los restantes miembros de la casa están detenidos junto al joven. Porque, por otra parte el pozo donde fue enterrada había sido cavado por el novio de la chica unos días antes, de manera que se descarta que efectivamente hubo premeditación en el asesinato. La otra pista que abona esta hipótesis es que Manuel no pudo haber matado a su novia sin que nadie en su casa lo escuchara y sin ayuda. En la espalda del joven se encontraron heridas. Se investiga si son rasguños de defensa de la víctima.

No es el único crimen de los últimos días, aunque se destaca por la corta edad de los protagonistas, la víctima y el victimario. El 6 de mayo, en Córdoba, Gladys Britos, de 50 años, fue encontrada enterrada en el patio de su vivienda. La Policía detuvo a su expareja, Daniel Gómez, de 49 años.

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El 9 de abril, en Puerto Madero Agustina Salinas, de 26 años, fue asesinada por su novio, Marcos Alvarez, de 28. El episodio fue en la vía pública y el asesino terminó siendo ultimado por un prefecto que prestaba servicio en la zona.

Pocos días antes, el 4 de abril, en Neuquén, Laura Vázquez de 23 años fue secuestrada por su novio, Alejandro Báez, de 25, quien la transportó en su camioneta hasta desbarrancarse adrede al lago Lácar. Ambos murieron.

Cierto es que la violencia de género e intrafamiliar son males históricos; perversiones de esta humanidad que cual animal hace una presa de quien está en inferioridad de condiciones. 

La violencia de género crece, la violencia intrafamiliar aumenta, en un espiral que parece no tener fin. También es verdad que ahora las víctimas se animan y denuncian lo que antes padecían en silencio, haciendo que los expedientes se multipliquen en las dependencias judiciales, lo cual es bueno, en la medida que se apliquen penas duras y ejemplificadoras. Si no las víctimas volverán a lo anterior, a no denunciar, al sentir que es revivir el dolor en vano. Porque, aunque se aleje de su victimario, la víctima nunca vuelve a recuperar la tranquilidad, ni el sueño despreocupado, sino que su calvario continúa en tanto su agresor camine impunemente por las calles.

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Es lo poco y mucho que el Estado puede hacer: sancionar con todo rigor y mantener a raya a quien atenta contra la vida. No siempre se puede prevenir un episodio de violencia y muerte, como el caso de Rufino, en el que no se registraban denuncias previas como para anticipar y evitar semejante tragedia. Aplicar las leyes sin morigeraciones ni atenuantes y educación desde la más temprana edad (tanto para quienes ejercen conductas agresivas como para quienes las padecen) parecen ser las herramientas para combatir este flagelo.

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