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La violencia alimentada por la connivencia

27 de septiembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Los vecinos que ya pasan de los 50 años (menos incluso) no han podido naturalizar el tema de la droga como sucede con los más jóvenes. La irrupción en forma generalizada y violenta de los estupefacientes es un fenómeno que no tiene tantos años en la Argentina, aunque siempre hubo sectores adictos, pero eran los menos.

Tampoco nos acostumbramos a la inseguridad en los términos en los que se viene planteando en la Argentina y menos en Pergamino, donde siempre habíamos gozado de una tranquilidad visible en todos los sectores de la ciudad, con contadas excepciones que forman parte de nuestra hasta hace poco escueta historia criminal, en comparación con otras urbes del país.  

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Los jóvenes que no vivieron aquellas épocas de puertas sin llave y chicos que andaban solos para ir al club, a clases particulares, a pasear al centro hasta la noche, no pueden imaginar cómo se extraña esa libertad tan amplia y que hoy, por razones de seguridad, debimos resignar. De todos modos, aun con los recaudos que aprendimos a tomar, la violencia epidémica del país nos toca de cerca cada vez con más frecuencia. Ayer nomás, la ciudad amaneció con la lamentable noticia de la muerte de un muchacho de 24 años, violentamente asesinado por otros dos jóvenes, a prima facie, en el marco de una rencilla callejera (ver página 15). Peleas que siempre existieron pero que no tenían como resultado un asesinato por múltiples puñaladas. Esto da cuenta, de comprobarse la espontaneidad del hecho, que los atacantes circulaban habitualmente provistos de un arma, lo que deja en claro de que la violencia se ha encarnado en nuestra sociedad.   

Para mayores complicaciones uno de los focos del narcotráfico violento, polo de venta, distribución regional y asiento de bandas mafiosas de este macabro negocio es Rosario que, aunque pertenezca a la provincia de Santa Fe, siempre fue vecina y allí estudian muchos de los hijos de familias pergaminenses. Es más, parte de la droga que ingresa a nuestra ciudad, proviene de allí, según seguimos en la crónica policial.

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En Rosario se mezcla la venta de droga con otros delitos que la sustentan o complementan, como robos de vehículos y a bancos, todo lo que denota una temible capacidad de organización delictiva que incluye la ametralladora como la garantía de poder de fuego de los delincuentes. Hoy las bandas las alquilan a unos 3.000 pesos por trabajo, sin incluir las municiones, y muchas veces las usan para hacer intimidaciones. También las compran en el mercado negro a un precio que oscila entre los 30.000 y 40.000 pesos. Para una banda de narcotráfico mediana ese dinero es absolutamente accesible.

Sobre esta cuestión del negocio de las armas hay una clara sospecha: en febrero pasado se produjo el robo de 19.600 municiones calibres 9 mm y 38 del arsenal del exBatallón 603, en la localidad santafesina de Fray Luis Beltrán, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, decidió cerrar esa dependencia pero del destino de esas municiones, que podrían cargar 2.000 pistolas, no se supo nada hasta ahora. 

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Según la Policía rosarina, estas ametralladoras son armas antiguas que se hicieron en Fabricaciones Militares y tienen una antigüedad superior a los 20 años. Si estas armas ingresaron al mercado negro es porque existe una cadena de complicidades para que esto suceda. 

Cerrado el Batallón de Fray Luis Beltrán, hubo que buscar otro “proveedor”: la vulnerabilidad de las unidades del Ejército Argentino volvió a quedar al desnudo con un nuevo robo de material bélico en una dependencia de esa fuerza. Esta vez, la semana pasada, un grupo comando ingresó al Batallón de Ingenieros 601, en Campo de Mayo, y se llevó al menos nueve armas.

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Ya en enero pasado había “desaparecido” un misil antitanque TOW 2 de una unidad militar de La Plata; se trata de un cohete con cabeza inteligente y capaz de perforar cualquier blindaje conocido.

Es decir que en lo que va del año, se produjeron tres episodios de este tenor.  

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Además de posible connivencia policial y -vistos estos casos- también militar, lo que más preocupa es el poder de fuego que han adquirido algunas bandas. En lo que va del año se secuestraron siete ametralladoras FMK3, Halcón y PAM en poder de delincuentes. Precisamente estas ametralladoras se dejaron de usar en la Policía porque tienen un alto poder de fuego y poseen escasa precisión, lo que las convierte en un armamento peligroso para uso de personal de seguridad, ya que en un tiroteo puede haber muertes generalizadas, no sólo de delincuentes sino de civiles que estén en las cercanías. Pero las ametralladoras siguen en los arsenales y evidentemente salen de allí, de la mano de alguien, para el mercado negro del delito.

Para ser más concretos, necesariamente hay anclajes del narcotráfico en las fuerzas y algunas investigaciones exitosas (las menos en relación con el avance de las bandas) así lo demuestran: en marzo de 2014 el juez Juan José Donnola procesó a dos jefes de Drogas Peligrosas de Rosario por tramar el alquiler de una FMK3 de ese arsenal a la banda de Los Monos. El comisario Oscar Jesús Romero, de 41 años, y el subcomisario Sergio Andrés Gianola, de 40, fueron pasados a disponibilidad en 2012, luego de que llegaran dos denuncias anónimas que indicaban que estos policías habían arreglado con Ramón Machuca, uno de los jefes de Los Monos y que está prófugo desde 2013, la entrega de una ametralladora a cambio de 30.000 pesos.

Efectivos de la Gendarmería Nacional siguieron los datos de una de las denuncias y dieron con el arma en un contenedor de residuos de Marcos Paz al 4300, en el barrio de Echezortu. Allí encontraron una FMK3 hecha en Fabricaciones Militares de Fray Luis Beltrán con número de serie 50.807, más 25 cartuchos FLB y 3,7 kilos de marihuana.

Este primer caso investigado y descubierto tiene el valor de haber descorrido la cortina respecto del mecanismo usado para que este armamento pase de las fuerzas policiales a los delincuentes.

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Durante 2014 se realizaron 560 denuncias por robo o extravío de armas de fuego en toda la provincia, de las cuales 110 pertenecían a policías santafesinos.

La realidad es que este tipo de armamento hace recrudecer la violencia, por eso sube el número de muertos y heridos en Rosario en los últimos tiempos, porque en el delito normalmente todo tiene que ver con todo.

Crecen la violencia y el narcotráfico de la mano de la complicidad policial. No podemos, ni debemos, naturalizar la situación que estamos viviendo, las autoridades nacionales y de cada provincia tienen que dedicarse de lleno a este tema, pero si ni se reconoce el problema, no habremos dado siquiera el primer paso.

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