La vieja Estación Urquiza alberga un Centro Cultural
Centro Cultural Estación Urquiza, ubicado sobre la ruta nacional Nº 8.
(LA OPINION)
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DE LA REDACCION. La conversión de estaciones ferroviarias abandonadas en espacios comunitarios es un fenómeno que avanza en nuestro país desde hace varios años, impulsado por la voluntad vecinal de no condenar al olvido y la devastación construcciones que albergaron sueños, bienvenidas y adioses, marcando el pulso social y comercial de los barrios y los pueblos.
Este es el caso de la vieja estación de 1886 del exFerrocarril Mitre en el pueblo de Urquiza que, desde 2011 y gracias a la voluntad de un grupo de vecinos encabezado por Don Ismael Montoya, fue rescatada de las ruinas y convertida en el Centro Cultural del pueblo.
“Toda mi vida soñé con hacer algo así. Desde muy chico siempre anduve con estas cosas. En mi casa hice un techo con cielorraso de caña. Como artesano anduve en las escuelas enseñándoles a los niños y siempre todo ad honórem”, dijo Montoya en diálogo con LA OPINION, un artesano del cuero crudo, nacido hace 70 años en General Pinto, y radicado en Urquiza en 1960.
Don Montoya confesó que nunca estuvo relacionado con el Ferrocarril “Debo haber hecho tres viajes en tren en mi vida”, sostuvo.
Sin embargo, este personaje de pueblo sumó voluntades y, junto al delegado de la localidad, Jorge Gastaldo, le fueron ganado terreno a los yuyos, ratas, murciélagos, escombros, filtraciones, polvo y basura.
“Después de limpiar todo el predio que estaba abandonado, el 22 de diciembre de 2010 empecé a pintar el andén y después se siguió unos siete meses más para acondicionar todo el edificio”, agregó.
De a poco el lugar se fue transformando en un ámbito con la idea de albergar kermeses, festivales y talleres, además de exposiciones de viejos objetos del Ferrocarril en desuso, vidrieras y cuadros colgados sobre sus curtidas paredes.
“Cuando se cerró el Ferrocarril se juntaron todos los objetos y documentos de la época y se guardaron en la Cooperativa Eléctrica -comentó-. Cuando abrí este espacio se trajo todo para acá”. Faltan algunos objetos que Montoya guarda celosamente como por ejemplo un telégrafo. “Me parece algo muy delicado como para tenerlo ahí”.
Visita del viajero
Aunque en un primer momento se pensó como un espacio polifuncional para la recreación del lugareño, en la actualidad el Centro Cultural Estación Urquiza sólo es visitado por ocasionales viajeros. “Viene gente que está de paso los domingos. También gente relacionada con el Ferrocarril -refirió Montoya-. Alguien subió datos y fotos a la Internet y por ahí lo descubrieron. Ahora, en marzo, nos va a visitar un grupo que se identifica como Ferrocarriles de los Pueblos, gente que recorre el país ayudando a todas las estaciones de la Argentina para que no se destruyan. Me van a ayudar a limpiar y van a hacer alguna movida artística. Todo ad honorem”, adelantó.
Siete personas acompañan a Don Montoya conformando una comisión. “Yo estoy todos los días, esta es mi casa, pero ellos vienen los domingos porque todos trabajan”, aclaró.
- ¿Durante el año hacen alguna actividad para atraer a la gente?
- Sí, pero por las lluvias tuvimos que suspenderla. La idea es hacer carreras de sortijas y de barriles, y en un escenario traer un número musical para que la gente se divierta. Queremos hacerla ahora en marzo, cuando venga esta gente de afuera.
- ¿Qué proyectos tienen para seguir mejorando el lugar?
- Quiero ver si puedo cerrar una galería trasera que da al parque para tener un salón. También ver la posibilidad de comprar un tractor chico para mantener el predio.
- ¿Necesitan colaboración oficial o privada?
- Sí, toda ayuda será bienvenida. Del Municipio necesitaría una persona que pueda ayudarme en esta tarea, aunque sea tres días conmigo y el resto en la delegación del pueblo.
Despidiéndonos y mientras nos muestra el gabín de la Estación totalmente restaurado, Don Ismael Montoya indicó: “Estoy muy contento. Esto es algo que se lleva adentro y ojalá que se diga cuidando”.
Una pulpería en el pueblo
Las estaciones de trenes en los pueblos fueron como las plazas o las iglesias el punto de reunión casi obligado de su gente. Esta es un poco la intención de Montoya al armar un bar en una de las amplias habitaciones, recreando el aspecto de las viejas pulperías de pueblo. “Siempre tuve esa idea pero no la podía empezar y ya llevo un año”, comentó.
El veterano artesano echó mano a su habilidad y transformó viejas puertas de madera en exhibidores y estantes para los vasos y las bebidas. “No soy carpintero”, se apuró a aclarar, sin embargo a juzgar por el trabajo bien podría serlo.
Sobre las anchas y añejas paredes cuelgan cuadros, objetos y unas chuzas (lanzas). Además, sobre repisas se exhiben planchas, balanzas, faroles, espuelas, candados y herramientas, entre otros viejos objetos.
El bar tiene conexión con un sector parquizado donde vetustos durmientes forman bancos y mesas para degustar algunas minutas y, en ocasiones especiales asado, según indica un cartel adherido a una de las paredes.
“A los durmientes me lo facilitó la gente de Apref”, aclaró.

















