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La vergüenza de entregar nuestra dignidad y nuestros muertos acordando con Irán

15 de diciembre de 2017 a las 12:00 a. m.

Hemos planteado ciertas objeciones a las detenciones y procesamientos decididos por el que el juez federal Claudio Bonadio, entre ellos el pedido de prisión preventiva para la expresidenta Cristina Kirchner bajo el delito de traición a la Patria. Lo hemos analizado desde la mirada de la oportunidad del magistrado, su animosidad manifiesta y hasta desde la óptica más mundana de considerar que una primera mandataria presa no es algo saludable para la República. Pero hay un aspecto que hasta ahora no hemos tocado y es lo amañado del criterio esgrimido por Bonadio, quien se valió de la figura de traición a la Patria, que es aplicable para situaciones de guerra, para lo cual circunscribe el atentado a la Amia como un hecho bélico, cuando nunca fue considerado así. 

En realidad, la maniobra del memorándum de entendimiento con Irán, repudiable por donde se lo mire, responde a una decisión de política exterior del kirchnerismo y, como medida de gobierno, puede ser criticable pero no es judiciable. No sufrimos un acto de guerra por parte de Irán sino un horroroso atentado, de modo que la figura penal de “traición a la Patria” difícilmente aplique en este caso.

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Lo que no se puede dejar pasar es que durante el kirchnerismo -y esto sí debe ser parte de un análisis necesario para la sociedad- la política exterior fue perjudicial, nociva y errónea para la suerte de la Argentina. Lamentablemente la fallida intervención judicial termina tapando lo que debiéramos estar debatiendo, el fondo de la cuestión. Es decir ¿qué hizo nuestro país aliado a Venezuela, un país de democracia en retroceso, y a Irán, una nación que sostiene una dictadura religiosa que financia parte del terrorismo internacional? 

Honestamente ¿qué nos puede unir a este eje de países que, por lo demás, son rechazados por todo occidente? Algunos opinan que cuestiones de tipo comercial, es decir que se planeaba sacrificar nuestro posicionamiento mundial por un poco de dinero para sostener un sistema de subsidios imposible. O al revés: nuestro posicionamiento mundial nos dejaba afuera del mercado y no nos quedaba otra que comerciar y financiarnos con nuestros “amigos” políticos del momento. 

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En pocas palabras, el saneamiento del episodio más sangriento que sufrió nuestro país, algo que debiera ser un interés de Estado y soberano, fue soslayado en pos de los  intereses particulares de una gestión gubernamental. Y eso es repudiable, bajo todo concepto, desde lo que propuso el Ejecutivo hasta a la actitud que tomaron nuestros legisladores. Mas difícilmente desde lo estrictamente técnico se lo pueda circunscribir a una traición a la Patria.

Con la reciente confirmación por parte de Irán de las negociaciones que existieron con el gobierno de Cristina Kirchner en el marco del memorándum, claramente Irán obtenía lo que más le interesaba que era el levantamiento de las alertas rojas para que los ideólogos del atentado a la Amia pudieran pasearse por el mundo sin ser atrapados por Interpol, mientras que nosotros, según parece, íbamos a obtener energía a precios más acomodados, entre otras cuestiones coyunturales y triviales en relación con la cuestión en juego. Recordemos que para sostener esa falsa energía a bajo costo comprábamos en el mundo un insumo a precios altísimos.

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El memorándum se escribió y el Parlamento mayoritariamente K de aquellos años lo avaló. Sin embargo cuando Irán consiguió la baja de las alertas rojas desde 2013, en la que se hacía mención de las negociaciones entre la Argentina e Irán por resolver “el tema por medios diplomáticos”, ni siquiera suscribieron el convenio. Ya habían conseguido lo que necesitaban.

Y pese a que tanto el excanciller Héctor Timerman como la expresidenta Cristina Kirchner niegan haber pedido la baja de las alertas rojas a Interpol, porque se suponía que el memorándum serviría para que los iraníes fueran interrogados por la Argentina como acusados, Ahí Zarif expresó que la posición de ese país es que el memorándum de entendimiento que suscribió con la Argentina entró en vigor y aseguró que ese acuerdo implicaba el levantamiento de las alertas rojas que Interpol emitió sobre los iraníes acusados por el atentado a la Amia, en 1994. “Inmediatamente después de la firma del memorándum, los entonces ministros de Exteriores de Irán y la Argentina, cumpliendo con el artículo 7 del mismo, remitieron una carta conjunta al secretario general de Interpol refiriéndose al acuerdo alcanzado entre los dos países para colaborar a nivel bilateral, solicitaron a Interpol poner fin a las obligaciones de esa institución con respecto a la causa Amia”. De modo que queda claro el objetivo y también que la Argentina no desconocía cuál era el interés de Irán en este juego.

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Ahora el gobierno de Mauricio Macri salió al cruce de Irán y ratificó que el memorándum de entendimiento nunca entró en vigor. En un intercambio de cartas con su par iraní, el canciller Jorge Faurie reafirmó que nunca se cumplieron los pasos formales para su puesta en marcha. La carta contradice, como decimos, la defensa de la expresidenta y del ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timerman, quienes siempre negaron que uno de los objetivos del pacto con Irán fuera, justamente, el levantamiento de los pedidos de captura internacional de los cinco ciudadanos iraníes, tres de ellos exfuncionarios del régimen de Teherán, acusados por la Justicia argentina de participar del atentado.

Más aun, la Argentina durante el gobierno de Néstor Kirchner y en los dos primeros años del de Cristina, era un lujo en los organismos internacionales reclamando que Irán entregara a sus ciudadanos acusados del atentado, incluso la orden de la Cancillería era que cuando hablaran los iraníes nuestra delegación se levantara y se fuera. Esta posición nos hizo mantener una dignidad muy elogiada frente al mundo. Incluso los miembros de la comunidad judía que concurrían acompañando a la delegación argentina, terminaban llorando de emoción, porque su país los defendía como nadie.

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Por eso el cambio de estrategia de los últimos dos años en la administración de Cristina fueron tan notoriamente errados y posiblemente (no tenemos las pruebas para certificarlo) fue a pedido de Venezuela que terminamos en este escandaloso viraje con Irán, a cambio de algún beneficio económico para sostener el estilo de Gobierno. ¿Valía la pena? Absolutamente no. Puede decirse que fue una actitud asimilable a una “traición a la Patria”, pero en términos legales, habiendo pasado por el Congreso, no se trató más que de una decisión política de gestión, la más repudiable que se pudiera haber tomado.

Y ahora toca revertir el desatino, lamentable y doloroso papelón, por lo que el Gobierno está pidiendo a Interpol que renueve las alertas rojas, pero sin la leyenda que tenía, trocándola por “la Argentina ha comunicado a Irán su voluntad manifiesta de no llegar a ser parte del memorándum que la Justicia ha declarado inconstitucional”. Interpol aún no respondió, porque la realidad es que el comportamiento errático de nuestro país hace que en definitiva no demos la sensación de un país serio. Y en el círculo de la política internacional estos verdaderos mamarrachos son altamente perjudiciales para la imagen de nuestra nación en el mundo. Como un país que no conserva ni la dignidad de honrar a sus muertos por un horrendo atentado y termina sentándose a tomar un café con los autores del ataque.

Estas son las cuestiones que se deben debatir en la Argentina y no dejarnos cegar por la cortina de humo de un proceso judicial sin destino por “traición a la Patria”, esto merece una sanción social y política, un repudio de los argentinos, no un proceso amañado.

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