Mirka Duzevich y su impecable retorno al teatro
Pasión, locura, muerte y crudeza en esta lúcida mirada de la tragedia "shakespeariana".

Por Jorge A. Sharry
Para la Redacción de LA OPINION
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"Macbeth" es una de las tragedias más conocidas de Shakespeare en la que el crimen reencarna en arrepentimientos, culpas y derramamiento de sangre. Los crímenes de Macbeth que asesina al rey en su desesperado ascenso al trono, instigado por su mujer Lady Macbeth, que en la letra de Griselda Gambaro se empodera como protagonista de la tragedia.
En un escenario despojado con solo una estructura de metal por la que "danzan" las actrices, Mirka Duzevich concibe la puesta en escena del texto que pone a la "Señora Macbeth" en el lugar que el "bardo" le dio, de acuerdo a su instigación y deseo de poder.
La pasión, la locura, la vehemencia, la fragilidad, el poder, la muerte, la crudeza y, por sobre todas las cosas, el amor y el abismo hacia la definitiva caída en la demencia. La sensualidad al decir morboso de como narrar los crímenes que se están cometiendo en su honor y la ternura de quien se arrepiente, pero no quiere perder poder está en esta señora Macbeth que todo lo hace por su inmenso enamoramiento al ascendido rey Macbeth.
La obra tiene en Victoria (Vicky para muchos) Lofiego un protagonismo casi excluyente, muy bien acompañada de esas brujas que ondean con sus cuerpos entre estructuras metálicas y telas desplegadas. Lofiego encarna todo lo necesario para componer esa señora Macbeth y transitar el amor, el abandono y la locura desolada con toda la fiereza que la tragedia presupone. Hace de un texto muy difícil de abordar, la canción lastimada de esa mujer que se debate entre la sed de poder y el amor intenso y desbordado que siente por su marido.
Magníficamente acompañada por las tres brujas Lucía Tiseyra, Carmen Canga y Fidela Carruega, con intervenciones de Fabián Scaramozzino en los fantasmales personajes masculinos.
Del como Lofiego transita por la locura y hace temblar su mano acusadora en el espacio, hasta descansar entre los brazos de esas brujas que solo quieren darle un veneno que finalice su dolor y pena, es mérito de la puesta en escena en la que lo corporal se hace vivo en cada instante del misterio, "esculpiendo" coralmente sus textos, sin abandonar el vuelo de esos cuerpos que se tornan autónomos en las breves ausencias de la señora Macbeth, y allí vuelve la protagonista, con su furia destemplada, que va cobrando ternura en la caída demencial en la culpa y el amor.
Cabe destacar la música del insigne Mariano Abrate y la iluminación de Facundo Cruz, dos protagonistas irreemplazables de esta puesta en escena.
Una de las brujas le dice a Lady Macbeth: "vendrán reinas pobres, reinas mendigas en esa fracción del tiempo que es un continuo ", subrayando como siempre, lo político del teatro de Gambaro que, de alguna manera, asimila a la actualidad, esta tragedia del gran Shakespeare que, como todo lo que ha escrito, siempre está en nuestras "pesadillas".
Menuda tarea la de Mirka Duzevich trabajar con este texto y desde la corporalidad, ayudada por un elenco que muestra su entrega y una actriz que no le teme a esa larga secuencia de palabras, hasta manchar sin certeza sus blancas manos que se elevan como aves de mal agüero, en ese escenario rojizo como el mismísimo ropaje de esta Señora Macbeth.
Un espectáculo que nadie debe perderse.













