La propuesta oficial para combatir el desempleo tiene sabor a poco
En medio de una etapa de dificultades económicas, sinceramiento de la economía y despidos en los sectores público y privado (en ola o a cuentagotas, según quien opine), la oposición exige respuestas al gobierno de Mauricio Macri. También parte de la sociedad que está preocupada; en realidad, todos estamos preocupados aunque algunos viven el momento como un trance que se superará y que viene a cuento de pagar la fiesta kirchnerista mientras que otros lo soportan con angustia y la incertidumbre de no saber si podrán superar la coyuntura.
La oposición hizo oír su voz con propuestas como la prohibición de despidos hasta fin de año o la aplicación de la doble indemnización cuando se prescinde del empleado sin causa. Ahora parece que la idea podría no prosperar en el Congreso, lo que es una buena noticia, especialmente para las Pymes, ya que supondría ponerlas al borde del abismo en este momento recesivo.
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En respuesta a la embestida opositora, el Gobierno decidió retomar la iniciativa y el presidente anunció el envío al Congreso del proyecto de ley para promover la contratación de empleados jóvenes por parte de empresas de hasta 200 empleados y beneficios adicionales en las 10 provincias donde se aplicará el Plan Belgrano de infraestructura. El proyecto establece exenciones impositivas y subsidios para aquellos empleadores que den esa primera oportunidad a jóvenes de entre 18 y 24 años con menos de tres años en el mercado laboral. Las exenciones serán mayores en caso de tratarse de trabajadores con discapacidad y no tendrán límite de edad en las provincias del norte incluidas en el Plan Belgrano: Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Misiones y Corrientes.
El macrismo, por concepción y por experiencias pasadas, se niega a aceptar la prohibición de despidos como modo de resolver la cuestión, al tiempo que niega rotundamente que haya una ola de despidos como dice la oposición.
Se trate de una ola o de una etapa puntual, lo cierto es que el problema existe y es positivo que el oficialismo reconozca que falta empleo y anuncie programas relacionados a esta temática. Sin embargo, un plan de primer empleo tiene sabor a poco frente a la ausencia de trabajo genuino, teniendo en cuenta que si bien es importante que los jóvenes que pretenden sumarse al mercado laboral tengan su oportunidad, en la franja del desempleo hay parejas jóvenes con hijos que han quedado sin su salario y tienen más de 24 años. No olvidemos que estamos en una época en la que la adolescencia se ha extendido y la necesidad de los jóvenes de trabajar es necesaria pero a veces no tan acuciante como a quienes ya tienen una familia a cargo. Concretamente, la propuesta es interesante y válida, pero no es la que resolverá el problema que vivimos de desempleo en este difícil momento. Ni muchos menos reactivará el mercado interno, francamente deprimido por estas horas.
La idea del Gobierno de lograr inversiones genuinas para que se retome el círculo virtuoso del empleo genuino en blanco no sería tan inmediata, pero si la expectativa está puesta en ello, lo lógico sería que estos beneficios para los empleadores sean más acotados en el tiempo, por ejemplo 12 meses en lugar de 36, y más generalizados, alcanzando a gente de mediana edad. Al fin, si todo va como se prevé, en menos de 12 meses, la medida habría pasado a ser innecesaria mientras que el beneficio en el aquí y ahora sería mayúsculo.
Lo cierto es que para tomar más empleados, el empresario o industrial debe necesitarlo, es decir, debe encontrarse ante la necesidad de aumentar su producción porque el mercado le demanda más de aquello que hace o vende. Entonces es allí hacia donde hay que apuntar los cañones con los beneficios, a ayudarlos con algún sacrificio recaudatorio de parte del Estado para desahogarlo y que quede con más margen para producir. Y, a la par, tomar más empleados, que precisamente con dinero en el bolsillo podrán salir a consumir.
Por el momento, el esfuerzo debe venir de arriba porque los hombres de negocios son cautelosos en el corto plazo, ven un consumo parado y sin claras perspectivas de reactivación. No obstante, son optimistas en el mediano y largo plazo. Hasta que lleguen los mentados capitales, piden al Gobierno que dé el puntapié inicial retomando la inversión pública porque así, creen empujará a la privada.
Lo concreto es que la creación de empleo genuino llevará su tiempo y mientras tanto, las soluciones de la oposición, prohibiendo los despidos o la del oficialismo promoviendo el primer empleo, no parecen ser definitorias ante la situación que atravesamos.
Este tema debe encararse a través de un serio debate que tenga en cuenta la equidad fiscal, es decir que todo el universo de la industria, el comercio y los servicios paguen sus obligaciones pero que estas sean más accesibles y no ahoguen a quien genera el empleo, especialmente a las Pymes que, en definitiva, en el global son las que más fuentes de trabajo generan. Para ellas deben ser los mayores beneficios porque son las que sostienen las economías regionales. La carga impositiva de las pequeñas y medianas empresas es insoportable, no solo porque es alta sino porque al ir bajando el consumo, se hace más pesada aún.
Aquí de lo que se trata es de generar empleos no de prohibir despidos, que es una medida temporal que no resuelve el problema de fondo que, en definitiva es la recesión. No se genera empleo cuando no se puede producir más porque no hay mercado donde colocar esa mercancía.
Esta cuestión ha llevado a los gremios a realizar una protesta para el Día del Trabajador, pautada para este a Plaza de Mayo, con la mira puesta en los despidos y la recesión, ya que algunos sindicatos vienen padeciendo la baja de sus padrones de afiliados, viviendo el problema del desempleo de primera mano.
La economía, desde cualquier vértice que se la mire, es siempre una interrelación de causalidades, es decir que cada medida tiene repercusiones multifuncionales. Y es lo que sucede en este particular momento que vivimos. Para hacer una secuencia rápida y comprensible, el Gobierno ha retraído el gasto público por un lado y ha bajado el nivel de emisión monetaria por otro. Ambas medidas se pensaron para bajar la inflación por sequía de dinero circulante. Sin embargo estas decisiones claramente ortodoxas tienen como contrapartida un sufrimiento para los sectores medios de la sociedad y para las Pymes. Porque son los segmentos que no reciben los beneficios de los grupos vulnerables, ni tienen las ventajas de las grandes empresas del país.
Y es así como no se podrá generar empleo en la medida que no beneficiemos a las pequeñas y medianas empresas y no comience a salirse de la recesión, tras las paritarias y cuando el Gobierno retome la obra pública, como un comienzo.
Lamentablemente, hay un elemento que no es menor y que demuestra que el mercado argentino no responde igual que el resto de los mercados conocidos. Sencillamente porque ante la recesión los precios no bajan, como debiera ser sino que se mantienen. En este sentido, el Gobierno debiera actualizar el pago del subsidio desempleo, a la manera de los beneficios que existen en todo el mundo occidental, y a la vez convocar a un gran acuerdo económico social a fin de lograr pautas lógicas que nos saque de este momento de parálisis y se ponga en marcha el círculo virtuoso de la producción, el empleo y el consumo.
La creación de empleo genuino llevará su tiempo y mientras tanto, las soluciones de la oposición, prohibiendo los despidos o la del oficialismo promoviendo el primer empleo, no parecen ser definitorias ante la situación que atravesamos.















