La preocupación por el desempleo crece más rápido que las tasas
Hace ya tiempo que venimos señalando sin temor a equivocarnos que los efectos de la inflación, el cepo al dólar y el hiper control de las importaciones, han sido el caldo de cultivo para la recesión que padecemos.
Continuando con nuestro análisis de ayer, en el que se hizo foco en el daño que el cepo provoca a la industria, hoy vamos a profundizar en el crecimiento del desempleo, que viene conexo a esta cuestión en gran parte. Porque si no se pueden comprar al exterior elementos clave en la producción, las fábricas detienen su marcha y prescinden del personal. Y si una vez producido, no se puede exportar en buenas condiciones, la próxima vez el empresario producirá menos, con menos empleados también.
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Estas situaciones que planteamos no generan despidos masivos o cierres de plantas sino bajas de personal por goteo, se recurre a las suspensiones y las vacaciones anticipadas.
Para el hombre de a pie, de todos los efectos que puede tener una recesión, quedarse sin trabajo es el más preocupante. Y por lo tanto debería serlo para el Gobierno también.
Para un trabajador su empleo es la base con la que mantiene a su familia, es el principio de su dignidad. No estamos hablando de una cuestión banal, es un valor importante para cada uno poder vivir de su trabajo, mantener a sus hijos. De allí que cuando hay suspensiones o vacaciones anticipadas, aún cuando no se produzca el despido, toda la familia empieza a ponerse nerviosa. Porque ya no depende de la voluntad del que trabaja que pueda mantener el empleo sino de decisiones de un equipo económico. Y eso, para quien necesita de su trabajo, es casi una cuestión abstracta.
La novedad es que la cuestión del empleo mostrando señales de deterioro cada vez más fuertes, de la mano de la caída en la actividad económica, ha tenido que ser reconocida por el Gobierno, que no es precisamente afecto a poner sobre la mesa la cruda verdad.
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos admitió en el informe trimestral de la Encuesta Permanente de Hogares, un incremento de la tasa de desocupación, que pasó de 6,8 a 7,5 por ciento de la población activa comparado con el mismo trimestre de 2013 y de este año. Además, informó una caída en la tasa de empleo (medida sobre la población total) de 42,9 a 41,3 por ciento, y en el índice de actividad (personas que trabajan o buscan un puesto), de 46,1 a 44,7.
Si lo ponemos en números concretos, hombres y mujeres de carne y hueso, se sumaron 90.000 personas a las filas de los desocupados, mientras que se perdieron 450.000 puestos de trabajo en la población urbana del país. ¿Cómo es que habiéndose perdido casi medio millón de puestos, sólo menos de 100.000 (que no es poco) están desempleados? Se trata de un cálculo engañoso del Indec. En realidad, son muchos más que 90.000 los que están sin trabajo, pero no entran en la categoría de desempleado porque no lo buscan. Puede ser que estén subocupados, sean trabajadores informales o vivan de algún plan social.
Es decir, que aun reconociendo un deterioro en el nivel de empleo, las cifras del Indec siguen sin ser fidedignas.
Un ejemplo claro de lo engañoso que es este sistema de medición es que Chaco presenta 0 por ciento en su tasa de desempleo. Otro es Córdoba: el informe del instituto oficial señala que es la ciudad con mayor tasa de desocupación, con 11,6 por ciento. Esto no debiera ser novedad porque con el parate que hay en la industria automotriz, es lógico que se sienta en esa provincia donde hay tantas terminales de autos. Pero la situación de gente sin trabajo no es superior a la que se aprecia en los cordones industriales del Gran Rosario y Gran Buenos Aires. Sin embargo, según el Indec, el Conurbano bonaerense comparte con Catamarca un cuarto lugar, con una tasa de 8,7 por ciento. No obstante, si no se consideran los planes sociales, el Conurbano estaría cómodamente en la cima.
Lo mismo sucede en la región norte del país, donde se ubican varias de las ciudades con menor índice oficial de desocupación. Son bajas las cifras de desempleados porque sus ingresos provienen directamente del Estado y no están buscando trabajo formal.
Por eso no hay que tomarse de las tasas de empleo para hacer una lectura de la realidad sino del índice de actividad, que bajó de 46,1 a 44,7 por ciento. Es una caída muy grande por arriba de los dos puntos. En toda la década que pasó, desde 2003, esa tasa de participación siempre estuvo por encima del 45 por ciento, dijo Jorge Colina, director del Instituto para el Desarrollo Argentino (Idesa), y aclaró que el efecto desaliento se da mucho en el interior del país, y ahí aparece el dato de Chaco con el 0 por ciento de desempleo. Esto quiere decir que la gente que entiende que no hay puestos de trabajo, no sale a buscarlos y por eso no integra la tasa de desempleo.
Como es natural el aumento de la tasa de desocupación se da al mismo tiempo con una caída del salario real. Por eso la recesión va en aumento y esto tiene un impacto directo en la demanda de bienes y servicios, generando menor actividad económica. Un círculo vicioso del que es muy necesario salir porque es así como las expectativas del año que viene son negativas. Porque además de nuestras decisiones de política económica interna, están los efectos de la caída del precio de los commodities y la consecuente falta de dólares.
Este panorama no es precisamente alentador y el Gobierno debe hacerse cargo de la situación social y cambiar de herramientas para mejorar el modelo.
Quizá se predique en el desierto y el Gobierno no quiera cambiar el rumbo, pero debe resolver la problemática del empleo, como parte de una serie de conflictos económicos que venimos padeciendo, en orden a preservar la paz social.














