La potencia de encarnar una causa colectiva
El maratón nocturno organizado por la Fundación "Leandra Barros" ya forma parte de la agenda deportiva y social de la ciudad. Los dos años de pandemia que no permitieron que se realizara, no menguaron la vocación de la entidad organizadora de promover el evento, ni el deseo de la comunidad de ser solidaria con una causa que se inició hace diez años y que ha conseguido logros concretos y visibles como fue el de llevar adelante incansablemente las gestiones para que hoy Pergamino cuente con tecnología de última generación para el tratamiento de enfermedades oncológicas.
Aquella primera aspiración de contar con un acelerador lineal en el sistema público de salud para la realización de tratamientos de radioterapia a pacientes sin cobertura social se vio superada cuando se tomó la decisión política de construir en la ciudad un centro modelo, que hoy funciona bajo la denominación de Centro Oncológico Pergamino (COP) y es administrado por una Fundación con amplia experiencia en el manejo de este tipo de espacios. Con ese anhelo cumplido, la Fundación "Leandra Barros"- que forma parte de una comisión que junto al Municipio sigue de cerca el funcionamiento del COP y vela por el cumplimiento de sus objetivos- fue por más y con los recursos conseguidos en las distintas ediciones del maratón nocturno adquirió un inmueble en la zona del Cruce de Caminos y dio vida a un proyecto con fuerte raíz solidaria como es el de crear un hogar en el que puedan alojarse personas que necesiten realizar su tratamiento oncológico en Pergamino y no cuenten con medios para costear sus gastos de alojamiento. Ese espacio de acompañamiento a pacientes y familiares es el fruto de la reinvención de una meta y del empeño puesto en una tarea ambiciosa nacida del acompañamiento incondicional de la comunidad de Pergamino que observa en la Fundación Leandra Barros desde su creación, un espacio desde el cual gestar proyectos colectivos y promover acciones solidarias con la transparencia como premisa.
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Una mirada de los últimos diez años muestra el camino recorrido. Los primeros pasos dados a sabiendas de lo difícil que podía resultar convencer a la política de algunas acciones para que resultaran prioritarias. El golpear puertas, el conseguir promesas y compromisos no siempre cumplidos y el no decaer en el convencimiento de que la comunidad iba a poder lograrlo. El sortear los obstáculos que aparecían fruto de algunos detractores y la vocación intacta de honrar el compromiso que se había dado a la memoria de Leandra Barros, una joven mujer que falleció a causa de una enfermedad oncológica, y a la propia sociedad de Pergamino.
El primer hito significativo fue el del armado del Centro de Día "Leandra Barros" en instalaciones del Hospital Interzonal General de Agudos "San José" para la aplicación de los tratamientos de quimioterapia. Y de la mano de ello la gestión permanente de cuestiones orientadas a quienes muchas veces transitan por la enfermedad sintiéndose solos y desorientados. El armado de un banco de drogas oncológicas y la disposición constante a tocar los resortes del Estado en cualquiera de sus niveles son referencias que aparecen en la historia de la Fundación y constituyen apenas una muestra de lo mucho que se ha realizado desde esta entidad con el acompañamiento de distintos actores institucionales, políticos y fundamentalmente ciudadanos.
Y sin lugar a dudas el principal logro fue la construcción en Pergamino del Centro Oncológico, incluido en el Plan Nacional de Medicina Nuclear en una gestión política y ejecutado en una administración posterior, lo que además demostró que la prepotencia de un anhelo y la capacidad de trabajo, pueden hacer que algunas grietas se cierren y sea posible avanzar en la consecución de una meta cuando ésta resulta necesaria. Cuando por las características del Centro ya parecía que el objetivo estaba cumplido y con fondos de la Fundación no iba a ser necesario adquirir ningún equipamiento para el tratamiento del cáncer, muchos pensaron que la misión estaba cumplida y que la Fundación como tal iba a perder sentido. Sin embargo, el compromiso siguió. Y fue así que con recursos surgidos de la propia comunidad la entidad avanzó en el armado de la casa para alojar a pacientes y puso su mirada en esas necesidades que por intangibles muchas veces pasan desapercibidas de la mirada de quienes tienen responsabilidades de manejo de la cosa pública. El tiempo será testigo de cuantas otras causas podrán abrazarse desde esta entidad en pos de ayudar a otros.
Pandemia de por medio, con el Centro funcionando, no en manos de la Fundación sino con una administración propia, la décima edición del maratón nocturno volvió a hacer un ícono de cómo las comunidades son capaces de abrazar causas colectivas y sostenerlas en el tiempo. También testimonio de que política y sociedad civil pueden estar unidas en una acción común respetando sus identidades cuando lo que encarnan es el bien común.
Tal como ha sido reseñado varias veces en este mismo espacio editorial, lejos de cualquier apreciación subjetiva que pueda hacerse del trabajo de una institución nacida del seno de la propia sociedad, lo que está a la vista son los resultados y la vocación no solo de haber hecho, sino de seguir haciendo, reinventando anhelos y honrando la confianza, ese baluarte que es el que una comunidad le entrega a aquellos que toman la decisión de liderar una causa colectiva, desde el espacio que sea.











