La política como ancla en el abordaje de la emergencia sanitaria
Argentina vive el momento más delicado desde que se inició la pandemia y en lo que los principales especialistas definen como la antesala de la peor tragedia sanitaria de la historia, las autoridades políticas encuentran un sinnúmero de dificultades para administrar la emergencia. Esto sucede en parte como consecuencia de la extensión en el tiempo de esta situación, y fruto del hartazgo que han generado en buena parte de la ciudadanía las propias decisiones que tomó la política a lo largo de estos meses en los cuales el camino ha sido por lo menos errático. El interrogante sobre si utilizar o no la "bala de plata" de la restricción absoluta para limitar la circulación comunitaria del virus se planteó una vez más estos días cuando volvió a imponerse la necesidad de tomar nuevas medidas. Las dudas sobre la conveniencia o no de las decisiones políticas volvió a ocupar la agenda pública poniendo sobre la mesa la complejidad de la agenda Argentina en relación a problemas que van más allá de lo sanitario y alcanzan todas las dimensiones de la vida social y económica de un país que no soporta nuevos embates.
En el inicio de una nueva etapa de confinamiento dispuesto por el Gobierno, las cuestiones económicas y los temas políticos siempre atravesados por la grieta volvieron a imponerse ante una ciudadanía que si bien es capaz de sopesar la gravedad de la situación sanitaria y comprenderla, también opone resistencia a cuestiones que vulneran otros aspectos. Los primeros sondeos de opinión realizados por diversas consultoras para tomar el pulso del sentir ciudadano en relación a las medidas que este fin de semana comenzaron a implementarse marcan la disparidad de opiniones y la sensibilidad que encierra el tema.
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La preocupación por la vida cotidiana, lo difícil que se ha hecho vivir en Argentina y la contundencia de algunos indicadores como los de la inflación, la pobreza y el desempleo confirman la gravedad de los problemas que aquejan al país y bien o mal se imponen por sobre lo sanitario y se transforman en el ancla que le impide al poder hacer lo que debe en un contexto de mayor calma social y con un mayor respaldo por parte de la ciudanía.
En el actual contexto del país cuesta pensar la cuestión solo desde lo estrictamente sanitario. Aún a pesar de haberse determinado, la máxima autoridad del país sabe que una cuarentena estricta es de imposible cumplimiento. Haberle puesto una fecha límite abre una ventana de confianza, que sin embargo se relativiza a la luz de lo sucedido el año pasado cuando supimos construir "la cuarentena más larga del mundo".
Comprende el poder que resulta inviable como recurso si no se instrumentan acciones para contener a un sistema productivo tan al borde del colapso como el sistema sanitario. La dicotomía salud o economía quedó saldada en el debate de 2020 y no puede volver a instalarse aunque el diálogo político se empeñe en profundizar esa discusión. Todos los decisores de políticas públicas saben que la respuesta a la emergencia sanitaria es mucho más compleja y en su fuero íntimo seguramente tienen registro de las limitaciones que han tenido, aunque públicamente falten autocríticas. La administración de la pandemia requiere de la precisión de los grandes ajedrecistas que deben mover una pieza en el tablero midiendo el impacto y las consecuencias del movimiento siguiente. ¿Se analizó esta cuestión al momento de inaugurar este nuevo confinamiento?
Como se ha señalado varias veces en este mismo espacio editorial, se necesita pericia quirúrgica para asegurar que las medidas resulten de efectivo cumplimiento y sirvan para el fin que se busca. Construir previsibilidad parece la consigna obligada.
Qué cerrar, cómo hacerlo y cómo convocar a la ciudadanía a que cumpla las medidas para contener la situación epidemiológica fueron aspectos de la discusión que por estos días volvieron a ocupar la agenda de la actualidad, algo que si bien es necesario cada vez que hay que renovar un DNU vigente, también supone el riesgo de reducir el debate solo a las cuestiones operativas de implementación de acciones sanitarias imprescindibles. La realidad del país exhibe otros componentes que resulta necesario atender. Y en este sentido, resultaría conveniente ampliar la base de consulta para tener la mirada de otros especialistas, de otros actores de la vida social, política y económica del país. Algo que resulta casi imposible de pensar en un país sumido desde hace tiempo en la grieta.
Atacar el fondo del problema es una cuestión imprescindible a la luz de la realidad sanitaria que pone al sistema al borde del colapso en muchos distritos entre los que lamentablemente se incluye nuestra pequeña geografía. Ya se sabe que las restricciones por sí solas no hacen sino esconder el virus en un placard y liberarlo cuando se vuelven a habilitar las actividades productivas, educativas y sociales si esa acción no va acompañada de un incremento en el número de los testeos, de un seguimiento adecuado de casos sospechosos y sus contactos estrechos y de una vacunación que alcance el ritmo necesario para proteger a la población de los grupos de riesgo. Y si las medidas no contemplan las otras dimensiones de la vida que se ven afectadas.
Una vez más fue tiempo de barajar y dar de nuevo. Esta vez en un contexto en el que el país está inmerso en una coyuntura de inequidad de acceso a las vacunas manifiesta; en un escenario de crisis social y económica muy diferente a la realidad que exhiben otros países que han podido soportar los confinamientos con el respaldo de una mayor robustez en términos económicos; y en un contexto en el que buena parte de la ciudadanía por negación o necesidad ha resignado parte del cuidado en pos de no seguir asfixiando su presente económico. Todo ello redunda en una situación muy delicada que hay que abordar en toda su dimensión. Y frente a ello, surgen dudas respecto de cuánto capital político tendrá el Gobierno Nacional- y los gobiernos provinciales y locales ya que la política de semáforos sanitarios impone una tarea en el control de la situación sanitaria que compromete a todos los estamentos- para ejercer su autoridad y recrear aquel marco de confianza que en marzo de 2020 permitió lograr un alto grado de cohesión social y encolumnar a buena parte de la ciudadanía detrás de un objetivo común. Ese que hoy parece haberse desdibujado, quizás porque a pesar de que las medidas puedan ser las necesarias, la política en lugar de ser motor para generar adhesión, se transformó en ancla por su dificultad para construir verdaderos consensos.












