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La pobreza infantil es la más pesada de las herencias

08 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.

La Universidad Católica Argentina, UCA, dio como dato duro que a fines de 2015 había 4,9 millones de chicos de entre 0 y 17 años en situación de pobreza. Y peor aun: la indigencia, en tanto, alcanzó a 1,1 millones de menores.

Una leve mejoría se pudo observar en los últimos cinco años, impulsada por el impacto favorable de la Asignación Universal por Hijo (AUH), sobre todo para determinar la salida de la indigencia, que es el punto en que no se cuenta con fondos siquiera para la alimentación, e ingresar en un estadio de pobreza. La llegada de este beneficio alivió de alguna manera la cuestión, sin embargo no ha resultado suficiente frente a una pobreza estructural como viene exhibiendo la Argentina. Los pobres, incluso con la AUH, siguieron siendo pobres. Alguna vez deberán entender nuestros dirigentes que el único modo de cambiar radicalmente esta situación es mediante la educación y el empleo, con un óptimo sistema de salud pública. En cambio, la asistencia es un paliativo que, al mismo tiempo que ayuda, perpetúa. Es necesario, sí. Pero solo no sirve. 

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La pobreza de un niño siempre es una muestra dolorosa y palpable de los errores políticos de quienes gobiernan, porque los beneficios que se otorgan bajo el paraguas de la “inclusión” resultan ser mentirosos. Porque ayudan en la emergencia y bienvenido sea, pero perpetúa en la pobreza y la indigencia a quienes lo reciben, ya que lo único que los puede sacar de esa penosa situación es el desarrollo real y sustentable. Y la realidad es que tras la máscara de la “redistribución de la riqueza” y el relato épico del Frente para la Victoria lo único que se “distribuyó” fue más pobreza.

Teniendo que sincerar la economía frente a los pesados subsidios y falta de reinversiones del Gobierno kirchnerista en energía, es obvio que en estos primeros seis meses de Mauricio Macri esta situación por lógica no pudo haber cambiado e incluso con la crisis que recibió la actual administración es probable que esta cifra sea aún mayor en este momento. A propósito de esta problemática, la UCA prefirió no proyectar en su documento el impacto de las primeras medidas de ajuste del actual Gobierno y anunció que la próxima medición sobre la pobreza infantil se difundirá a fin de año.

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Es de advertir, además, que para trabajar sobre la pobreza la UCA hace una medición que no toma como eje central los ingresos sino varias dimensiones, como los déficits de vivienda, salud, educación, información, estimulación temprana y alimentación, entre otros. Porque se considera que todos estos aspectos hacen a las necesidades básicas de un menor, siendo los ingresos familiares una parte importante, pero no la única para establecer la condición de la pobreza. 

El Indec en septiembre mostrará las nuevas mediciones, pero su información  se basa solo en ingresos y, según opinan los especialistas, la cifra puede resultar más alta tras la devaluación y el incremento de los servicios básicos. Además de lo que implica la pobreza que no se ignora, para el actual gobierno es un problema político dar datos de pobreza más altos que los que mide la UCA. Porque aun cuando se trata de una situación heredada, los datos duros pueden impactar negativamente en la ciudadanía.

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Según estadísticas de Unicef publicadas a comienzos de mayo, la pobreza multidimensional llegaba al 30,2 por ciento (4 millones) de chicos a fines de 2015. La diferencia está en que para Unicef se está por debajo del umbral de pobreza cuando se incumplen tres derechos elementales, mientras que para la UCA el déficit de solo una de las dimensiones (vivienda, alimentación, saneamiento, salud, información, estimulación temprana o educación) basta para ingresarlos en sus porcentuales.

Damos estas explicaciones técnicas para que se tenga en consideración qué implica la pobreza infantil de acuerdo al tipo de medición que se efectúa. Más allá de que, cualquiera sea el método de medición, es muy doloroso que después que la Argentina tuvo en la década pasada los mejores vientos de cola internacionales para sus exportaciones, sobre todo las agropecuarias, el resultado de los errores políticos del modelo económico anterior haya dado como resultado tan abultada cifra de pobreza. 

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Y hablamos e insistimos respecto del desarrollo del país, del trabajo genuino y bien remunerado porque, al fin, los beneficios por hijo y otros subsidios a la pobreza, aunque necesarios en el momento, no son suficientes para garantizar para el crecimiento de nuestros niños de los sectores más vulnerables. No son suficientes y no son el camino para erradicar la pobreza, de nadie.

Es realmente escandaloso que estemos hablando de estas cifras de pobreza infantil, en una nación que podría alimentar a medio mundo con su producción. Y es aquí donde se deben sopesar los resultados de las políticas económicas que se aplican, no solo la ayuda momentánea, sino mirar sobre todo lo que resulta en el tiempo de estas medidas.

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No estamos planteando que no se otorguen subsidios por hijo, este beneficio está en muchos países del mundo, en Estados Unidos por ejemplo desde hace muchas décadas se otorga también. Lo importante es lo que el Estado hace “mientras tanto”  para resolver la pobreza estructural. De lo contrario sucede lo que ahora se ve en la Argentina, que la pobreza se perpetúa y se incrementa. 

Porque es el crecimiento real de un país lo que permite que los niveles de pobreza cedan y pese al relato inclusivo del gobierno kirchnerista, lo cierto es que los indicadores muestran que aquí el drama se ha profundizado en los años de bonanza de nuestro país. Sólo la mala praxis económica, entonces, puede haber generado esta situación de desigualdad para nuestros niños, una vergüenza que según como se mire es peor que la corrupción, aunque un hecho y otro están muy relacionados. Para ponerlo en los términos justos la corrupción es parte de las causas y la pobreza infantil es una de las más indeseables consecuencias.

 

Viendo estas cifras de pobreza, los argentinos deberíamos exigir al Gobierno, en este caso el actual, que sus esfuerzos sean dirigidos al crecimiento del país, un objetivo en el cual el macrismo parece enfocarse. De la buena praxis de la actual administración depende que estos horrendos porcentuales de pobreza infantil se vayan superando en el tiempo.

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