La pobreza es el síntoma, no la enfermedad
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, que analiza la situación socioeconómica del país en 2010-2015, pero también hace una evaluación cualitativa de la situación en este año, advierte que la inflación no solo golpea a los sectores más vulnerables sino también a un amplio sector de clase media baja, con trabajos precarios o pequeños comercios familiares.
El análisis, más allá de las cifras que igual son parte del informe, es acertado toda vez que este sector no ha sido pensado en el marco de la protección que debe brindar el Estado y padece la caída del consumo, empujado por el incremento de los costos por los tarifazos en los servicios, al tiempo que debe enfrentar los continuos aumentos de precios de insumos, con el agravante que el primer fusible en saltar en esta especie de cortocircuito es el empleado, del cual se prescinde -no sin pesar- como primera medida antes de bajar las persianas. Estos actores, el pequeño comerciante y desempleado, son los llamados nuevos pobres y son producto de la crisis económica fagocitada por el desatino del Gobierno a la hora de distribuir las cargas del ajuste.
Las mas leidas de Opinión
Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
Colocar el flagelo de la inseguridad en la agenda urgente
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
No es novedad que la inflación es el impuesto más distorsivo y que perjudica a los que menos tienen y a los sectores medios y medios bajos. Y hay dos cuestiones clave llegado a este punto: una es la referida a las ayudas y planes que nacen de la emergencia y se prolongan en el tiempo, lo que demuestra que no ha habido hasta ahora estrategias serias de desarrollo del país.
No se niega la necesidad y es menester que el Estado asista a los sectores más vulnerables, familias muy numerosas con menores, niños de otras capacidades. Pero lo que corresponde es que esa ayuda se dé en el marco de un plan estratégico que no los perpetúe en la asistencia. Este plan debe ser la primera preocupación de un gobierno y consiste en generar las condiciones para el crecimiento de la productividad y, específicamente en este momento, sostener la ya existente, procurando que no cierren comercios, empresas e industrias. Sosteniendo las actuales fuentes laborales y procurando nuevas, cada vez menos será la gente que requiere de la asistencia del Estado para comer y vivir. Es decir, la ayuda social debe ser una pata de una estrategia más amplia y no una estrategia en sí misma. Debe ser el paliativo durante el tránsito hacia el desarrollo que permita que todos puedan ganarse dignamente su salario. Es claro que si se torna indefinida la situación de los beneficios es solo porque se pretende eternizar la situación de pobreza. Lo hemos dicho en otras oportunidades, un plan Progresar o la Asignación Universal por Hijo, no saca a la gente de pobre. Ergo, no puede considerarse la solución a la pobreza. Esa viene por otro lado y para ella hay que trabajar, lo demás tiene que ser un paliativo temporal.
Lo necesario no es poner más dinero en los bolsillos de los pobres sino trabajar en un plan de desarrollo que genere empleo y que el país crezca de modo real porque la pobreza estructural, la que con el paso de las décadas se ha transformado en endémica es imposible de erradicar con políticas asistenciales, solo la mejora del país se logra a lo largo del tiempo y si el despegue se hace sustentable en el tiempo.
La otra cuestión es la de los sectores medios y medios bajos que no reciben ayudas sociales por no calificar, es decir por no ser tan pobres, y deben enfrentar la crisis y la inflación sin más apoyo que su salario. Para este sector también es elemental que el país crezca, que haya mejores oportunidades laborales y, sobre todo, que se derrote la inflación porque de eso depende que puedan progresar. Según el informe de la UCA hay más de un millón de personas en esta situación de ir cayendo en la pobreza por inflación. En este caso la mejora, si la inflación se detiene, puede ser más rápida ya que se trata de ciudadanos con empleo cuyo salario hoy resulta insuficiente.
A fines de 2015 el 29 por ciento de los argentinos estaba alcanzado por la pobreza, y que en el primer trimestre de 2016 se habían sumado 1,4 millones de personas, llegando entonces al 34,5 de la población, un total de 13 millones de personas. Este nuevo informe señala a aquel como un dato preocupante que no dejó de ser una estimación conservadora. En otras palabras, achaca que muchos de los nuevos pobres, en realidad ya lo eran pero estaban solapados por alguna ayuda social en particular, otorgada precisamente por el anterior gobierno para no engrosar este índice. Lo mismo sucede con la tasa de desempleo, que dentro de la gente que no tiene un trabajo incluye solo a los que lo buscan. Por lo que si un desempleado se abastece de planes y changas y no declara estar buscando trabajo, el Indec no lo incluye en la tasa de desempleo. Nuevamente la asistencia del Estado utilizada no como un paliativo sino planteada como el modo de reducir los índices que nadie quiere ver altos.
Mauricio Macri tiene un proyecto para el despegue del país y su posterior desarrollo, sin embargo donde aún no encuentra el camino es en el modo de repartir los costos de la herencia recibida, por ejemplo, en materia energética. Las decisiones políticas socioeconómica que tienen la intención de enfrentar tanto los desajustes heredados de la administración anterior, como crear las bases para un nuevo modelo de desarrollo de más largo aliento, deben necesariamente contemplar el momento, la crisis por la que atravesamos en este preciso momento.
Si el Gobierno resuelve satisfactoriamente el problema más complejo que tiene entre manos que es el de las tarifas, donde han caído en una clara mala praxis, la inflación comenzará a ceder, porque además hay recesión y naturalmente esto ayudará a la baja de precios y se incrementarán las ofertas.
El momento es duro y difícil, aunque las intenciones de Macri van en el sentido correcto, según lo dicen las encuestas, que señalan que, a pesar de todo, goza de un respaldo social importante. El tema sería encontrar el equilibrio en esta convalecencia entre asistir a los más pobres y también a Pymes, empresas e industrias para que este último grupo pueda lo antes posible estar reactivado y generando nuevas fuentes de trabajo que achiquen verazmente los números de la pobreza. Con ello, disminuiría la cantidad de asistidos y en consecuencia el déficit fiscal.
En síntesis, cuando vemos el informe de la UCA no deberíamos detenernos en la cifra ya que para cualquier gobierno sería muy fácil achicarla y que todos quedáramos contentos, sencillamente poniendo más plata en los bolsillos de la gente. La pobreza es el síntoma, no la enfermedad a curar. Por eso lo que esperamos, de una vez por todas, es que se combata la enfermedad, generando crecimiento y ocupación, aplicando los paliativos que sean necesarios en el mientras tanto.














