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La pesada carga tributaria le quita competitividad a nuestra economía

02 de diciembre de 2014 a las 12:00 a. m.

 

No es sencillo comparar salarios en el mundo, entre distintos países, porque lo que ganan de sueldo no es la clave sino el estándar de vida que implica lo que se llevan de bolsillo. Por eso son las variables interconectadas las que permiten hacer comparaciones de este tipo. Por ejemplo, al analizar la situación de los salarios, hay que considerar el costo de vida de los países que se comparan (para qué alcanzan, expresándolo en lenguaje más coloquial) y qué proporción de las ganancias implican los sueldos en las empresas y en el gasto del Estado.

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Con la presión tributaria pasa lo mismo. Lo que cada país paga como impuestos debe guardar relación con las ganancias que se producen y, fundamentalmente, con la inversión que debe retribuir y los servicios que contrapresta el Gobierno por esos impuestos.

Y es en ese marco que la Fundación Mediterránea  realizó un estudio y se anima a afirmar que la Argentina tiene un nivel de presión tributaria cercana al 34 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), comparable a la de los países desarrollados, pero sin la misma contraprestación de servicios públicos, huelga decir.

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Aunque el nivel de presión tributaria bajó apenas luego de que se recalculara la base del PBI, desde que Axel Kicillof está al frente del Ministerio de Economía, sigue estando entre los más altos de la región y del mundo, según dicen los expertos en el tema se evidencia en la comparación. La presión tributaria consolidada, es decir sumando los impuestos que cobran la Nación, las provincias y los municipios, los números de Argentina serían de 33,4 y 36,8 por ciento. En Uruguay la presión es del 26,3 por ciento; en Chile el 20,8; en Colombia el 19,6; en México el 18,9 y en Perú el 18,9. Todos los casos, cercanos geográficamente y de similar idiosincrasia, se muestran sensiblemente más bajos.

Veamos los países más desarrollados: Alemania 40 por ciento; España 32,9 por ciento; Canadá el 30,7 (en este caso hasta la medicina es estatal únicamente, no es un dato menor); Japón 28,6 por ciento, Australia 26,5 y Estados Unidos 24,3 por ciento. Siendo de 10 puntos menos que en la Argentina, los norteamericanos siempre se quejan de los altos impuestos que pagan. ¡Y vaya si los pagan! Desde el empleado del McDonalds hasta el más encumbrado empresario deben presentar y pagar anualmente su declaración de TAX (IVA) que incluye desde la compra de un caramelo hasta un lujoso yate. ¡Deberían darse una vueltita por la Argentina!

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Lo cierto es que nuestro país tiene una presión tributaria similar a las de los países más desarrollados, cuando nuestros servicios estatales están lejos del primer mundo, en cuanto a calidad y eficiencia. Además estos países tienen una muy baja y controlada inflación; si a nuestro porcentual le incluimos el impuesto inflacionario, se eleva la presión tributaria de Argentina hasta cerca del 37 por ciento.

Por otra parte, en los países más desarrollados la evasión impositiva es muy baja porque los controles se ejercen y las penalidades son duras y a cumplir. Trabajar con una empresa de manera informal en naciones como las del primer mundo, se transforma en una aventura que puede terminar muy mal.

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En la Argentina la presión tributaria legal termina recayendo con toda su fuerza sobre los contribuyentes que cumplen puntillosamente con todas sus obligaciones tributarias. Si se controlara más y bien el trabajo en negro y a las empresas que son como fantasmas y eluden pagar impuestos, quizá la presión impositiva se podría aliviar al ingresar mayores contribuyentes a la recaudación del Estado.

Lo que significa una alerta para nuestra economía y las empresas es que se busca recaudar recursos para financiar el gasto público, con nada de eficiencia y poca equidad.

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El aumento más alto se origina en la recaudación de Ganancias y de Ingresos Brutos, este último, de origen provincial. Pero también suben las cargas sociales, el impuesto Inmobiliario, el Automotor y hasta las tasas municipales (si bien tienen carácter de impuesto porque conllevan a una contraprestación directa) en estos años se han vuelto un gasto mucho más significativo que antes. De todos modos la carga más pesada son los impuestos nacionales en la proporción de PBI que se llevan.

Un estudio del Instituto Tributario refleja que la presión fiscal es en este momento la más alta de toda la historia en la Argentina, y la más alta de toda América, superando a Estados Unidos, Canadá, México y Brasil.

Pero hay detalles, variables como decíamos al comienzo a tener en cuenta. Canadá además de educación y seguridad tiene medicina sólo estatal. En Alemania, gas y luz están incluidos en los impuestos. Los países escandinavos ofrecen una buena calidad de servicios públicos esenciales, como salud, educación, seguridad e infraestructura, de tal forma que los contribuyentes, después de pagar los altos impuestos, no deben asumir más gastos en dichos servicios. Aquí esto figura en la letra escrita pero en los hechos es sabido que muchas de estas prestaciones deben ser complementadas por pagos adicionales para alcanzar el estándar de calidad pretendido. 

Los expertos en tributos opinan que aunque la oposición prometa bajarlos impuestos si gana las elecciones, se deberá tener mucho cuidado, porque por un lado es necesario bajar la presión para hacer la economía más competitiva, pero también existe un elevado déficit fiscal, del que no se desprenderán de la noche a la mañana. Porque de más está decir que todo lo que el Estado recarga con impuestos se traslada al precio final de los productos, que cuando salen al mercado quedan muy por arriba en costos a los de otras naciones. 

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Lo que recomiendan los especialistas al nuevo Gobierno que gane las elecciones el año que viene es solucionar el problema de los derechos de exportación, que con los actuales precios internacionales de las materias primas y la situación de la competitividad industrial ya no se justifican en los niveles actuales. Debe eliminarse el impuesto al cheque, que fue una medida de emergencia hace años, en la administración Menem y vino al final para quedarse, eliminar el impuesto a la Ganancia Mínima Presunta, bajar el impuesto a las Ganancias a las Personas Físicas, actualizando las escalas, congeladas desde el año 2000, y elevar el piso de Bienes Personales. El IVA también podría ubicarse unos puntos por debajo, compensando con un mayor control. Porque si todos pagaran, se podría sostener el mismo nivel de ingresos al Fisco.

Si quienes sucedan a Cristina Kirchner quieren bajar la presión tributaria la receta que ofrecen los especialistas será la que menos haga sufrir a la economía y a la que mejor nos adaptaremos en poco tiempo. Porque la baja de impuestos lisa y llana obligará a mayor emisión para cubrir mayor déficit y eso implicará más inflación y más deuda pública.

Las recetas están, ahora lo importante es que la dirigencia política asuma la realidad  la ponga en práctica.

 

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