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“La Peque”, ejemplo de la mejor alianza entre Estado y ciudadanos

09 de agosto de 2016 a las 12:00 a. m.

Paula Pareto acaba de pasar a la historia del deporte argentino al conseguir la histórica medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.  Es la primera mujer que ostenta este galardón y en judo, un deporte amateur, sin historial glorioso ni popular en nuestro país. Pero por sobre todas las cosas, su logro constituye un ejemplo para los jóvenes argentinos.

Porque además de deportista “La Peque”, como la han bautizado porque es bajita y delgada, es médica e hizo toda la carrera en paralelo con los duros entrenamientos deportivos. Máxime cuando el judo, como todo deporte amateur no ofrece ninguna facilidad monetaria, al contrario. Fue enorme el sacrificio de viajar de La Plata a San Fernando para entrenar. En esas tres horas de colectivo se llevaba libros y escuchaba clases de Medicina. Sacrificio real, tanto en lo deportivo como en lo profesional, especialmente por tratarse de una de las carreras más exigentes. 

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Es muy interesante lo que ella dice con respecto a la dificultad a la hora de combinar el estudio con el deporte de alto rendimiento y dice: “La clave es aprovechar cada minuto. Cuando hacés una cosa sabiendo que tenés poco tiempo, la hacés 100 por ciento, aprendés a utilizar bien los tiempos. El que tiene tiempo de sobra normalmente lo pierde”.

La verdad es que su experiencia avala sus dichos, porque ha llevado adelante una carrera universitaria ardua y un deporte de mucho rendimiento en los niveles a los que ha llegado. Y es para reflexionar respecto de la posición de “La Peque” porque en realidad hay tantos jóvenes que haraganean para hacer un deporte, cualquiera sea, o llevar adelante con éxito sus estudios, que da pena cómo desperdician su vida y sus oportunidades. 

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En Pareto se conjuga lo mejor del contrato social: por un lado, un Estado presente, ofreciendo estudios superiores gratuitos y más recientemente el estímulo económico para perfeccionarse en el deporte, y por el otro, una ciudadana optimizando estos recursos y poniendo todo de sí para sacar el mejor rédito a estas posibilidades.

Esto habla de que las oportunidades están y que no se trata de pedirle más al Estado sino de hacer un correcto uso de ellas. “La Peque” no abunda en dinero pero se valió de todo lo disponible; no necesitó un plan Progresar que le entregara dinero para ir a la facultad sino que entendió que el Estado ya hacía su parte al ofrecerle estudios gratuitos.

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Los deportes amateur, además, siempre se han desarrollado a costa de quienes los practican y su familia. Algunos pocos y de deportes populares cuentan a veces con sponsors y algunos menos aún logran convertirse en profesionales. Esta circunstancia fue mencionada en muchas ocasiones cuando se realizaban los Juegos Olímpicos como un factor que ponía a nuestros deportistas en desventaja frente a los de otros países que, justamente por ser amateur, sus gobiernos destinaban a ellos el dinero necesario para formarse y capacitarse. Esta situación cambió a fines de 2010, cuando el gobierno de Cristina Kirchner resolvió de manera acertada crear el fondo del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Desde entonces, el 1 por ciento de nuestros abonos de telefonía celular se destina al fomento del deporte amateur. Con este dinero, todos nuestros deportistas de alto rendimiento tienen acceso a entrenamientos con especialistas y viajes para capacitarse y competir en juegos que se dan en el período entre Olimpíadas, lo que los “foguea” y les permite medirse antes de llegar a la gran cita. También, de acuerdo con los logros que van consiguiendo en estos certámenes, se les concede una beca. Tal es el caso de nuestro karateca Franco Recouso, que forma parte de los alcanzados por este fondo, dada sus performances internacionales, lo cual constituye una representación del país. Desde este punto de vista es que el entonces gobierno entendió que no se los debía abandonar en la preparación si luego queríamos compartir su gloria.

Respecto de haber obtenido la medalla de oro, que dio la primera y esperemos no única alegría a la Argentina, viviendo el emocionante momento en que se levantó nuestra bandera en señal de victoria, dijo Paula: “Era una oportunidad que tal vez no volvería a darse en la vida. Si perdía dando todo, seguramente no lo iba a sufrir tanto, pero no quería sentirme así y eso me dio la fuerza para no desperdiciar la chance en la final”.

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Mientras hizo la dura y extensa carrera de Medicina, no paró de atesorar trofeos: medalla de bronce en los Juegos de Beijing 2008 y de oro en el último Campeonato Mundial de Yudo 2015 en Kazajistan. Además, en diciembre último recibió el Olimpia de Oro por ser la Deportista del Año. Ella sabe que cada vez que se acerque un Juego Olímpico se la va a recordar por haber sido la primera argentina que ganó una medalla olímpica de oro en su especialidad.

Respecto a su título de médica, Paula dice que ahora va a especializarse en medicina del deporte, un modo de unir a sus dos pasiones y con el nivel de esfuerzo y concentración que ha demostrado tener, también será una gran profesional. 

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Como planteamos, el ejemplo de Paula Pareto tiene otros costados para tener en cuenta, porque su triunfo es el resultado de su esfuerzo personal, sin ninguna duda, habiendo cursado su carrera de Medicina en una universidad del Estado, sin más reclamos que la educación pública. Lo que demuestra que quien quiere estudiar tiene la posibilidad sin más incentivo que tener una alta casa de estudios gratuita. Solo es cuestión de hacer el propio esfuerzo, que se suma al que hace el Estado. Y tener voluntad, esto es fundamental. Porque es la voluntad la que genera el esfuerzo y las ganas de superación personal. 

Y por si no le faltaran virtudes, tiene honor y humildad en su deporte, recorren las redes sociales las imágenes de cuando no ha ganado alguna pelea y ella misma ha levantado literalmente a la triunfadora. Su estilo la hizo muy popular entre los deportistas que, pese a ser altamente competitivos, todos se emocionaron cuando ganó la medalla de oro y llovieron los saludos de los mejores del mundo. 

Ella, fiel a su perfil bajo, compartió estos días en la villa olímpica, un lugar que también es reflejo de lo todo lo bueno que tiene el deporte, ya que allí conviven sin distinciones deportistas que ganan millones con aquellos que la pelean a diario para entrenar y llevar el pan a la mesa. La joven de San Fernando está dando una lección a todos los argentinos jóvenes de cómo los objetivos se logran con voluntad y concentración, sobre la base del esfuerzo personal y haciendo correcto uso de las posibilidades que otorga el Estado para quienes las quieren aprovechar.  Y que en este caso no ha sido poco, por el contrario, recibirse de médica y ganar una medalla olímpica de oro en un deporte de alto rendimiento, es realmente producto de una tarea titánica, que “La Peque” demuestra que es posible.

Destacándola a ella, sobresale que hay un sentido de la ejemplaridad perdido en el tiempo en nuestro país, con una juventud que reclama todo tipo de incentivos y prerrogativas para ir a estudiar gratuitamente la carrera que les dará de comer por el resto de sus vidas, pero no lo avalan, en muchos casos, con el esfuerzo necesario. Paula Pareto nos trae nuevamente a esa realidad donde se puede lograr los sueños, con los recursos que hay a disposición de todos, si se está preparado para pelear por ellos. 

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“La Peque”, un ejemplo de la mejor alianza estratégica entre Estado y ciudadano.

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