La necesaria marcha atrás de Macri con los nombramientos para la Corte
Uno de los conflictos que atravesó el macrismo en sus primeros tiempos de gestión, fue no haber llamado al Parlamento a sesiones extraordinarias, como se estila ante cambios de administración. Es así como los primeros pasos presidenciales de Mauricio Macri fueron decididos por decreto, hasta que pretendió nombrar (ad referéndum del Senado) dos miembros de la Corte y allí fue cuando las críticas arreciaron. Pero no en la oposición, lo que era obvio iba a suceder, sino de parte de constitucionalistas, muchos de los cuales confesaron haberlo votado.
Ante la respuesta, Macri retiró el decreto, demostrando que es capaz de rectificar errores, sin persistir en ellos para que un tema termine en una crisis. Para un mandatario es una virtud saber dar un paso atrás cuando se ha equivocado, el poder presidencial conlleva a la tentación de no dar nunca marcha atrás, pero el presidente puede eludir ese comportamiento.
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Finalmente y para descomprimir la situación, Macri remitió al Senado los pliegos que designan a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz como jueces para ocupar las vacantes de la Corte Suprema de Justicia. Por eso afirmamos que la medida implica una clara marcha atrás en la decisión inicial adoptada en diciembre por la administración macrista, que intentó nombrar en comisión por decreto a ambos juristas. Imagínese el lector que se nombran dos jueces en comisión y cuando el Senado se reúne rechaza esos pliegos: ¿qué sucederá con las decisiones tomadas mientras estén por decreto? Es inquietante e innecesario hacer las cosas mal cuando es mejor hacerlas bien.
Ahora, el Gobierno avanzará con las designaciones siguiendo el mecanismo contemplado en la Constitución nacional, que establece que los magistrados del máximo tribunal de Justicia necesitan el acuerdo del Senado con el voto de los dos tercios de los presentes.
El envío de los pliegos sería complementado con la convocatoria a sesiones extraordinarias este mes de febrero, como corresponde. Claro que esto llegará una vez que se den las puntadas finales con los gobernadores del PJ para que alcancen un acuerdo con el Gobierno a su reclamo de fondos vitales para el normal funcionamiento de sus provincias. Si hay consenso, se trataría una agenda circunscripta al Senado con acuerdos diplomáticos y militares y el inicio del tratamiento de los pliegos de Rosatti y Rosenkrantz. No olvidemos que Macri está en franca minoría en el Parlamento. De modo que todo deberá darse por consenso.
Desde el peronismo, el jefe de la bancada de senadores de la principal fuerza de oposición, Miguel Pichetto (Río Negro), manifestó su satisfacción por el camino elegido por Macri, lo que permite un diálogo serio. El envío de los pliegos puede leerse como un triunfo del bloque del Frente para la Victoria, que en diciembre formuló una dura advertencia al anticipar que rechazaría el pliego de cualquier postulante a la Corte que jurase en el tribunal en virtud de una designación por decreto. Ante esta situación, el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, dijo que no permitiría que asumieran dos jueces de la Corte sin acuerdo del Senado.
Ahora hay que estudiar los antecedentes de los candidatos en audiencia pública en la Comisión de Acuerdos porque la Constitución nacional pone la vara muy alta para la designación de jueces de la Corte, ya que impone una mayoría necesaria de dos tercios, lo que obliga a consensos amplios.
La cuestión de la Corte Suprema fue siempre tema de cada gestión de Gobierno. Raúl Alfonsín hizo sus nombramientos en los albores de la democracia recuperada, hubo juristas y algunos radicales; Carlos Menem amplió los miembros de la Corte para poder incorporar a jueces adictos, lo que fue muy criticado en su momento. La llegada de Néstor Kirchner significó un huracán en el alto organismo judicial, porque pidió la renuncia a los magistrados nombrados políticamente y armó una Corte de lujo con juristas de nota, algunos que venían y otros nombrados. Fue muy bien visto por la ciudadanía. La realidad es que la situación de la Corte se fue deteriorando durante la gestión de Cristina Kirchner, porque entre fallecimientos y renuncias, la Corte quedó con tres miembros y la oposición se negó a remplazarlos, hasta que culminara el mandato kirchnerista. Mientras el oficialismo fustigaba al centenario Carlos Fayt para que se jubile por edad. No lo lograron, Fayt fue de una voluntad implacable y renunció cuando terminó la gestión presidencial.
Lo cierto es que urgen los nombramientos de la Corte, pero hechos a la manera que manda la Constitución nacional. Porque lo que debe tener en cuenta el hombre de a pie, es que los fallos del alto tribunal generan jurisprudencia, que luego siguen como si fuera una ley en los tribunales inferiores. De modo que si bien la Corte está en el pináculo de la pirámide jurídica de la Argentina, esto no implica que su resolución esté tan lejana de la realidad de todos.
Visto desde el punto de vista práctico, es muy importante el nombramiento de los miembros de la Corte, sus tendencias, su pensamiento filosófico del derecho, porque de eso dependen las decisiones que van a tomar y que repercutirán en los tribunales inferiores.
No es poco













