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La modificación de Ganancias mirada tras el vidrio político

08 de diciembre de 2016 a las 12:00 a. m.

La Cámara de Diputados dio media sanción a una actualización del impuesto a las Ganancias, en contra de la propuesta oficialista y con la novedad de que toda la oposición se unió para derrotar al macrismo. Y sin entrar en consideraciones técnicas respecto de lo aprobado, lo que sería motivo de otro análisis, desde el punto de vista político podemos afirmar que ha comenzado el año electoral, aunque aún no sea 1º de enero.

La conferencia de prensa realizada en el Salón de Pasos Perdidos de parte de el arco opositor, básicamente son todos peronistas de distintas vertientes, demuestra que nunca están dichas las últimas palabras cuando se trata de experiencias movimentistas. Así las vedettes de la tarde fueron Axel Kicillof y Marco Lavagna, compartiendo micrófono como si siempre hubiesen compartido espacio. 

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Nadie se despeina en la política argentina por desdecirse, cambiarse de bando, acordar lo impensable o dar por válido aquello muchas veces descartado. Los massistas y los peronistas, desde los K hasta los justicialistas, se mostraron juntos para defender el salario del trabajador que menos gana –dijeron- mientras el oficialismo descolocado los vapuleaba sin piedad. Lo más preocupante es que la sociedad que mira estos movimientos es escéptica respecto de cuánto les interesa, de verdad, a unos y otros, lo que vaya a cobrar con el nuevo régimen de Ganancias.  Ni Mauricio Macri que prometió en campaña desaparecer el impuesto al salario y hasta ahora lo pagan el doble de empleados que antes, hasta el kirchnerismo que se negó a cambiar escalas en 12 años y ahora dice que lo que hacen es coherente.

Tampoco se mostró preocupación por cómo se va a cubrir el tremendo hueco que va a quedar en las arcas del Estado de aprobarse en el Senado la medida, algo que sí preocupa y mucho a los gobernadores puesto que Ganancias es un tributo coparticipable y la mayoría de las provincias cuenta con estos fondos como parte gravitante de su presupuesto.

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Y decimos que en este país nadie se pone colorado con sus virajes, porque era imposible imaginar que el peronismo se hubiera unido en todas sus fracciones, como se unió en este caso, para tumbar un proyecto clave del presidente. Sin embargo si algo sabe hacer el peronismo en cualquiera de sus vertientes es oler el momento y la realidad es que el oficialismo, con algunos furcios, ha ayudado a generar también esta situación. ¿Se hubiesen unido si el segundo semestre no hubiera resultado una promesa no cumplida, si no hubiese recesión y movilización callejera?  Pero como Macri conserva buenos índices de aceptación popular, el peronismo quiere cambiar la imagen presidencial de cara al año electoral. Nada mejor que presentarse como los buenos de la película, con una ley simpática aunque seriamente peligrosa. Claro que nadie niega -y lo hemos planteado en más de una ocasión en esta misma página- que cobrar Ganancias sobre los salarios era improcedente y distorsivo de la economía en general. Pero el modo y la oportunidad de Massa y sus repentinos aliados que hasta ayer mismo consideraban inviable la eliminación del gravamen, no son los recomendables en este momento del país. Pensemos que además de la dependencia económica de las provincias se ponen en riesgo las ayudas sociales: hoy, de cada 10 pesos que recauda el Estado, 6 son destinados a la asistencia. ¿Cómo sostener esta proporción con la disminución drástica de ingresos? Todas las vías alternativas para recaudar están en veremos y los planes y la ayuda deben estar disponibles de hoy para mañana. Parece que intempestivamente Sergio Massa se ha olvidado del gradualismo por el que tanto bregó en otras cuestiones.

Lo que sucedió en la Cámara baja demuestra que, al fin, las diferencias entre sectores de la oposición no son de profundidad ideológica sino más bien de índole electoralista, en otras palabras, la pelea ha sido y es por los espacios. El voto positivo está directamente ligado con captar la simpatía del votante y desprovisto de criterio. Esto resultó el único consuelo para el macrismo que consideró que lo sucedido alertará a la ciudadanía respecto de que el massismo, el peronismo, los kirchneristas arrepentidos, los kirch-neristas consecuentes y hasta los gobernadores PJ son todos lo mismo. Poco para conformarse, pero es lo que hay, dicen en la Casa Rosada.

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El hecho político innegable es que el peronismo se unió, por tercera vez en pocas semanas, para desafiar el poder de Macri. Primero los senadores peronistas se juntaron para aprobar un proyecto de ley de emergencia económica, cuya concreción requería de un mayor déficit fiscal. Poco después, el voto peronista del Senado declaró caída la reforma electoral, uno de los proyectos predilectos del macrismo. Ahora peronistas y massistas dejaron sin respaldo parlamentario el proyecto oficial que intentaba mejorar el impuesto a las Ganancias de una manera más sutil. Y Macri ya siente que si no endurece su postura el Parlamento le devorará su autoridad y, lo más grave, le generará mayor déficit fiscal, ofreciendo a cambio creación de nuevos impuestos o restitución de otros, una tarea que tiene acechanzas y que no es de recaudación automática. En cambio la modificación en Ganancias, que implica el doble de la base imponible, generará un agujero en las arcas del Estado en forma inmediata.

El problema es que la única solución que le quedaría a Macri, si las dos cámaras del Congreso aprobaran el proyecto opositor, es el veto pero un veto sobre una decisión que beneficia a muchos trabajadores será siempre impopular y en esto el oficialismo toma nota.  Las esperanzas ahora están puestas en los gobernadores que puedan incidir en los senadores para tumbar la media sanción, porque en definitiva al ser Ganancias un impuesto coparticipable, ellos también perderán recaudación. Pero esta posibilidad está en dudas a estas horas porque los legisladores ya hicieron lobby con los mandatarios peronistas y les han creado un fondo proveniente de otro gravamen. Todo un dolor de cabeza para el oficialismo.

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El proyecto opositor, decimos, contempla la creación de nuevos impuestos que son también coparticipables, para demostrar que no perderían nada, pero esa parte está condicionada a múltiples factores por lo que lo único seguro es que va a pasar largo tiempo hasta que se activen, no será en paralelo con el cambio en Ganancia, si es que se aprueba en el Senado y no es vetado.

El macrismo comenzará a renegociar contrarreloj en el Senado para evitar llegar a un veto a todas luces antipático pero si no puede evitarlo, Mauricio Macri está dispuesto a pagar el costo político, dicen en la Casa Rosada, porque no quiere permitir que la oposición le maneje la economía. Su reclamo de siempre: que lo dejen gobernar.

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Las cartas están echadas, sobre todo de cara a las elecciones del año que viene. Lamentablemente así se vive en este país. Cada dos años suceden cosas impensadas que solo se explican por la condescendencia de nuestros políticos hacia los votantes, a los que les dicen lo que quieren oír. No precisamente porque quieran su mejor estar sino porque quieren su voto, ese que los perpetúe en el poder y sus beneficios. Ha de haber excepciones y dirigentes de fuerte vocación social, pero no es la mayoría. 

El peronismo en sus múltiples formas ya empezó a asomar en el universo político como un movimiento que, aunque disperso, aún puede unirse si el enemigo común es lo suficientemente importante como para buscar su fracaso. 

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