La modernización llega a la salud ¿y la seguridad?
Se pondrá en marcha un aspecto muy importante de la modernización del Estado, porque es la salud el centro de esta decisión.
El anuncio, que es revolucionario, indica que a fin de año 15 millones de argentinos sin cobertura contarán con una credencial inteligente que les garantizará las mismas prestaciones básicas que reciben los afiliados a obras sociales o prepagas, en el marco de un plan que se llama Cobertura Universal de Salud.
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Esa credencial o documento nacional de salud, que se presentará a fin de mes, tendrá un microchip para almacenar los detalles de la cobertura del usuario y su ficha médica. Con esto se creará una historia clínica en una base de datos para evitar la dispersión o pérdida de los servicios o tratamientos usados, ya sea en hospitales públicos o centros privados con los que el Estado firme convenios para prestaciones que no brinda.
Son dos buenos anuncios en uno: por un lado, una mejor asistencia sanitaria para quienes no tienen cobertura; por otro, la digitalización de esta atención, lo que redundará en que en cualquier punto del país donde una persona se atienda, el efector contará con toda la historia clínica del paciente. Esto permitirá que el sistema sea más eficiente, más rápido y sobre todo con un seguimiento fidedigno de los pacientes. El software, que se está terminando de poner a punto, también agilizará los pagos a 30 días entre el Estado y los subsistemas de salud.
Desde el punto de vista económico es también muy importante la aplicación de esta tarjeta, porque quienes tengan obra social y se atiendan en el sistema público, quedará registrado automáticamente quién debe pagar la prestación. Hoy muchos usuarios de la salud pública no llevan a los hospitales siquiera las credenciales de su obra social, de modo que son prestaciones que no se le cobran a nadie, pese a que el sistema Samo, previsto para estos casos, está en todos los nosocomios. Con la tarjeta inteligente de salud aparecerá un importante financiamiento que la salud pública no tiene. Al mismo tiempo que se pueden revisar los tratamientos para ver su efectividad.
La idea es ordenar el sistema de salud y que toda la población tenga una cobertura en cualquier punto del sistema, sin importar si la cobertura es del Pami, una obra social sindical o provincial, un programa de asistencia pública o una prepaga.
A paso lento, la tecnología que ha copado gran parte de nuestra vida privada, con compras por Internet, cine a demanda, home banking y tantas otras cuestiones que han agilizado los servicios, va llegando a las prestaciones estatales. Y hasta ahora no ha hecho más que mejorarlas.
Este nuevo sistema digitalizado de la salud, de funcionar como es anunciado, supondrá una optimización de recursos y una mejora sustancial de servicio para los ciudadanos, como ha ocurrido con Anses y Afip. Ambos organismos tienen digitalizada su información, lo que favorece a la gente en la realización de sus trámites y hace que el Estado pueda cumplir mejor su rol de control. Es notorio el entrecruzamiento de datos que de un tiempo a esta parte es posible gracias a la tecnología, lo que permite que la persona que incumple sea rápidamente detectada y alcanzada por el rigor de la ley. Hoy, el deber centavos por intereses en Afip es verificado al instante por bancos y otras entidades, que quedan desautorizados a prestar dinero o descubiertos a estos clientes. Claro que persiste la discrecionalidad detrás de la tecnología: particularmente con el caso Báez hemos visto cómo los sistemas cruzaron información, detectaron irregularidades y emitieron sus alertas. Sin embargo, una orden superior determinó que había que ignorarlos. Recordemos que cuando la filial de Bahía Blanca de la Afip informó sobre facturación apócrifa, Ricardo Etchegaray directamente cerró la oficina.
En las municipalidades como la nuestra, sin ir más lejos, existen los Registros Unicos de Beneficiarios (RUB) donde se organiza a quienes reciben beneficios de tipo social. Y esto ordena la ayuda evitando superposiciones de lo que se distribuye.
Gracias a la tecnología, los datos en estas épocas se pueden cruzar, se agilizan trámites y se ha logrado ir eliminando la pesada burocracia estatal en las áreas donde se aplica. También mucho de la discrecionalidad en el uso de los recursos del Estado, no toda, como ha quedado a la vista con casos como el mencionado de Báez o el de Cristóbal López con su evasión.
Sin embargo, esta modernización del Estado no ha logrado implementarse en la seguridad. No hay bases de datos compartidas ni digitalización de las denuncias, por ejemplo. Hay un atraso en el sistema informático notorio en un área sensible, con un delito que cada vez se tecnifica más.
Hoy en día una búsqueda de paradero o bien la persecución de un delincuente entra en un túnel del tiempo entre provincia y provincia. Puede decirse que delinquir en La Pampa y huir hacia Córdoba, por ejemplo, es una enorme ganancia de tiempo para los malvivientes.
Sin dudas que una informatización que reuniera a todas las policías provinciales mediante una red de Intranet, por ejemplo, haría más eficiente la labor, tanto en la búsqueda de un menor desaparecido, una joven presuntamente secuestrada o para seguir el rumbo de alguna banda delictiva, las que generalmente tienen algún sello distintivo. Si estos datos tuvieran disponibles, una modalidad podría ser la punta del ovillo para dar con el o los autores.
Si tuviéramos que adivinar por qué la tecnología no termina de aterrizar en la Policía, nos atrevemos a decir que es por reticencia en el recurso humano, no por falta de fondos ni por ausencia de los elementos. Estos mecanismos de modernización, al tiempo que agilizan la tarea, la transparentan. Es así como la labor policial podría ser claramente monitoreada y muchas cajas negras que aún sobreviven se caerían irremediablemente.
Para poner blanco sobre negro: si el sistema aceitado que tiene la Afip para detectar un sólo día de atraso en los pagos de obligaciones previstas, lo tuviera la Policía seguramente habría mucha menos impunidad y los delitos serían detectados más tempranamente, incluso cuando los cacos viajaran de una provincia a la otra se podrían descubrir rápidamente.
La salud es un tema fundamental y es muy importante que le llegue la modernización a través de una tarjeta inteligente con la historia clínica de los pacientes. Pero también sería muy importante extender estos sistemas informáticos al área de seguridad, venciendo la resistencia que pueda existir en la fuerza, porque al igual que la salud, estamos hablando de la vida humana, de protegerla y de permitir que podamos achicar los alarmantes números de delitos que padecemos.
















