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La “luna de miel” con el gobierno de Macri va llegando a su fin

16 de febrero de 2016 a las 12:00 a. m.

Vamos camino al 10 de marzo en que se cumplirán los primeros 100 días del Gobierno de Mauricio Macri, ese período que se asemeja a un cheque en blanco que dan los ciudadanos a las nuevas autoridades para que se acomoden en sus puestos y pongan en marcha las propuestas vertidas en la campaña. Por eso, aunque el mandato dura cuatro años, esta etapa inicial es la que marca lo que llamamos la “luna de miel” de un presidente con la ciudadanía. 

Tras esa etapa, las responsabilidades comienzan a dejar de ser “del Gobierno anterior”, para ser propias. Ya en los medios nacionales se escuchan a periodistas -insospechados de ser opositores a la nueva gestión- hacer algunas alertas, por la inflación, por la inseguridad, reclamos que llevan mucho tiempo, pero como se anunciaron medidas drásticas que propiciarían un cambio, la gente se está poniendo quisquillosa.

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No obstante justo es reconocer que la avalancha de pesos y el déficit fiscal que dejó el kirchnerismo es la factura que estamos pagando, aunque la conducción actual del Banco Central logró sacar bastante moneda excedente de circulación, pero no puede seguir con la política de tasas altas y comenzó a bajarlas. Según los economistas aún hay mucha demanda en un contexto de falta de oferta y eso implica la fórmula inflacionaria. 

Por la falta de inversión y, más aun, por la desinversión en la década kirchnerista, aun con el cambio de Gobierno las capitales no son fáciles de atraer; ni siquiera los locales hacen su apuesta, imaginemos lo que costará convencer al extranjero.

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El macrismo afirma que no está dispuesto a un ajuste salvaje que podría bajar la inflación más rápidamente, vía recesión obvio, pero con un rebote social muy negativo. Sin embargo el ajuste (aunque no salvaje) se siente y algunos gremios están inquietos, porque el Gobierno pretende un techo bajo o razonable como lo llaman, que -según las consultoras privadas- será menor a la inflación. Si se sigue este camino signado por la creencia de que si se liberan las paritarias a cualquier porcentaje, habrá más inflación, la única e inexorable salida que le queda a la gestión macrista es lograr que los precios bajen. En paralelo, se intentará conformar a los gremios con una modificación en los importes de las asignaciones familiares y en las escalas de Ganancias, para que el dinero de bolsillo sea más abultado.

No estamos en un proceso fácil de resolver.

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La salida veloz y en forma ordenada del cepo puso contentos a los miembros de la administración, pero la inflación creció más allá de las estimaciones; no se detuvo –como muchos creían-  en los aumentos especulativos de antes que asumiera Macri, por sus anuncios del fin del cepo. A dos meses del levantamiento, la saga ascendente por lo que el Gobierno ensaya en estos días técnicas de control (como la publicación de precios de las grandes cadenas de supermercados para que la gente decida dónde comprar y se vean compelidos a ajustar sus valores de manera de captar a la demanda) para evitar lo que cree que es ya una cuestión de abuso más que de mercado.

El macrismo debe asumir además un problema regional: la crisis en Brasil impacta en nuestro país porque es nuestro principal socio del Mercosur, entre otras cuestiones, como la soja que ya no tiene precios tan importantes en los mercados mundiales. 

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Mientras todo esto sucede, Macri logró un triunfo político no poco importante, como fue la ruptura de un sector del Frente para la Victoria, creándose el bloque justicialista en la Cámara de Diputados de la Nación, donde Cambiemos estaba en franca minoría.  Este sector peronista hará una oposición razonable, afirman, y se muestran cercanos a la Casa Rosada. 

En este marco, el peronismo es un polvorín; están tratando de reorganizar el Partido Justicialista, donde el kirchnerismo y el peronismo se enfrentan sin piedad por el control del Frente. Claro que resta la aparición en escena de Cristina Kirchner, que parece estar esperando el momento oportuno en silencio. En realidad lo que ha mantenido la expresidenta es el poder de las plazas, en las calles. La mayoría, por no decir todas, las plazas opositoras han sido armadas por el sector K duro.

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Sin embargo, el peronismo resiste claramente su conducción, de modo que es demasiado pronto para afirmar quién será, al fin, la cara de la oposición. Si será Cristina o un dirigente del peronismo tradicional. 

Lo cierto es que el núcleo duro K sostiene que lo importante es el Frente para la Victoria y que la única conductora es Cristina; pero Bossio y Urtubey no piensan lo mismo y el enfrentamiento está a la orden del día. 

Se espera, de todas maneras, que el regreso de Cristina coincida con el pico inflacionario y las paritarias con techo bajo, para salir “con los tapones de punta”, como se dice en la jerga política. En las escasas apariciones en que se la vio y se la tomó por sorpresa criticó fuertemente a Macri y a sus decisiones económicas. De modo que ya sabemos qué esperar cuando regrese a la vida pública.

 

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El año económico y político promete ser muy movido, sobre todo pasados los 100 días de bendición que la ciudadanía ofrece a cada nuevo presidente que asume. Las expectativas cifradas en Macri –y fagocitadas por él mismo- son muchas, pero la paciencia tiene un límite y la gente ya quiere percibir algo de lo que se auguró: baja de la inflación y mejoras en la seguridad, sobre todo. 

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