La lucha contra el narcotráfico es más una tarea soterrada que declarativa
El presidente Mauricio Macri encabezó el acto central por el Día de la Bandera Argentina en Rosario, en el que renovó su compromiso por un cambio en el país, que incluya el objetivo de la pobreza cero y el combate al narcotráfico. Luego, unos 5.000 niños presentes en el acto, hicieron su promesa de lealtad a la enseña patria.
Nuestros objetivos están claros ( ), trabajar juntos para derrotar al narcotráfico que tanto daño le ha hecho a Rosario y a todo el país y a unir a los argentinos.
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Es una obviedad que un presidente proclame ante la sociedad que luchará contra el narcotráfico, todos lo han hecho. El tema es que el combate al narcotráfico ni siquiera se inicia en una afición declarativa sino en una decisión política que tiene más de labor soterrada que de exposición pública. Es más, anunciar que se está luchando contra los mercaderes de la droga es como darles un pre aviso y no sirve para más que para que se organicen mejor en la clandestinidad.
Las dificultades propias de estas grandes telarañas de intereses obligan a una tarea sostenida, inteligente y con recursos suficientes como para acorralar al negocio más sucio, que más dinero recauda, que más corroe las instituciones en el mundo y que más daño hace a la sociedad.
A modo de ejemplo de lo que nos ha pasado en los últimos años, en que dejamos de ser un país de tránsito para ser un productor y exportador de drogas, cabe señalar que la Argentina y España son los países en los que más cocaína se consume. En ambos, el 2,6 por ciento de las personas de entre 15 y 64 años reconoció haber tomado al menos una vez en el último año, según estadísticas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. En tercer lugar está el Reino Unido y luego aparecen Estados Unidos y Chile. El otro país sudamericano entre los primeros es Uruguay, que está en el décimo puesto junto a Canadá. Se verá que, a excepción de Argentina, el resto son países con altos estándar, inclusive Chile y Uruguay. Esto es así porque la cocaína es una droga cara, no sus desechos, en cambio.
Pero el mayor problema como sociedad, como país, no es la cantidad que se consume -aunque sea preocupante- sino la cantidad que se produce. Ya que es el entorno de la producción el que más vidas daña y se lleva. Allí donde hay una cocina, rondan el crimen y la muerte.
El cambio radical en la vinculación de nuestro país con la droga se dio precisamente por una decisión política, aquella por la que Argentina fue a contramarcha del mundo y mientras en todos lados se regulaba estrictamente el ingreso de la efedrina para fines farmacéuticos, aquí se abrían las compuertas de par en par.
La política pública tendiente a disminuir el consumo de drogas en los Estados Unidos se focalizó en 2006 en la metanfetamina debido a la violencia callejera con la que se asociaba esa sustancia. La presión policial encarada golpeó a los laboratorios en su país y en Canadá. Los traficantes encontraron entonces en México el lugar para instalarse. Esa situación llevó al Gobierno de México a limitar primero las importaciones de efedrina y prohibir después, el 13 de junio de 2008, la importación de ese producto, que a la industria farmacéutica llega solamente como materia prima desde laboratorios legales de India y China. Y la realidad es que en las proporciones farmacéuticas es necesaria para curar muchas patologías, pero utilizada como droga es un precursor químico para fabricar pastillas. De allí que hay que estar muy atento a este negocio, para que lo que ingrese sea lo necesario para la faz curativa. Y fue precisamente lo que no se hizo durante el anterior Gobierno: ex professo, no se legisló ni reguló al respecto.
Lo cierto es que frente a la necesidad de obtener efedrina, los traficantes mexicanos tomaron contacto con droguerías argentinas y éstas a su vez hicieron el lobby suficiente hasta lograr que las leyes no fueran adecuadas a la realidad mundial. Integrantes de esa red poco confiable de farmacéuticos aparecieron como aportantes de fondos a la campaña electoral de Cristina Kirchner en 2007. Fue así que paulatinamente, los negocios farmacéuticos fueron quienes empezaron a importar toneladas de efedrina sin destino comprobable, cubriendo el faltante que había en Estados Unidos y México. La triangulación de este precursor desde la Argentina fue una solución para los grandes vendedores de metanfetamina
Y junto con el negocio de la efedrina llegaron los jefes narco como Mi sangre, los sicarios, extranjeros multimillonarios alquilando mansiones en los countries pero con actividad desconocida.
La vía libre a la efedrina convirtió a nuestro país en la plaza ideal para la producción, por eso decimos que el mayor problema no es el alto consumo sino la escala en que se está produciendo en las cocinas locales, obviamente para lo local pero sobre todo para exportar. No fue el consumo lo que llevó al asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, sino el haber entrado a un negocio que no tiene límites en cuanto a su accionar. Las cuestiones se resuelven con balas, desde pagos hasta ocupación territorial. Y en medio de estos nuevos delitos que llegaron con la producción de droga quedan también los jóvenes más vulnerables de la sociedad, que entran al negocio después de haber sido arruinados por la adicción al Paco y terminan muertos o por efecto de la droga o por enfrentamiento entre bandas.
De todo esto que hablamos, la sociedad tomó conocimiento recién con el triple crimen de General Rodríguez, en el año 2008. Los hermanos Lanatta y Schillaci aparecieron en ese expediente como los encargados de proteger las ganancias de otros que habían ingresado al negocio de la efedrina. Un mes antes también había quedado expuesta la presencia de una célula mexicana que fabricaba metanfetamina. El laboratorio estaba instalado en la localidad bonaerense de Ingeniero Maschwitz, en el partido de Escobar. Así cayó luego Mario Segovia, detenido en Rosario y conocido como el rey de la efedrina. Y también por aquellos años comenzaron a sucederse los ataques de sicarios, generalmente a personas de otras nacionalidades radicadas en el país.
Son muchos años que lleva instalada en Argentina la industria de la droga, aunque tanto se empeñara Aníbal Fernández en desmentir. Los mismo años que llevan otros países, como Colombia y Perú, de pequeños triunfos contra el narcotráfico; paulatinamente los han ido cercando y acá se los recibió con los brazos abiertos. Aquellos que se llenaron los bolsillos y no específicamente vendiendo sino recibiendo lo suyo por permitir el negocio: ¿habrán sabido dónde nos metían? Porque de esta no se sale fácilmente; superar la inflación es una tarea de infantes al lado de erradicar el narcotráfico.
Como ha sucedido en otros países, las grandes sumas que maneja la droga han perforado fuerzas de seguridad, justicia y al poder político. Por eso la tarea de combatir el narcotráfico de la que habla Macri para refrenar el proceso que se ha venido desarrollando en la Argentina, se deben atacar todos los frentes en una tarea más silenciosa que con el bullicio de la prensa.
La decisión política es fundamental, porque es el principio de un proceso necesario en la Argentina, pero no alcanza. Es fundamental que la ley, que nuestros legisladores (que para ello tienen comisiones específicas) trabajen seriamente, dejen de hablar y se pongan a estudiar el tema para poder acompasar la marcha de este nefasto negocio, saber por dónde va para acorralarlo y expulsarlo del país. Todo lo demás que se diga o haga no sirve, porque mientras alguien declama que lucha contra la droga de tal o cual manera, los narcos ya mutaron su negocio.















