La inseguridad ya se está transformando en una tragedia
Los problemas de inseguridad se están transformando en una verdadera tragedia en la Argentina, con robos, violencia y muertos. Con la droga y el narcotráfico que se ha instalado con sus temibles consecuencias. En números, las víctimas mortales y damnificados de toda índole a causa de delitos “comunes” pueden equipararse en Argentina a los de una catástrofe natural: sismo, tsunami, terremoto, inundaciones. Por eso bien podemos hablar de la inseguridad como una tragedia, sólo que en este caso la tarea preventiva puede morigerar y mucho las consecuencias.
De parte de los ciudadanos, las medidas de autoprotección aunque poco a poco han hecho mella en sanas costumbres hasta lograr que en cuanta persona se nos acerca veamos un posible delincuente. Pero nunca será suficiente eso porque habrá seguridad hasta que los Gobiernos nacional y bonaerense apliquen políticas de Estado serias, con estrategias pensadas y aplicadas de principio a fin, no parches que tapan una falencia para dejar otra a la luz.
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Pensemos juntos: ¿Qué pasaría si luego de una efectiva tarea de la Policía e instructores judiciales, luego de jueces y camaristas, se logran desarticular grandes bandas dedicadas al robo o al narcotráfico? ¿Dónde se alojarían estos sujetos? ¿Hay cárceles suficientes y en condiciones? ¿Hay alcaidías para contener a quienes esperan su juicio? ¿Hay espacios adecuados para recibir a menores en conflicto con la Ley? ¿Y programas para su reinserción? A esto nos referimos cuando hablamos de la necesidad de estrategias pensadas y aplicadas de principio a fin, lo que implicaría que –como su nombre lo indica- se las piense como políticas de Estado y no de un gobierno, ya que indefectiblemente, por su complejidad requerirían de un tiempo que superará el de una gestión. Si ha crecido la delincuencia como demuestran los índices, ¿cómo es que no se han inaugurado nuevas cárceles e incluso se han cerrado algunas? De poco servirá un nuevo Código Penal si la última etapa del proceso, que es el Servicio Penitenciario y la reinserción social, está obsoleto.
El clima que se vive en las calles es angustiante, tanto el que percibimos en vivo y directo los pergaminenses como lo que nos generan las imágenes de los noticieros nacionales.
Esta semana, durante 36 horas el Gran Buenos Aires fue escenario de una espiral de violencia que comenzó con el homicidio del kinesiólogo Marcos Ezequiel Laranga, en Villa Diamante, y terminó con el asesinato del chofer de colectivos Leonardo Paz, en Villa Celina. Ante semejante sucesión de homicidios la Policía apenas pudo apresar a una adolescente, de 15 años, como presunta sospechosa de uno de los hechos y a un joven por el crimen del chofer.
A raíz de la protesta que los vecinos de Lanús realizaron frente a las comisarías de Villa Diamante y Valentín Alsina para reclamar medidas para frenar la ola de asaltos y por el esclarecimiento del homicidio de Laranga, la única respuesta que aportó el Poder Ejecutivo bonaerense fue la remoción de la cúpula de la seccional con jurisdicción en la zona donde fue asesinado el kinesiólogo.
Todo el Conurbano termino siendo un polvorín esta semana. En la zona oeste se repitió el panorama de violencia e inseguridad del sur del Gran Buenos Aires. Casi a la misma hora en la que el kinesiólogo era asesinado en Villa Diamante, Partido de Lanús, en la colectora del Acceso Oeste, a la altura de Moreno, dos delincuentes mataron a Pablo Mora, de 37 años, que se regresaba a su casa, luego de salir de su trabajo en la productora de televisión Carburando. Otros dos asesinatos ocurrieron con diferencia de tres horas en la zona oeste del Conurbano. Sergio Raúl Arcángeli, de 27 años, fue asesinado durante una entradera delante de su esposa y sus dos hijas en su casa, situada en General Paz al 12400, de Lomas del Mirador. Tres horas después, en Villa Celina, se produjo el tercer homicidio en la zona oeste, el del chofer Leonardo Paz, de 22 años, fue asesinado de un balazo en la localidad bonaerense de Villa Madero por al menos dos delincuentes armados que subieron al transporte a robar y dispararon cuando descubrieron que entre los pasajeros había un policía. Tras el crimen del colectivero, la dirigencia de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) decretó un sorpresivo paro de colectivos por 12 horas que por afectar a 11 millones de usuarios que se movilizan entre Capital y provincia logró su cometido de llamar la atención de las autoridades para que atiendan seriamente la problemática de la inseguridad, en este caso en el Conurbano y sus zonas conflictivas.
En Pergamino, acorde a su escala, la situación no es menos grave. Los ciudadanos ya hemos hecho lo nuestro: nos enrejamos, pusimos alarmas, ya no conversamos en las veredas, no abrimos la puerta para atender cuando llaman. Nuestros niños y jóvenes ya no van al club caminando o en bicicleta, tampoco comparten juegos y complicidades en las calles del barrio. Ahora resta la labor profunda del Estado a través de sus tres poderes. El Judicial cumpliendo la ley vigente, sin titubeos ni menoscabos hasta que se elaboren códigos acordes al Siglo XXI; el Legislativo proveyendo una actualización seria, profunda y sin grietas del sistema penal que nos regirá posiblemente durante la próxima centuria; y el Ejecutivo velando por lo anterior y administrando los recursos de manera eficiente, incluyendo obras que pongan al Servicio Penitenciario a la altura de las necesidades presentes y abasteciendo debidamente a quienes ponen el cuerpo en la lucha de todos los días.
En síntesis, hace falta establecer un serio programa con el que empezar a de-sandar este camino de violencia, narcotráfico y muertes.











