La injuria en tiempo de campaña cumple siempre con su cometido
Mentir es construir una falsa realidad. Para las religiones es pecado. En algunos casos para la ley es delito. Pero siempre es malo. Para el sujeto de la mentira, puede ser devastador. Para la política hoy, es una práctica.
Se acercan las Paso y el nivel de agresividad va subiendo el tono. La mentira contra la oposición pasa a ser un arma; mienten con absoluta impunidad y una vez que la verdad salga a la luz(siempre lo hace) puede que llegue tarde o que la sospecha quede.
Las mas leidas de Opinión
Frigoríficos exportadores temen una catástrofe con los precios de la carne

Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
Paradoja de la política: quieren los votos para solucionar y luego no se animan (por temor a perder los votos)
Los medicamentos “de moda” y el uso responsable de los fármacos
La contaminación por el uso indiscriminado e irresponsable del plástico
Justo antes de las elecciones legislativas de 2005, Daniel Bravo (hijo de Alfredo Bravo) denunció a Enrique Olivera, exvice jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, presentando pruebas falsas sobre doscuentas no declaradas en Suiza. La Justicia pidió información a Suiza. Esta llegó una semana después de la elección, que por la denuncia tuvo un mal resultado para Olivera. En 2007 Daniel Bravo se disculpó. Pero el mal estaba hecho.
Ahora hay dos precandidatos a la presidencia de la Nación con proyectos que prometen cambiar el estatus quo de la política vernácula.La solución ante este peligro es simple: atacar a los precandidatos con mentiras. Empezaron con Javier Milei, personaje temible para "la casta" y todos los que de alguna manera viven de ella. Carlos Maslatón, Carlos Eguía, Juan Carlos Blumberg y mujeres varias, denunciaron a Milei. Las últimas fueron sobre venta de cargos a 10.000, 30.000. 50.000, hasta 100.000 dólares. Los medios se hicieron eco. Milei desapareció de las radios y de la TV. Un fiscal de oficio investiga. Hasta ahora el único que se presentó es Maslatón quien dijo que sus denuncias ¡las recogió en las redes! Blumberg no apareció, pidió más tiempo. ¿Para qué? No se sabe. Mientras tanto el escueto tiempo de campaña avanza y todo denunciado se reduce a "me dijeron ", "dicen que ".
Durante dos semanas el ataque fue imparable. Artículos y editoriales en diarios y portales. Programas televisivos y radiales continuaron dando difusión a las denuncias para las que el Fiscal busca pruebas. Por ahora no las hay. Es muy difícil denunciar sin pruebas, la denuncia no se tiene en pie. Pero el mal ya está hecho. Se consiguió que Milei bajara en las encuestas. Ya no tendremos una elección en tercios. Se polarizó entre el oficialismo y Juntos por el Cambio. El trabajo contra Milei ya está, ahora van por Patricia Bullrich, la otra precandidata que asusta al círculo rojo y a los narcos y mucho a Unión por la Patria. La acusan de haber sido montonera en los 70. ¡Hace más de 40 años! Algo que ella no oculta. De pronto, se supone que a partir de alguna denuncia, el ministro de justicia Martín Soria y la IGJ allanaron la Fundación de Bullrich, Instituto de Estudios Estratégicos en Seguridad, Asociación Civil.
Están averiguando cómo se financia la campaña (muy austera) de Patricia Bullrich y sospechan que puede haber algo ilícito a través de la Fundación. "El ladrón cree que todos son de su condición".
MauricioMacri, Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal salieron a respaldar a Bullrich. Es lo que se espera del PRO. Pero los indecisos que pensaban que Bullrich podía ser una opción, ¿lo seguirán pensando?
La mentira disfrazada de denuncia, magnificada por los medios, de buena o de mala fe, con independencia u obedeciendo bajadas de línea, completan el trabajo. La honra de las personas pasa a ser basura.
En el país del "por algo será", lanzada la mentira al público, repetida al mejor estilo Goebbels, amplificada por los medios, aunque aparezca a destiempo la desmentida, el objetivo de sabotear candidatos se habrá alcanzado.
Está mal, pero a esta altura ya casi no llama la atención que en las campañas electorales se diga cualquier cosa, que se mienta con desparpajo, para luego hacer en el gobierno cualquier otra cosa. El ejemplo más cercano es el giro de más de 180 grados (si se puede superar la física) de un expresidente que saltó del nacionalismo más cerril a un liberalismo mal entendido.
Pero desde hace unos años, esa suerte de mentira piadosa, socialmente aceptada, ha ido mutando en algo mucho más peligroso. Visto como un proceso decadente, empezó allá a principios de este siglo, como decíamos antes, cuando un truhán instaló la falsa noticia de que un candidato honorable tenía cuentas bancarias no declaradas. La Justicia hizo su trabajo y llegaron las disculpas, pero la picardía ya se había completado, con el consiguiente daño electoral.
Misma astucia se utilizó para plantar falsos testigos en un juicio contra un expresidente, un tal Pontaquarto, que tras tantas idas y vueltas en sus dichos terminó en algo peor que el perjuro: el paso a la historia como un mentiroso vil, que arruinó muchas vidas de bien en el camino.
Hace unos días empezamos a vivir como sociedad la evolución (o involución, depende el ángulo) del proceso. Ahora ya no se trata de invento artero desde una mentira que salta a los medios (fakenews) sino de un ardid más gravemente orquestado: instituciones estatales puestas al servicio de estratagemas electorales de un gobierno, como ocurrió en estos días en contra de Patricia Bullrich.
Nunca se vio algo igual, no hay antecedentes. Un funcionario de tercer grado, titular de un registro de sociedades, bajo el comando de un ministro de Justicia, no tuvo mejor idea que pedir a su superior la intervención de la fundación de la precandidata presidencial, con la excusa de hechos ocurridos en el año 2022. Esa manía de querer igualar para abajo se hace ahora desde el gobierno, a plena luz.
Con un ministro candidato que no renuncia y se vale de todos, absolutamente todos, los recursos del Estado para su campaña electoral, estamos muy lejos de una competencia electoral sana y limpia.
Esperemos que termine acá y no sea el perfeccionamiento de una metodología tan peligrosa para la democracia.
















