La infraestructura vial, siempre muy por detrás de las necesidades
En esa ocasión López argumentó que uno de los motivos de las demoras se relaciona con la modalidad de ejecución elegida: “Cada uno de los trabajos para convertir en autopista a la ruta nacional Nº 8, entre las ciudades de Pilar y Pergamino, que abarca una totalidad de 170 kilómetros, fue planificada por Vialidad en nueve tramos, con un promedio de 20 kilómetros por sectores, para permitir así la participación de la mayor cantidad de empresas”.
A su vez explicó que en este momento son tres los tramos que se encuentran en ejecución: “En los dos primeros es donde circula la mayor cantidad de tránsito ya que está comprendido desde Capilla del Señor hasta la estación de peaje en la localidad de Solís; mientras que en el tercer lugar, donde ahora se ejecutan los trabajos, es la zona donde tiene una gran densidad poblacional ya que comprende la circunvalación de Pergamino”.
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La economía sobrevolando
López dejó en claro el deterioro en la economía de nuestro país al ubicar este factor como uno de los que ha afectado el sistema vial y la ejecución de trabajos para mejorarlo: “El sector vial tanto en las esferas públicas como privadas, en las obras de caminos y urbanas, que vino creciendo en los últimos años es también un sector en permanente proceso de reingeniería necesario para adaptarse no sólo a los cambios tecnológicos sino a las vicisitudes económicas y financieras de la Nación”.
A su vez, e incurriendo en cierta contradicción, ubicó en el estado de los caminos uno de los ejes fundamentales para el desarrollo de la economía: “El sistema de transporte carretero es el centro de gravedad de la resolución de problemas que afectan a la economía y a las necesidades de la población”.
Como punto medio entre las dos verdades planteadas, dijo: “Quedan pasivos por resolver, que indican la necesidad de mantener e incrementar las inversiones de los últimos años, de forma tal de atacar los problemas pendientes para completar la red y servir a la nueva demanda que el crecimiento del país ha generado en los usuarios del sistema vial. Creemos que estamos en un punto de inflexión, dado que luego del enorme escalón de inversiones de las últimas décadas, podemos y debemos encarar una nueva etapa que responda a las exigencias de la sociedad, obligándonos a generar un sistema de transporte más eficiente, tanto en operaciones como en infraestructura”.
Una realidad nefasta
A nivel provincial, la realidad de nuestros caminos es nefasta. No obstante es reconocida por las autoridades (aunque no haga falta porque a los bonaerenses nos basta con transitar para saberlo). Según admiten, “hay sólo un 23 por ciento de las arterias pavimentadas en buen estado de conservación. Y si bien hubo un importante avance en la reparación de las redes provinciales en estos últimos años, con alrededor de 4.553 kilómetros de nuevos rutas, todavía resta mucho por hacer”.
Que vuelvan los trenes
Es importante el crecimiento en autopistas y autovías, que pasó de 1.100 kilómetros a más de 3.100 con importantes obras aún en ejecución; “somos conscientes de que si bien el estado de mantenimiento global de la red mejoró, todavía existen situaciones de sostenimiento puntuales que reducen esta visión integral”. Es que el parque automotor crece y evoluciona de una manera más dinámica que las rutas. Lo mismo sucede con el comercio, que también utiliza las rutas cuando podría utilizar el ferrocarril si no fuese que está prácticamente obsoleto.
La infraestructura vial sintió el impacto del incremento del tránsito, generado por el enorme crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de los últimos lustros; junto a ello, un aumento del parque automotor del 84 por ciento en dicho período, con una ampliación de la circulación de cargas hacia puertos y terminales.
Este incremento, que fue superior al crecimiento del PBI, se explica por la suba del consumo interno, la sensible mejora en la cosecha de granos y el desarrollo de la construcción, que fue generadora intensiva de viajes en camión por ruta, lo que explica especialmente el crecimiento fenomenal del tránsito de estos rodados de gran porte por nuestras rutas: un 104 por ciento para camiones y un 94 por ciento para vehículos livianos, en el período considerado.
Así las cosas, siguiendo esta proyección, en los próximos años tendrían que construirse autopistas de 10 carriles y ampliar las recientemente terminadas. O bien, procurar vías alternativas para transportar, más económicas, seguras y ecológicas por cierto, como lo es el ferrocarril. Es decir que, además de autopistas, nuestras autoridades tienen que trabajar arduamente en la generación de planes racionales que apunten a la complementariedad con los otros modos de transporte, en especial el ferroviario y el fluvial.














