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La indignación nuestra de cada día

20 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.

La inflación que padecemos, el conflicto docente y ciertos personajes del Gobierno han generado un clima social que no es precisamente positivo. Nada de esto por sí mismo, vale aclarar, ya que no es la primera vez en nuestra historia reciente que atravesamos este tipo de situaciones, más bien son parte de nuestro paisaje habitual al punto de habernos curtido hasta naturalizarlas. Lo que indigna, lo que exaspera más que estas cuestiones en sí, es el tratamiento que se les da desde el discurso oficial. 

El Gobierno se empeña demasiado en mantener sus recetas en función de sostener su relato, cosa que se cae a pedazos cuando el ciudadano camina por las calles. Ver esa incongruencia, ese divorcio de la realidad, es lo que causa indignación.

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Y son muchas más las cosas que todos los días, sin saltearse ninguno, nos indignan.

Es un pan bien amargo desayunarnos diariamente con las noticias de que el vicepresidente Amado Boudou se aferra a los fueros de su sillón, mientras se lo trata de proteger judicialmente de un escándalo como el caso de la exCiccone, una imprenta que fabrica papel moneda, que pasó por manos de supuestos socios y testaferros y terminó comprándola el Gobierno para parar, en parte, el estropicio. No es de extrañar que esto suceda, porque aún está libre el exsecretario de Transporte, Ricardo Jaime, mientras todas las pruebas de su enriquecimiento ilícito duermen en el juzgado de Oyarbide. Tampoco debiera sorprender, porque en ese mismo juzgado junta polvo el escándalo de las viviendas Sueños Compartidos, de Madres de Plaza de Mayo, estafadas por Sergio Schoklender. Pero sin dudas, lo más emblemático es lo de Boudou, por ser el segundo hombre de la Nación y estar por demás de complicado por las pruebas que obran en la causa. Indigna tanto que no se aparte voluntariamente de sus fueros para someterse a la Justicia como que la presidenta no lo separe del cargo hasta que aclare su situación. Esta situación y que ni siquiera la presidenta aluda al tema, simplemente se limite a esconder lo más posible a su vice, también indigna.

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Tampoco alegra el desayuno escuchar que el jefe de Gabinete Jorge Capitanich tiene que recurrir a todo tipo de galimatías para explicar lo inexplicable. Ayer, por ejemplo, dijo que con dos meses del año de alta inflación no se podía proyectar todo un año inflacionario. No ignora el funcionario que las proyecciones son necesarias, que siempre se han hecho y que además, sólo un milagro deflacionario podría lograr que después de los incrementos de precios de enero y febrero, la inflación se frenase sin que el Gobierno tomase otro rumbo. Bien que cuando el Indec anunciaba cifras mensuales del 0,8 por ciento, se preanunciaba con bombos y platillos una inflación anual (dibujada) que no superaría los dos dígitos. Entonces sí correspondía proyectar; este acomodamiento del discurso según convenga al Gobierno, también indigna.

Llevamos más de 10 días sin clases, los docentes pretenden incrementos de salarios acordes a la inflación, y el dinero no aparece. Dice el Estado no estar en condiciones de afrontar la cifra pretendida  pero tanto a los maestros como a los padres (incluso a los adolescentes, generalmente apáticos) les indigna ver cómo la Jefatura de Gabinete le asignó al “Futbol para Todos” un gasto de 1.410 millones de pesos, es decir, 3,86 millones por día. Desde su inicio en 2009 el gasto en el programa aumentó un 135 por ciento. Indigna saber que son esas las prioridades, que para transmitir el fútbol sí es viable un aumento tal y no es posible el 35 que solicitan los docentes.

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Asimismo, este dinero abarca solamente los derechos de televisación, dejando afuera todos los costos logísticos, de transmisión, producción y los de propaganda. Entre las empresas que se reparten la producción y post producción de los encuentros, durante el 2012 se gastaron 147,7 millones, que se agregan a los 678 millones de pesos que se destinaron entre 2009 y 2011. 

Con respecto a la publicidad, vale aclarar que en 2010 Néstor Kirchner frenó el ingreso de la publicidad privada que es donde radicaría “el negocio” para todos, según se había anunciado un año antes al asumir el control de los derechos de transmisión. Al no entrar comerciales, hizo su aparición la propaganda política y oficial. O sea que no sólo se privó a las arcas de un ingreso millonario en concepto de publicidad privada sino que se las comenzó a desangrar con los costos de producir y ocupar el aire con las tandas de Presidencia de la Nación, Aerolíneas Argentinas y todos los programas en danza de la Anses. Es claro el aprovechamiento político que se hace del fútbol, pero a un costo que indigna, por todo lo que insume y que hubiera permitido, no sólo el aumento a docentes en todo el país, transfiriendo fondos a las provincias sino una serie de obras de infraestructura muy necesarias a lo largo y a lo ancho de la nación.

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El “Fútbol para Todos” gastó casi 4.000 millones en los primeros tres años. La cifra, basada en datos publicados en el Boletín Oficial y en estimaciones privadas, se conoce en un contexto de fuerte retracción en las cuentas públicas que tiene como principal evidencia la tensión entre los gobiernos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires por los fondos para pagar sueldos y aguinaldos.

Un tema espinoso porque trajo hasta problemas legales, “arreglados” en las últimas horas al estilo del oficialismo: la Cámara Federal resolvió apartar al juez Claudio Bonadio de la causa en la que había indagado al exjefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y al vocero presidencial Alfredo Scoccimarro por irregularidades en el manejo del “Fútbol para Todos”.

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La investigación se inició por un spot publicitario emitido en agosto de 2012 en medio de un partido entre River y Estudiantes. En el mensaje televisivo se criticaba al jefe de Gobierno, Mauricio Macri, por el estado de los subtes. 

Bonadio consideró que hubo malversación de caudales públicos y citó a los funcionarios; es decir: se los acusó de utilizar fondos del Estado para publicidad política, partidaria, no de gestión. Después de idas y vueltas, todo quedó en la nada: primero llegó la absolución y horas después el apartamiento de quien había osado investigar. 

El Plan Progresar, que se llevará 11 millones de pesos anuales, para darles 600 pesos a los más jóvenes, los que están con todas las fuerzas, pueden estudiar y trabajar y con esos fondos, en definitiva nada se les resuelve. Con ese dinero también se podrían mejorar sueldos docentes o jubilaciones, ya que los pasivos no tienen modo de procurarse más ingresos, y no atraviesan por buen momento con lo que perciben o los escasos incrementos que reciben dos veces al año.

 

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Cosas que indignan, decimos, que nos generan impotencia y nos provocan reflexiones todos los días acerca de dónde estamos y hacia dónde nos quieren llevar.

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