La imperiosa necesidad de incluir lo ambiental en la agenda de todos
Los tiempos de veda electoral son propicios para colocar en el centro de la agenda aquellas cuestiones que en lo cotidiano atraviesan solo coyunturalmente la conversación pública. Mucho se habla de los temas ambientales, pero pocas veces ellos aparecen con nombre propio en plataformas políticas y programas electorales.
El planeta está en una situación difícil y preocupante. Y Argentina no escapa a esa realidad. La humanidad en el Siglo XX ha concebido a los recursos naturales como insumos de explotación sin pensar en las próximas generaciones y la consecuencia de esa concepción es la que empieza a expresar sus temidas consecuencias. Son múltiples, poderosos e intrincados los intereses que subyacen a las formas de producir y manejar los recursos naturales del mundo. El paradigma de producción ha sido la economía lineal por sobre la circular y la idea del desarrollo infinito se impuso sin contemplar que los bienes naturales son finitos y escasos. Esta reflexión no apunta contra los modos de producir que ha adoptado la sociedad ni es ingenua en relación a las dificultades que conlleva modificar modos de trabajar y de vivir en un mundo globalizado. Más bien llama a que pueda habilitarse una reflexión que encuentre alternativas y propicie que la agenda ambiental no se oponga a lo productivo, sino que privilegie la sustentabilidad con políticas e incentivos concretos para el que concepto trascienda y no se agote solo en lo discursivo.
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Ya no se puede producir sin pensar en la sustentabilidad del propio sistema. Es necesario concebir la naturaleza como un recurso finito al que es necesario preservar. Pero no se trata de idealismos, ni de conceptos abstractos. Se requiere de una ingeniería política y hasta financiera para garantizar que ese modo de concebirla sea una realidad.
A escala planetaria, los eventos climáticos extremos muestran la premura de la cuestión. Y en la geografía nacional cada vez es más amplio y preocupante el universo de sucesos que sacuden a distintas regiones. Todo ello impone la necesidad de hacer de la agenda ambiental una cuestión prioritaria, independientemente de cualquier ideología.
El desarrollo del sistema científico tecnológico y los avances que da la ciencia en muchos aspectos aparecen como un instrumento valioso para comenzar a edificar nuevas bases. A menudo se habla de la importancia de poder establecer políticas de Estado y lineamientos rectores en muchos ámbitos. Lo ambiental queda contenido en ese imperativo.
Son diversos los tratados internacionales que han planteado esta cuestión y que gritan de manera contundente la urgencia de implementar cambios radicales. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de los que se ha hablado en reiteradas ocasiones desde este mismo espacio editorial, marcan algunas líneas rectoras que los países están llamados a adoptar con voluntad y determinación.
Resultan ya inconcebibles los modelos de producción asimétricos y la simetría solo se logra con políticas eficaces y con un convencimiento del conjunto de la sociedad de que no se puede seguir actuando del mismo modo en torno al cuidado del ambiente si lo que se quiere es obtener resultados diferentes.
En esta agenda, la potencialidad de Argentina es enorme. Hay un capital tanto humano como de recursos naturales que podrían lograr una verdadera transformación si la política institucional generara las condiciones adecuadas. El desafío es pensar nuevos paradigmas e instalar una mirada del siglo XXI que en lo ambiental encuentre el punto de equilibrio para poder producir sin dañar recursos que ya demuestran señales de agotamiento real. La rentabilidad económica y el cuidado ambiental no pueden transitar por caminos paralelos. Hay que encontrar puntos de encuentro y en la conjunción concebir nuevos modelos. Para ello es necesario habilitar una conversación colectiva, capaz de pensar el mundo para las nuevas generaciones. En tiempos en que se dirime el destino del país, en momentos de reflexión, de decisión y de ese silencio necesario que da paso a la voz de la ciudadanía que está a punto de votar a sus representantes, los ecos de una agenda ambiental ausente se sienten de manera estruendosa. Cuando se configure finalmente el mapa político nacional, es la fuerza de la propia comunidad la que está llamada a exigir que lo ambiental tenga por fin un lugar en la agenda de todos, para dejar de hipotecar el futuro y la vida de las próximas generaciones.











