La igualdad de salarios, la lucha cultural y los espejismos
Mauricio Macri retomó la agenda mediática viendo un nicho con el que sorprendió a propios y extraños: las mujeres, sus reclamos y el feminismo.
El peronismo y el massismo siempre atentos a los movimientos de la sociedad se dejaron madrugar, como se dice políticamente, por un presidente al que consideraban lo suficientemente conservador como para no intentar caminos progresistas en ningún aspecto.
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No teniendo éxitos económicos que mostrar, Macri no se entrega y, en algún punto emulando a Néstor Kirchner cuando comenzó a enarbolar las banderas de los derechos humanos, se puso al frente de reclamos como el debate por el aborto, un asunto que los progresistas K no se animaban a abrir, porque Cristina Kirchner estaba en contra. El debate comienza la semana que viene y veremos qué resultados se obtienen ya que el tema corta transversalmente al PRO, los radicales y los peronistas que tienen en su seno dirigentes a favor y en contra de la despenalización.
No es el único asunto respecto de los derechos de las mujeres que se lanzó a rodar en los últimos días; también abogó por la igualdad de ingresos, porque hay nichos donde el hombre gana más que la mujer. Si bien los números son algo engañosos en este asunto, porque teniendo igualdad constitucional entre hombres y mujeres para cobrar igual remuneración por igual trabajo, vemos el tema en particular.
En la Justicia, la docencia, el Parlamento, la administración pública nacional, provincial y en los municipios, no se registra este problema. Hoy, hay tantas mujeres como varones con ingresos laborales y no laborales, como jubilaciones, pensiones, asignaciones o rentas financieras, donde no hay discriminación por sexo.
Según el Indec en promedio, las mujeres perciben un 27 por ciento menos que los varones y son mayoría entre los que reciben menores ingresos, de acuerdo a los datos de Evolución de la Distribución del Ingreso del primer trimestre de este año.
La población urbana con ingresos, proyectado a todo el país, suma 24 millones o el 59,4 por ciento del total, en partes casi iguales: 29,6 son varones y 29,7 mujeres. Pero en promedio, los hombres perciben 14.690 mensuales y las mujeres 10.710. Esto sucede, no tanto porque se las discrimine en una misma empresa, algo que está prohibido por la Constitución, como dijimos. Si no, porque las mujeres son amplia mayoría y hasta duplican a los varones entre los segmentos de menores ingresos.
De la mitad hacia abajo de la tabla o escalas de ingresos se ubica el 60 por ciento de las mujeres, mientras entre los varones es del 40. En tanto, del 10 por ciento de la gente con menos ingresos, la mayoría son mujeres, relación que se invierte en el escalón más alto: en el 10 por ciento de la población con mayores ingresos, 6,3 por ciento son varones y 3,7 son mujeres.
Por eso decimos que los números son engañosos, ya que no se trata de que en una empresa si se tiene pantalón o falda se gana más o menos (a veces sí pero no es una generalidad), sino porque en el mercado laboral muchas mujeres hacen labores de bajísimo ingreso y, de ese modo, cuando se mezclan todos los números, aparece que los hombres ganan más que las mujeres. Las mujeres son amplia mayoría en el personal doméstico con salarios más bajos, por ejemplo, y este número impacta en la cifra final mostrando que las mujeres ganan menos que los hombres.
No hace daño, por el contrario, que el tema se ponga sobre el tapete y que el presidente lo asuma como una lucha desde la que piensa ayudar desde el poder. Siempre es bienvenido el apoyo de quienes gobiernan, pero no podemos dejar de destacar que los cambios culturales llevan más tiempo que los mandatos políticos y que hay que ir dando pasos en cada etapa.
La lucha de las mujeres es mundial, de todas maneras, y no un fenómeno focalizado en la Argentina, solo el cuatro por ciento de las empresas más grandes del mundo tienen en la cúspide a mujeres, para que tengamos una idea, porque los cambios desde los sistemas patriarcales a la paridad absoluta ha llevado siglos y aun no está terminada. Y lo que más cuesta asumir es que no son las leyes las únicas herramientas para estos casos, porque la mentalidad es lo que prima. Quién no conoce a algún empresario que cuando va a tomar una mujer no se fija la edad, el estado civil y no calcula si va a seguir teniendo hijos, antes de tomarla. Saben que no podrán obviar la licencia por maternidad y eso lo ven como un costo extra.
Por eso decimos que las leyes pueden y deben establecer la paridad más absoluta, pero el cambio cultural es el que ofrecerá el triunfo definitivo a los derechos de las mujeres.
Es engañoso creer, como lo hemos planteado en otras oportunidades, que porque haya presidentas mujeres en el mundo, Cristina Kirchner, Angela Merkel y otras, el mercado de las oportunidades es el mismo para hombres y mujeres. Estos son los casos excepcionales que ofrece la política; en el llano, todavía se lucha por igualdades que son bastante más pedestres que el poder.













