La Iglesia celebra hoy la fiesta de Pentecostés

En este día se revive la efusión del Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad que se significa en el amor entre Dios Padre y su Hijo, que es derramado al mundo. El también llamado Paráclito se hace carne en los hombres a través de siete dones.
DE LA REDACCION. La palabra griega Pentecostés significa 50 días después de Pascua. El objeto de esta fiesta evolucionó del judaísmo al cristianismo: en un principio fiesta agraria de agradecimiento por las cosechas, luego sirvió para conmemorar la alianza entre Dios y Moisés con la entrega de los 10 mandamientos, para finalmente convertirse en la fiesta de la efusión del Espíritu Santo, que inaugura en la Tierra la nueva alianza.
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La fiesta cristiana
En este día los cristianos contemplan y reviven la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén, donde estaban María y los apóstoles para difundirse por todo el mundo.
¿Qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11), una visión algo más detallada que la del evangelista Juan, cuyo relato corresponde al ciclo de este año litúrgico, y que muy bien explica el padre Miri en esta misma página.
El primer elemento que llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, como de viento que sopla fuertemente, y llenó toda la casa; luego, las lenguas como llamaradas, que se dividían y se posaban encima de cada uno de los apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior, en su mente y en su corazón. Como consecuencia, se llenaron todos de Espíritu Santo, que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Los fieles asisten, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: Los oímos hablar en nuestra lengua nativa. ¿Y de qué hablaban? De las grandezas de Dios.
Animo del cristiano
El Espíritu Santo produce diversidad de carismas, de dones, pero lo más relevante, lo más rico que aporta es el sentido de unidad, lo que no es igual a uniformidad. Es el Espíritu el que impulsa el ánimo del cristiano a obrar según el mandato de Jesús y lo mismo sucede con las comunidades. Sin Espíritu Santo animando las almas no hay comunidad sino un grupo de personas. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Solo El puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad.
Trinidad
Por otra parte, el próximo domingo, la Iglesia celebrará la fiesta de la Santísima Trinidad.
Un misterio es todo aquello que no se puede entender con la razón. Es algo que sólo se puede comprender cuando Dios lo revela.
El misterio de la Santísima Trinidad, un solo Dios en tres personas distintas, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en sí mismo.
Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los apóstoles. Después de la resurrección, comprendieron que Jesús era el salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Los católicos creen que la Trinidad es una. No se cree en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres personas distintas. No es que Dios esté dividido en tres, pues cada una de las tres personas es enteramente Dios.
Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un solo Dios. Cada una de las personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.















