La Iglesia apela a la responsabilidad ciudadana
La Iglesia argentina ha venido puntualizando y emitiendo su opinión sobre distintos problemas que nos aquejan. Lo ha hecho con oportunidad y sin eludir temáticas por duras que fuesen. Atendiendo a que la mayoría del pueblo argentino profesa el credo católico, se entiende que estas apreciaciones que hacen los prelados son, por un lado, la forma de demostrar a su feligresía que sus pastores están cerca y comparten la misma realidad y, cuando cupiere, marcan una guía o consejo frente a estas situaciones.
A través de diferentes voces, la Iglesia ha advertido sobre la pobreza, sobre el narcotráfico, sobre la violencia y el delito. Se hizo oír en aspectos que preocupan a la sociedad, en todos los casos lo hizo con una mirada amplia y comprensiva.
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Si bien siempre ha tenido peso social, desde la asunción del Papa Francisco cada aparición o comentario que hace alguien de la jerarquía eclesiástica ha tomado un nuevo valor para la gente. A su vez, que el jefe de la Iglesia mundial sea de aquí los ha obligado tácitamente a pronunciarse en consonancia. Y, se supone, a actuar del mismo modo, al estilo de Francisco; directo, honesto y sin tapujos para afrontar las verdades. Es decir que desde Roma, Bergoglio ha logrado un grado de influencia mayor al que tenía desde la Catedral Metropolitana.
Como comentamos en nuestro editorial del domingo último, el Papa habló sin tapujos de la política argentina, poniendo en palabras y dejando al desnudo aquello que todos advertíamos: dijo en una entrevista en Roma que se ha sentido usado y, completando la idea con Francisco a su lado- el arzobispo residente en el Vaticano Marcelo Sánchez Sorondo ironizó: En el Gobierno ahora son todos amigos del Papa, enfatizando el ahora en contraposición con las épocas de Bergoglio en la Metropolitana, donde soportó por años el desplante de los Kirchner en cada Tedéum.
En años electorales, el Episcopado difunde orientaciones destinadas a reflexionar sobre la trascendencia del acto eleccionario, destacando cuestiones a tener en cuenta según cómo se presenta el proselitismo. En 2007, por ejemplo, advirtió sobre la necesidad de evitar prácticas demagógicas, como el clientelismo y la dádiva. Pero esta vez en su documento episcopal, incluye observaciones muy precisas para que los candidatos avancen en acuerdos sobre políticas concretas.
Concretamente, la Iglesia argentina pidió a los candidatos presidenciales que ofrezcan sus propuestas sin incurrir en agresiones. Y reclamó a los partidos políticos y sectores sociales que se pongan de acuerdo en políticas de Estado que se desarrollen más allá de los cambios de gobierno. Dos puntos muy interesantes, el primero para evitar campañas cargadas de violencia y descalificaciones personales (que a la postre no suman sino que se autoinvalidan ya que ningún dirigente resiste un archivo y todos tienen un muerto en el placard). Pero la Iglesia lo pide no para salvar el buen nombre y honor de nuestros políticos sino porque estas actitudes luego se trasladan a la sociedad, que no es inmune a este tipo de agresividad cuando nace de sus propios dirigentes.
La segunda sugerencia es más interesante, si se quiere, porque uno de los problemas de nuestra política es la pendularidad, ese ir de un extremo al otro con medidas, con la sola de intención de marcar la cancha, imponer la impronta, diferenciarse, simpatizar con el electorado. Es un gran problema porque prácticamente tenemos un país distinto cada cuatro y ocho años, lo que plantea una imprevisibilidad perjudicial para todos los ámbitos: desde la economía de un pequeño hogar (¿avanzamos con la construcción? ¿sacamos un crédito? ¿Y si después de las elecciones nos vamos a la lona?) hasta una empresa de gran dimensión que se plantea hacer una inversión no puede proyectar a largo plazo para endeudarse o estimar el retorno.
La comisión permanente del Episcopado, que preside José María Arancedo e integran unos 20 obispos, fue más allá y se permitió hablar de los objetivos que deberían ser compartidos por todos. Mencionaron la superación de la pobreza y la marginación como problemática aún no superada; abogaron por la disminución de la inflación, que impide el crecimiento económico y pulveriza los ingresos de los más pobres; el combate contra el narcotráfico y la trata de personas; la transparencia en la administración pública, y la lucha contra toda forma de corrupción.
La verdad es que abarcan en su enumeración las problemáticas más serias que atraviesan transversalmente a la sociedad argentina, en este documento titulado Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano.
A través de este escrito, la curia deja bien en claro que las responsabilidades no son sólo de los gobernantes y pide a la ciudadanía que se comprometa con las exigencias, porque es claro que en la Argentina, aunque haya quejas esporádicas, muchos asuntos graves con el paso de los años se fueron naturalizando, sin que nada nos espante y mucho menos nos movilice de nuestras sillas. Aquello de roba pero hace que tantas veces se ha escuchado en esta y otras gestiones, es un ejemplo de una resignación que no debiera ser tal porque es una manera implícita de dar cheques en blanco a los mandatarios, es decir que si se cumplen ciertas expectativas, que haya un poco de corrupción es tolerable.
El documento señala la necesidad de pensar en el largo plazo y no solamente en el rédito político inmediato y, como ejemplo de ello, dice que lo referido al endeudamiento externo necesita de acuerdos para una gestión exitosa y eficaz. Alude, así, a la incertidumbre generada por los reclamos de los acreedores externos de bonos argentinos. También intenta frenar a aquellos que están esperando el momento de volver a endeudarnos, aún mientras se negocia la culminación de la problemática con los fondos buitres. Un tema en el cual el Papa Francisco se ha expedido claramente condenándolos por su trabajo de usura internacional sin medida. Hay que negociar esa porción que resta de la deuda, pero en términos lógicos, sin que el país padezca por ello una sangría enorme.
Incluso, entre los objetivos puntuales, consideran esencial que el acceso al Gobierno no implique la designación o contratación adicional de personal perteneciente a un partido o sector. Esto es: que se respete la idoneidad como premisa y el mérito como criterio de movilidad y que se evite hacer crecer el gasto público no productivo.
Con esta propuesta, apuntan directamente a una suerte de clientelismo del puesto público que cada mandatario que asume utiliza como si fuera parte de un botín de guerra, a la vez que permite que muchos sean ñoquis porque no están capacitados para cumplir con las funciones para las que cobra sus haberes.
La Iglesia llama a los ciudadanos a un ejercicio de elección responsable, donde se evalúe a los candidatos no por su imagen mediática sino por la honestidad e integridad de las personas, por la capacidad y la idoneidad para la función, por las propuestas y las ideas, y por la voluntad y capacidad de diálogo. Con mucho tino, se dirige a toda la sociedad para que vote responsablemente, es el primer paso del compromiso social que piden, para luego volvernos más exigentes con los gobiernos, no permitiendo la naturalización de la corrupción, la resignación ante la pobreza y mucho menos ante el narcotráfico.















